04/04/2026
José de Arimatea: Una Intervención Osada
El cumplimiento de la profecía
Isaías 53:9 fue escrito aproximadamente 700 años antes de la crucifixión de Jesús. La profecía señalaba dos realidades aparentemente contradictorias: Jesús moriría como criminal, pero sería sepultado en la tumba de un hombre rico.
Esta contradicción solo podía resolverse con la intervención de alguien específico, en el momento exacto, con los recursos y el valor necesarios. Ese alguien fue José de Arimatea.
¿Quién era José de Arimatea?
Los cuatro evangelios lo describen con características que lo hacían único para esta misión:
Su posición
• Era rico.
• Miembro noble del concilio (el Sanedrín), lo que le daba acceso directo a Pilatos y los recursos para actuar.
Su carácter
• Varón bueno y justo.
• Discípulo de Jesús, que esperaba el reino de Dios.
• Su fe era real, pero hasta ese momento había permanecido en silencio.
Su integridad
• No había consentido los acuerdos ni las acciones del concilio contra Jesús.
• En medio de la presión del grupo, se mantuvo firme internamente.
El momento de la osadía
Cuando todos los discípulos habían huido, cuando Pedro había negado a Jesús, cuando el miedo dominaba a quienes lo amaban… José fue a Pilatos y pidió osadamente el cuerpo de Jesús.
Esa osadía tuvo un costo real:
• Exponía su posición en el concilio.
• Lo identificaba públicamente como seguidor de Jesús.
• Actuaba en el momento de mayor peligro político.
Y sin embargo actuó. Compró la sábana, quitó el cuerpo de la cruz, lo envolvió, lo puso en su propio sepulcro nuevo, rodó la piedra.
Cada uno de esos actos fue deliberado, costoso y concreto.
José de Arimatea enseña que la intervención osada de un discípulo puede cumplir propósitos que Dios preparó siglos antes.
No esperó que otros actuaran. No calculó si era el momento oportuno para salir del anonimato. Vio la necesidad, usó lo que tenía, y actuó.
La osadía del discípulo no es impulsividad. Es fe que se convierte en acción concreta cuando más se necesita.