Desde el Escritorio del Reverendo Aarón


Desde el Escritorio del Reverendo Aarón Página personal y ministerial del Rvdo. P. Aarón León MC. Sermones, formación, espiritualidad, poesía
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Solemnidad, ###IV y ÚLTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO23 de noviembre.  Blan...
23/11/2025

Solemnidad, ###IV y ÚLTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
23 de noviembre. Blanco.

ANTÍFONA DE ENTRADA Ap 5, 12; 1,6

Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.
Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundamentar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del universo, concede, benigno, que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Ungieron a David como rey de Israel.]
Del segundo libro de Samuel 5, 1-3
En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David, de la tribu de Judá, y le dijeron: “Somos de tu misma sangre. Ya desde antes, aunque Saúl reinaba sobre nosotros, tú eras el que conducía a Israel, pues ya el Señor te había dicho: ‘Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo; tú serás su guía’ “. Así pues, los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver a David, rey de Judá. David hizo con ellos un pacto en presencia del Señor y ellos lo ungieron como rey de todas las tribus de Israel. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 121

R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor. ¡Qué alegría sentí cuando me dijeron: “Vayamos a la casa del Señor”! Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas. R. A ti, Jerusalén, suben las tribus, las tribus del Señor, según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor. R.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: “La paz sea contigo”. Y por la casa del Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes. R.

SEGUNDA LECTURA

[Dios nos ha trasladado al Reino de su Hijo amado.]
De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses 1, 12-20
Hermanos: Demos gracias a Dios Padre, el cual nos ha hecho capaces de participar en la herencia de su pueblo santo, en el reino de la luz.
Él nos ha liberado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención, esto es, el perdón de los pecados.
Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación, porque en él tienen su fundamento todas las cosas creadas, del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sin excluir a los tronos y dominaciones, a los principados y potestades. Todo fue creado por medio de él y para él.
Él existe antes que todas las cosas, y todas tienen su consistencia en él. Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los mu***os, para que sea el primero en todo.
Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, del cielo y de la tierra, y darles la paz por medio de su sangre, derramada en la cruz. Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mc 11, 9. 10

R. Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! R. Aleluya.

EVANGELIO

[Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí.]
Del santo Evangelio según san Lucas 23, 35-43
Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”.
También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo” Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Palabra del Señor.
Se dice Credo.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

Dirijamos, llenos de confianza, nuestras súplicas a Cristo, supremo Señor de la vida y de la muerte y Rey de todas las creaturas del cielo y de la tierra:

1. Para que los pastores y los fieles de la Iglesia se esfuercen en reconciliar el universo con Dios y en pacificar por la sangre de Cristo a todas las creaturas, roguemos al Señor.

2. Para que la semilla evangélica –escondida en las diversas religiones y culturas– germine y se manifieste, y todos los hombres reconozcan que Cristo es Señor, para gloria de Dios Padre, roguemos al Señor.

3. Para que quienes aún viven bajo el dominio de la ignorancia, el pecado o el sufrimiento sean trasladados al Reino de Cristo y encuentren el fin de sus p***s, roguemos al Señor.

4. Para que los que hoy celebramos la solemnidad de Cristo, Señor supremo del universo, participemos también un día en la herencia del pueblo santo, en el Reino de la luz, roguemos al Señor.

Señor, Padre santo, que nos llamas a reinar contigo en la justicia y en el amor, fortalece nuestras débiles voluntades, para que sigamos las huellas de tu Hijo y, como Él, demos la propia vida en bien de los demás y compartamos con ellos el Reino de Cristo en el paraíso. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Al ofrecerte, Señor, el sacrificio de la reconciliación humana, te suplicamos humildemente que tu Hijo conceda a todos los pueblos los dones de la unidad y de la paz. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

PREFACIO: Cristo, Rey del universo.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has ungido con el óleo de la alegría, a tu Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, como Sacerdote eterno y Rey del universo, para que, ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana; y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un Reino eterno y universal: Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la justicia, del amor y de la paz.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 28, 10-11

En su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la paz.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Habiendo recibido, Señor, el alimento de vida eterna, te rogamos que quienes nos gloriamos de obedecer los mandamientos de Jesucristo, Rey del universo, podamos vivir eternamente con él en el reino de los cielos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Laudetur Iesus Christus Hoy despedimos con el corazón encogido a nuestra queridísima Teresita Sevilla, mujer de luz suav...
21/11/2025

Laudetur Iesus Christus

Hoy despedimos con el corazón encogido a nuestra queridísima Teresita Sevilla, mujer de luz suave, de presencia fina, de alma hecha de disciplina, arte y ternura. Su partida deja un silencio que duele, pero también deja una estela de gracia que permanecerá entre nosotros como un hilo de oro que no se rompe.

Teresita no fue solamente una bailarina: fue un modo de entender la belleza. En cada gesto suyo ya con los años, ya con el corazón tembloroso uno podía ver lo que decía san Agustín:
“Pulchritudo tam antiqua et tam nova” (“Belleza tan antigua y tan nueva”). Teresita llevaba esa belleza en su espíritu, no en la vanidad del mundo, sino en la hondura de lo eterno.

En la Casa del Actor aprendimos que la vejez no es un ocaso, sino un sacramento de memoria. Y en ella, la memoria era una danza serena: sus historias, sus risas, su manera de preguntar por todos, su dulzura al mirar… eran un recordatorio vivo de que la dignidad humana es inagotable cuando el amor la sostiene.

