06/05/2026
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LA LOCURA DE LO FALSO
2 Crónicas 18
El poder más grande del pueblo de Dios ha sido siempre la comunicación que existe entre el cielo y la tierra. Esta comunicación se manifiesta por medio del don profético, mediante el cual Dios revela su voluntad a su pueblo. Sin embargo, dentro del gran conflicto espiritual, el enemigo también ha intentado falsificar este don: “Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas… Jehová dijo: Tú lograrás engañarlo; anda y hazlo así” (2 Crónicas 18:21). Dios permite que la falsedad siga su curso, pero al mismo tiempo preserva la verdad para aquellos que desean escucharla.
Una alianza peligrosa. Uno de los episodios más dramáticos de esta falsificación ocurrió cuando Josafat, rey de Judá, visitó a Acab, rey de Israel, con quien había establecido una alianza familiar (18:1, cf. 2 Reyes 8:18). Ambos planearon una campaña militar contra Siria. Antes de iniciar la guerra, Josafat solicitó consultar la voluntad de Dios: “Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová” (18:4). Josafat seguía la práctica de los reyes piadosos de Israel, quienes buscaban la dirección divina antes de tomar decisiones importantes. Sin embargo, Acab respondió reuniendo a un grupo de falsos profetas.
Los profetas que dicen lo que el rey quiere oír. Los falsos profetas estaban sostenidos por el palacio, por lo que procuraban agradar al rey. Por eso anunciaron un mensaje optimista: “Sube, porque Dios los entregará en manos del rey” (18:5). Josafat, sin embargo, percibió que algo no estaba bien. Por ello insistió en consultar a un verdadero profeta del Señor (18:7).
El valor de la verdad. Entonces apareció Micaías, un profeta que no estaba dispuesto a acomodar su mensaje para agradar al poder. Su respuesta fue clara: “Vive Jehová, que lo que mi Dios me diga, eso hablaré” (18:13). La historia demuestra el contraste entre la verdad y la mentira. Acab murió en la batalla en la cual sus falsos profetas le habían prometido victoria. Josafat, por su parte, apenas logró salvar la vida después de su imprudente alianza (18:31).
A pesar de las falsificaciones, Dios siempre mantiene fieles testigos que preservan la comunicación entre el cielo y la tierra. Por eso la Escritura declara: “¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20). Para nosotros hoy, la voz profética se preserva en las Escrituras. Allí encontramos el testimonio fiel que guía la fe y la vida.
La pregunta final permanece vigente: ¿permaneceremos fieles a la verdad aunque el mundo prefiera escuchar la mentira?
Israel Robles
UNAVA
México 🇲🇽