18/05/2026
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Lunes 18 de mayo
Las dos Coronas 📖🌟
Así, cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la corona inmarchitable de la gloria (1 Pedro 5:4, NVI).
La corona es un objeto milenario que representa victoria, poder y nobleza. En la antigua Grecia, los vencedores de las carreras recibían una corona hecha con ramas de laurel. En Roma, los s generales conquistadores también recibían una corona hecha con esas hojas que hoy usamos como condimento. Los reyes y los monarcas, por su parte, usaban hermosas coronas adornadas con oro y piedras preciosas.
Actualmente, existen varias coronas espléndidas en el mundo. En el Museo Imperial, ubicado en la ciudad de Petrópolis, en Río de Janeiro, Brasil, se encuentra la corona del emperador D. Pedro I, que pesa 2,689 kilogramos y tiene 88 piedras preciosas. La corona de la emperatriz Anna, de Rusia, está adornada con 2.500 diamantes y rubies.
Sin embargo, una de las coronas más famosas fue la de la reina Isabel II, un ícono moderno de liderazgo y longevidad, quien fue coronada en 1953 con 25 años. La corona imperial inglesa fue hecha en 1937 para el rey Jorge VI y está adornada con 2.868 diamantes. En sus 70 años de reinado, la reina Isabel Il utilizó unos diez tipos de tiaras y coronas, de los cuales la corona del imperio es la principal.
¿Sabías que Dios tiene preparada para ti una corona mucho más especial que la de la reina Isabel? Elena de White escribió que "quienes dediquen la vida a su servicio recibirán una recompensa que no tiene precio" (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 109). En su segunda venida, Jesucristo dará una corona de gloria a cada salvo y marcará así el inicio de un reino eterno.
¿Quién tendrá el privilegio de recibir esa corona gloriosa? Jesús responde: "Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida" (Apoc. 2:10). Él también aconseja: "Yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona" (Apoc. 3:11).
Si hoy tenemos la esperanza de recibir una corona de gloria es porque, un día, Jesús usó otra corona, no de oro ni de piedras preciosas, sino de espinas. Esa corona era nuestra, pero el Rey del Universo intercambió el trono y la gloria por espinas y una cruz. ¿Qué le darás al Salvador en respuesta a tan gran amor?