10/12/2024
Saturno
Saturno: el planeta de la iniciación, el puente entre el despertar del yo inferior y del yo superior.
Es el planeta de la reencarnación y del karma, es decir: de la esperanza y de la responsabilidad.
Saturno nos recuerda que no solo existe un lado oscuro, oculto allá a la sombra de Júpiter, perdido en Occidente, sino también un lado lumínico o dorado, uno que trae gozo y estabilidad, uno que trae consciencia y confianza.
En épocas de los romanos, las [fiestas] saturnales eran fiestas que tenían banquetes, regalos y una convivencia social donde no había distinciones de clases. Eran festines dedicados a Saturno, el dios de la agricultura quien enseñaba que toda semilla, que todo inicio, que todo germen, debe ser confinado ciertamente bajo un periodo de oscuridad, tal cuál el planeta se interna allá en occidente. Es por eso que fue considerado como el Dios de la civilización, el de la humanización. Y estas, fueron precisamente, las fiestas sustituidas hoy por navidad.
Sin embargo volviendo a las enseñanzas de este planeta, no exige, pide un sacrificio voluntario porque sabe la diferencia entre el deber y el querer, que termina por ser retribuido de una forma espléndida cuando las inteligencias superiores son despertadas, o dime tú si es que no es lo mismo hacer algo por hacerlo a hacerlo por la voluntad de querer hacerlo.
¿Por qué?
En sanscrito, Saturno es “Sani” y significa “Ser”. Descompuesto en sus dos raíces, “Sa” y “Ni”, significa la “causa principal expresándose y limitándose en una forma o en un ser nuevo, en un punto de equilibrio entre el ser y la nada”. Es entonces, que este símbolo aparece como el principio de la manifestación en el tiempo; es el Maestro de la vida y de la Muerte, es el equilibrio, el puente uniendo la constructividad con la destructividad. El principio saturniano ya había sido manifestado con Jano, la antigua divinidad italiana con dos caras mirando en direcciones opuestas. Una era la de un anciano y la otra la de un adolecente, Símbolos del pasado y del futuro que no son sino dos formas del “Eterno presente”.
Es un planeta que inspira a cerrar voluntariamente un ciclo y empezar uno nuevo, pues nos conecta con nuestro Maestro interior o superior, aquel que nos enseña que todo cambio siempre puede ser para bien como para mal. Y si decide, pues, que sea para lo segundo, entenderá el sacrificio que este requiere: tiempo, pensamientos, emociones o sentimientos que se acumulan, que evitan avancemos. Pero este no solo exige un sacrificio de sangre, que es simbólicamente un aspecto de nuestro esfuerzo, trabajo, de nuestra carnalidad material, sino que es un sacrificio mental para sacrificar ideas negativas o pensamientos recurrentes que en lugar de elevarnos, nos atan, nos anclan a la materialidad.
Saturno es el Capricornio del Zodiaco, es el Satán el Jehová de los mitos judeocristianos, es el Cronos devorador que nos recuerda la importancia en devorar los “hijos”, es decir, el producto de aquello que ha nacido mal y necesita ser cambiado desde raíz, como la concepción de las cosas o los prejuicios anclados que tenemos sobre las cosas.
Así es Saturno, una divinidad con dos rostros que nos enseña, a las buenas y a las malas, a transitar de lo material a lo espiritual, pues como seres perfectibles que somos, alcanzar esos estados superiores de consciencia es parte del trabajo como seres humanos, y para ello es necesario atravesar la oscuridad, que es ignorancia mal aspectada y es un mar cósmico de oportunidades, de potencial.
Es por eso que Saturno nos invita a que todo centro de operaciones, a que todo acto de magia y de espiritualidad sea situado en el interior de uno mismo, bajo voluntad, bajo uso de nuestra consciencia.
Es por eso que simboliza un lado materialista, lo terrenal como una roca cual hueso en sistema oseo. Es el fundamento, la estructura, la base de donde se edifica a presente y futuro. Es el dios oscuro que nos afecta desde las profundidades de nuestra psíque, de nuestra alma, pues se sumerge en nuestra inconsciencia y en nuestro pasado dando como resultado quienes somos y hacia dónde queremos ir.
Dime tú, entonces, ¿cómo está vuestro saturno? Descubre el error, la duda, los falsos cimientos que te hacen ser quien no eres y hacer lo que no debes. Reflexiona, medita, piensa en ello y sumérgete en ti, en todo tu ser en un lugar donde el tiempo lo es todo porque es el pasado, el presente y el futuro: tú.