11/08/2026
SANTA FILOMENA, VÍRGEN Y MÁRTIR
11 de agosto (actualmente 13 agosto)
La historia de Santa Filomena es muy distinta, porque debemos separar cuidadosamente aquello que está históricamente documentado de aquello que procede de la tradición devocional y de revelaciones privadas. Lo que sabemos con certeza comienza el 25 de mayo de 1802, cuando durante excavaciones oficiales en las Catacumbas de Priscila, en Roma, fue descubierto un sepulcro que contenía restos atribuidos a una muchacha muy joven. Tres ladrillos que cerraban la tumba llevaban fragmentadamente la inscripción LUMENA / PAX TE / CUM FI; al reordenarlos se leyó “Pax tecum Filumena”, “La paz sea contigo, Filomena”. En las lápidas aparecían además símbolos como una palma y armas semejantes a flechas o lanzas, que entonces fueron interpretados como signos de martirio.
En 1805 las reliquias fueron trasladadas a Mugnano del Cardinale, cerca de Avellino, donde permanecen hasta hoy. El sacerdote Francesco De Lucia, que había obtenido los restos para llevarlos a aquella región, comenzó a registrar gracias extraordinarias atribuidas a la intercesión de la joven mártir, y su culto creció con sorprendente rapidez. Sin embargo, históricamente no poseemos un acta antigua del martirio ni una biografía contemporánea de Filomena. Incluso la datación de los restos ha sido discutida: algunos estudiosos los situaron más probablemente en el siglo IV; otros defendieron una fecha más antigua. Por ello no podemos afirmar con seguridad ni el año exacto de su nacimiento ni el de su muerte.
La historia tradicional de su vida surgió sobre todo a partir de las experiencias místicas atribuidas a la religiosa napolitana sor María Luisa de Jesús. En 1833, esta religiosa declaró haber recibido revelaciones en las que Filomena misma le habría narrado su vida. Según ese relato, habría sido hija de un gobernante griego convertido al cristianismo, habría consagrado su virginidad a Cristo siendo todavía niña y, hacia los 13 años, habría rechazado las pretensiones del emperador Diocleciano. Por mantenerse fiel a su voto habría sufrido flagelaciones, intento de ahogamiento con un ancla, tormentos con flechas y finalmente la decapitación. El relato recibió autorización para ser impreso porque no contenía nada contrario a la fe y la moral; eso no significa que la Iglesia haya certificado históricamente la autenticidad de la revelación, distinción que el propio Santuario de Ars subraya expresamente.
La devoción se propagó de manera extraordinaria durante el siglo XIX. En 1837 Gregorio XVI autorizó su culto público en determinados lugares, comenzando por Mugnano; posteriormente se concedieron también permisos litúrgicos para otras diócesis y comunidades. Fue considerada popularmente una “taumaturga”, es decir, una santa cuya intercesión era asociada a numerosos prodigios y curaciones. Una figura decisiva para la expansión de esta devoción fue Pauline Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente, quien peregrinó a Mugnano y atribuyó a la intercesión de Filomena una extraordinaria recuperación de su salud.
Precisamente Pauline llevó esta devoción hasta san Juan María Vianney, el santo Cura de Ars. En 1834 le entregó un pequeño relicario con una imagen o reliquia de Filomena, que Vianney conservó con enorme cariño; la devoción llegó a ocupar un lugar muy importante en su ministerio. Cuando en Ars comenzaron a sucederse conversiones, curaciones y otros hechos que los fieles consideraban extraordinarios, el Cura de Ars acostumbraba atribuirlos humildemente a la intercesión de Santa Filomena, desviando así de sí mismo la admiración que sus propios dones espirituales despertaban. Incluso durante un incendio que alcanzó su habitación en 1857, la tradición de Ars recuerda que las llamas se detuvieron junto al relicario de la santa.
Hay, por tanto, algo particularmente hermoso en la historia de Filomena: una joven cristiana de la que la historia perdió prácticamente todos los detalles reapareció, por decirlo así, después de unos quince siglos de silencio, cuando unos arqueólogos abrieron una sencilla tumba en las catacumbas romanas. De aquella inscripción fragmentada nació una de las devociones más sorprendentes del siglo XIX, venerada por grandes figuras espirituales y particularmente amada por el Cura de Ars. Al mismo tiempo, la prudencia histórica obliga a reconocer que no podemos presentar como hechos demostrados todos los detalles de las revelaciones de sor María Luisa. El Santuario de Ars recuerda incluso que, debido a estas incertidumbres históricas, su nombre no fue conservado en la revisión del calendario/martirologio de 1961, aunque la devoción privada continúa existiendo y los fieles pueden recurrir a su intercesión. Así, Santa Filomena permanece envuelta en un singular misterio: conocemos su tumba y la impresionante historia de su culto mucho mejor que conocemos su vida terrena, y quizá precisamente por ello su figura sigue fascinando a tantos cristianos.
El 11 de agosto quedó tradicionalmente asociado a Santa Filomena a partir del traslado de sus reliquias desde Roma a Mugnano del Cardinale en agosto de 1805: mientras el 10 de agosto recuerda de manera particular la llegada de sus restos al santuario, el día siguiente se consolidó como una de las principales fechas de celebración en su honor y así se difundió ampliamente en la devoción popular. Con el paso del tiempo surgieron también otros días vinculados a su culto, de modo que hoy no existe una única fecha universalmente utilizada: Vatican News la presenta el 13 de agosto, para dejar así libre el 11 de agosto a Santa Clara de Asís. Sin embargo, el 11 de agosto continúa siendo una fecha profundamente arraigada en la tradición devocional de Santa Filomena, especialmente en Mugnano y entre las asociaciones y fieles que veneran a la joven mártir.
OREMOS
Oh Dios, que fortaleciste a santa Filomena, virgen y mártir, para que permaneciera fiel a Cristo hasta derramar su sangre por amor a él, concédenos, por su intercesión, conservar íntegra la fe en medio de las pruebas, vivir con pureza de corazón y valentía cristiana, y llegar así a la corona de gloria reservada a quienes perseveran hasta el fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.