25/05/2026
Con el apagado del Cirio Pascual al concluir el Tiempo de Pascua, la Iglesia no extingue la luz de Cristo, sino que nos recuerda que el Señor Resucitado permanece vivo y actuante en medio de su pueblo por la Palabra, los sacramentos y la liturgia.
El Cirio, signo de Cristo glorioso, deja ahora el presbiterio para acompañar los momentos fundamentales de la vida cristiana: el Bautismo y las exequias, proclamando que hemos sido iluminados por Cristo y llamados a participar de su Pascua.
Así, la sagrada liturgia nos conduce del signo visible al misterio celebrado: Cristo ha mu**to, ha resucitado y permanece para siempre en su Iglesia.