24/05/2026
“Para que la doctrina sea fructífera para nosotros, debe desbordarse en nuestros corazones, difundirse en nuestras rutinas diarias y verdaderamente transformarnos en nuestro interior… El poder del evangelio debe penetrar los afectos más íntimos del corazón, hundirse en el alma e inspirar al hombre cien veces más que las enseñanzas sin vida de los filósofos” (p. 13). Juan Calvino