12/12/2024
¡Feliz día de Nuestra Señora de Guadalupe!
Compartimos con una imagen del artista Andy Valdivias, un escrito del padre Caffarel titulado "Nuestra Señora del SÍ".
La Virgen enseñará a los esposos a vivir el misterio del SÍ, de un SÍ cada vez más completo, pero sobre todo les revelará que nadie puede decir verdaderamente SÍ al otro, si antes no ha dicho SÍ a Dios.
Porque quien acepta a Dios recibe a su vez las riquezas del amor divino, y puede proclamar con total
sinceridad: « La fuerza por la que te amo no es distinta de la que hace que existas » (Claudel). Es el amor mismo de Dios el que pasa por su corazón para unirse al otro corazón. Al aceptar plenamente el amor divino, al abrirnos a él, brota en nosotros una fuente inagotable.
Siendo cierto que hay que aceptar a Dios antes de decir SÍ al otro, hay que añadir que decir SÍ al otro renueva constantemente la aceptación de Dios. Así, darse al cónyuge –en los esposos cristianos- es darse a Dios y, al mismo tiempo, es transmitir al que se ama las gracias recibidas de Dios para él o ella; abrirse a la presencia del otro es acoger en uno mismo la vida divina que el otro lleva y nos ofrece (…). El amor viene de Dios, va a Dios y sólo puede vivirse perfectamente en Dios. Quien desprecia el amor divino nunca conocerá la plenitud del amor humano, piense lo que piense y diga lo que diga. No se ama verdaderamente fuera de Dios. Es imposible para los esposos eludir la presencia divina. Esta presencia es la alegría de los esposos cristianos, porque saben que no es celosa ni les obliga a moderar su amor, sino que les obliga a amarse más y más cada día, al tiempo que les fortalece y les ayuda en esa magnífica empresa. Y cuando llegan las sombras que les impiden ver el camino, les queda recurrir a la enteramente próxima y
tierna presencia de la Virgen María.
También la pareja, y cada uno de los esposos, debe decir SÍ a Dios. El corazón del matrimonio, ese corazón nuevo, único, hecho de esos dos corazones que se han dado el uno al otro, debe aceptar a Dios y darse a Él. Entonces, el SÍ que el amor ha dicho a Dios, y que Él renovará tantas veces, llama a ese SÍ de Dios que se convertirá en fuente de vida para para la pareja, río de vida más tarde, y suscitará a lo largo de los siglos un pueblo de hijos de Dios.
Porque el matrimonio ha dicho SÍ, la vida está en él, sale de él y fecunda la tierra. Es este un misterio muy próximo al de la Anunciación. La Virgen ha engendrado la Cabeza, el matrimonio engendra los miembros. El matrimonio comprende maravillado que al unir su SÍ al de María colabora con ella y contribuye a dar Cristo al Padre y a los hombres. Siempre es importante recordar que los padres no sólo transmiten la vida natural, y que su SÍ al Dios creador debe redoblarse con un SÍ al Redentor presente en su Iglesia. Humildemente convencidos de su pobreza, deben venir a solicitar para su hijo esa vida divina que la
paternidad humana no puede dar, pero que posee la Iglesia y la comunica por medio de los sacramentos.
(…)
Yo propongo a los matrimonios que invoquen a NUESTRA SEÑORA DEL SÍ. Es ella, esa madre acogedora, quien les enseñará a acoger y quien velará por su amor, si la introducen íntimamente en su hogar. ¿Por qué no cultivar en los hogares cristianos una más ferviente devoción por el ÁNGELUS, la oración preferida de NUESTRA SEÑORA DEL SÍ? (…) Eso haría que los corazones que amenazan endurecerse
se acuerden de conservar esa juventud del alma que responde siempre SÍ a Dios, como María.
HENRI CAFFAREL