30/03/2026
¿CÓMO PUEDE SABER UN JOVEN SI ES LLAMADO AL MINISTERIO?
Primero debe estar seguro de su salvación en Cristo. Indudablemente que haya nacido de nuevo. No hay cosa más trágica que un hombre ocupe el ministerio sin ser salvo.
1. La primera señal del llamamiento divino es un deseo intenso y absorbente de trabajar en la obra de Dios. Para que haya un verdadero llamamiento al ministerio debemos experimentar un anhelo irresistible, una sed insoportable de contarle a otros los que Dios ha hecho con nuestras propias almas.
Si algún estudiante (estudiante de seminario bíblico)... siente que estaría satisfecho con ser director de periódico, vendedor de comestibles, granjero, médico, abogado, senador o rey, por el amor de Dios, que siga su camino: no es hombre en quien more el Espíritu de Dios en plenitud; ya que a un hombre tan lleno de Dios le aburriría soberanamente cualquier empresa que no fuera aquella por la que brama lo más íntimo de su alma. Por otro lado, si puedes decir que ni por todo el oro del mundo serías capaz o te atreverías a abrazar ningún otro llamamiento que te apartara de predicar el evangelio de Jesucristo, entonces, según eso, si se cumplen los demás requisitos, demuestras tener las señales de este ministerio. Hemos de sentir que ¡ay de nosotros si no predicáramos el evangelio! La palabra de Dios debería ser como un fuego que ardiera en nuestros huesos; de otro modo, si acometemos el ministerio, seremos infelices en el mismo e incapaces de soportar los sacrificios que conlleva, así como de poca utilidad para aquellos a quienes ministremos. ¡Y bien puedo hablar de sacrificios!, porque el verdadero trabajo pastoral está lleno de ellos; y, sin un amor por su llamamiento, el pastor pronto sucumbirá ya sea abandonando la penosa tarea siguiendo adelante descontento y bajo una monotonía tan agobiante como la de un caballo ciego en un molino. (Spurgeon)
El ministerio eclesial no es solo ocupar un púlpito.
Después oí la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?» Y yo respondí: «Aquí estoy yo. Envíame a mí.»
Isaías 6:8