22/08/2026
¿DÓNDE ESTÁN PUESTOS TUS OJOS?
Hay una pregunta que todo creyente debería hacerse constantemente: ¿dónde están puestos mis ojos? Porque aquello que ocupa nuestra mirada termina influyendo en nuestro corazón, en nuestra fe y en la manera en que enfrentamos las circunstancias.
Hebreos 12:1 nos presenta la carrera cristiana y nos llama a despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia, pero inmediatamente después nos muestra dónde debe estar nuestra mirada: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2).
Esto es importante porque el autor de Hebreos acaba de hablar en el capítulo 11 de hombres y mujeres que caminaron por fe. Sin embargo, no nos manda a poner los ojos permanentemente en ellos. Nos lleva más allá de los ejemplos humanos y dirige nuestra mirada hacia Cristo. Los creyentes del capítulo 11 fueron testigos de la fe, pero Jesús es el autor y consumador de nuestra fe.
Muchas veces nuestro problema no es que la prueba sea demasiado grande, sino que nuestra mirada se ha desplazado. Miramos demasiado las circunstancias, las dificultades, las personas, las decepciones, las opiniones de otros e incluso nuestras propias debilidades. Y cuando nuestra mirada se concentra en todo eso, comenzamos a perder de vista a Aquel que sostiene nuestra fe.
Pedro es un ejemplo de esto. Mientras caminaba sobre el agua, tenía sus ojos puestos en Jesús; pero cuando vio el fuerte viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse (Mateo 14:28-31). El viento ya estaba allí, las olas ya estaban allí y el peligro ya estaba allí. Lo que cambió fue el objeto de su atención.
De la misma manera, podemos atravesar circunstancias difíciles sin abandonar la fe cuando nuestra mirada permanece en Cristo. La solución bíblica no siempre es que desaparezca la tormenta; muchas veces es que aprendamos a perseverar mirando al Señor en medio de ella.
Hebreos 12:2 también nos recuerda que Jesús “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”. Cristo soportó el sufrimiento mirando más allá del sufrimiento presente. Y después de la cruz vino la gloria: “y se sentó a la diestra del trono de Dios.”
Por eso, cuando estés cansado, mira a Cristo. Cuando otros te decepcionen, mira a Cristo. Cuando no entiendas lo que Dios está haciendo, mira a Cristo. Cuando las circunstancias parezcan contrarias, mira a Cristo.
Nuestra fe no puede depender de que las personas nunca fallen, de que las circunstancias siempre sean favorables o de que todo suceda como esperamos. Nuestra fe descansa en una persona: Jesucristo.
Y por eso Hebreos 12:3 añade: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.”
El secreto para no desmayar no es mirar menos los problemas, sino mirar más a Cristo.
Cuando los ojos están puestos en los hombres, podemos caer en decepción. Cuando están puestos en las circunstancias, podemos caer en temor. Cuando están puestos en nosotros mismos, podemos caer en desesperación.
Pero cuando están puestos en Jesús, podemos seguir corriendo la carrera.
No quites tus ojos de Cristo. Él es el autor y consumador de la fe.