25/08/2026
Alerta 🔥🔥🔥🔥
LA AMARGURA NO SIEMPRE SE QUEDA EN QUIEN LA GUARDA
La amargura comienza muchas veces con una herida real: algo que nos hicieron, una injusticia, una decepción, una palabra que todavía duele. El problema no es reconocer que fuimos heridos; el peligro está en permitir que esa herida eche raíces.
Hebreos 12:15 habla precisamente de una “raíz de amargura”. Una raíz trabaja debajo de la tierra, donde nadie la ve, pero con el tiempo termina brotando. Así puede suceder en el corazón: lo que no llevamos delante de Dios comienza a manifestarse en nuestras palabras, nuestras reacciones y nuestra manera de tratar a los demás.
Por eso la imagen del agua es tan fuerte: una sola gota puede comenzar a extenderse hasta alcanzar lo que estaba limpio. La amargura rara vez afecta únicamente a quien la guarda. Puede llegar al matrimonio, a los hijos, a una amistad, a una familia e incluso a una congregación.
Y aquí está la advertencia de la Palabra:
“…que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”
Hebreos 12:15
Pero Dios no nos llama a fingir que nunca nos dolió. Nos llama a no convertir el dolor en residencia permanente.
Perdonar no significa llamar bueno a lo que estuvo mal. Significa decidir que aquello que me hicieron no seguirá gobernando lo que sale de mi corazón.
Hay heridas que necesitan tiempo para sanar, pero no permitas que mientras sanas crezca una raíz que termine alcanzando a otros.
Entrégale a Dios la herida antes de que la herida comience a hablar por ti.
Que de nuestro corazón no brote aquello que contamina, sino la gracia que un día también nosotros recibimos. 🤍