Hoy, mientras elevamos nuestras oraciones por su descanso, también elevamos nuestro agradecimiento. Porque Teresita no vivió entre nosotros como una huésped: vivió como amiga, como maestra, como hermana mayor en la vida y en la fe. Su alma, pulida por años de entrega y silencios, vuelve ahora a Dios con la suavidad de quien llega a casa después de una larga jornada.

Que Cristo, “el Camino, la Verdad y la Vida”, la reciba con esa misericordia que ella tanto supo reflejar. Que los ángeles la conduzcan como reza la liturgia “al paraíso de la eterna paz, donde el llanto se extingue y todo se convierte en luz.”

Y que nosotros, los que hoy lloramos su ausencia, honremos su memoria cuidándonos unos a otros como ella nos enseñó con su estilo discreto y amoroso.

Teresita querida:
Gracias por tu vida, por tu arte, por tu presencia.
Descansa en la paz del Señor.

Te extrañare mucho

— Rvdo. P. Aarón de IHS León, M.C.

Non eniem erubesco Evangelium

Laudetur Iesus ChristusHoy, desde el Escritorio del Reverendo Aarón, mi mirada se posa sobre dos imágenes que iluminan m...
21/08/2025

Laudetur Iesus Christus

Hoy, desde el Escritorio del Reverendo Aarón, mi mirada se posa sobre dos imágenes que iluminan mi vocación: la fotografía de mi ordenación sacerdotal, hace siete años, y la santa imagen de Mater Christi Regis, patrona de la Milicia de Cristo.

Ambas se encuentran ahora en mi escritorio como signo elocuente de un camino tejido de gracia. La fotografía guarda el momento en que, postrado y ungido, recibí el don del sacerdocio en la Iglesia de Cristo, ministerio que, como recuerda la Carta a los Hebreos, «Omnis namque pontifex ex hominibus assumptus, pro hominibus constituitur in iis quae sunt ad Deum» —«Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios» (Hb 5,1).

Junto a esta memoria, se alza la dulce mirada de la Madre de Cristo Rey. Su presencia recuerda que todo sacerdote es hijo de María, pues en su regazo se aprende la humildad y la fidelidad en la entrega. Como enseñaba nuestro Padre San Agustín: «Maria peperit caput nostrum, ergo Maria est etiam mater membrorum eius» —«María dio a luz a nuestra Cabeza, por tanto, también es madre de sus miembros» (Sermón 25, 7).

Siete años en el sacerdocio son ap***s un umbral, un pequeño tramo del camino que el Señor, en su misericordia, me ha concedido recorrer. San Gregorio Magno recordaba con fuerza: «Sacerdos est homo sacer, ad offerendum divinum sacrificium et ad populum humiliter atque caritate regendum consecratus» —«El sacerdote es un hombre sagrado, consagrado para ofrecer el sacrificio divino y para guiar a su pueblo con humildad y caridad». Esta misión, vivida en la Milicia de Cristo, se transforma en una batalla de amor contra el pecado y contra la cultura de la muerte, mediante la luz de la liturgia y el servicio de la caridad.

Hoy, al contemplar mi escritorio con estas dos imágenes, comprendo que el sacerdocio es memoria viva: memoria de un don inmerecido, memoria de una Madre que acompaña, memoria de un pueblo que ora y sostiene. El sacerdote no vive para sí, sino como fruto ofrecido, como pan partido para alimentar a los demás.

Con gratitud renuevo mi sí, sabiendo que la mayor dignidad del sacerdote no está en lo que posee ni en lo que logra, sino en permanecer unido a Cristo Víctima y Pastor. Como bien decía Santo Tomás de Aquino: «Sacerdos alter Christus est» —«El sacerdote es otro Cristo».

Que la Mater Christi Regis siga cobijando este ministerio y conduzca cada uno de mis pasos hacia la fidelidad plena al Evangelio.

Desde el Escritorio del Reverendo Aarón
Rvdo. Aarón de IHS León, M.C.
Non enim erubesco Evangelium

Desde el Escritorio del Reverendo Aarón León, M.C.Hoy, en el silencio fecundo de mi escritorio, he recibido un obsequio ...
21/08/2025

Desde el Escritorio del Reverendo Aarón León, M.C.

Hoy, en el silencio fecundo de mi escritorio, he recibido un obsequio inesperado y entrañable: una canasta de frutas, signo sencillo y a la vez profundo de gratitud y fraternidad. No lo leo solo como un presente material, sino como un recordatorio de los frutos espirituales que el Señor, con paciencia infinita, hace germinar en el corazón de quienes hemos sido llamados a seguirle más de cerca.

Este día cobra un matiz especial, pues conmemoro veintidós años de mi ingreso a la vida religiosa y siete años de mi ordenación sacerdotal. Dos cifras que se unen en un solo misterio: la perseverancia en el seguimiento de Cristo y la gracia de configurarse con Él en el ministerio. Ante mis ojos, sobre este mismo escritorio, se encuentran la fotografía de mi ordenación sacerdotal y la imagen maternal de la Virgen María. Ambas me recuerdan que no estoy solo en esta travesía: “Non enim erubesco Evangelium: virtus enim Dei est ad salutem omni credenti” (Rm 1,16) — “No me avergüenzo del Evangelio: es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree”.

Nuestro Padre San Agustín, reflexionando sobre el misterio del ministerio, decía con humildad y fuerza: “Cum metu magno suscipio onus episcopi; sed quod intra me sum vobiscum, consolatur me” — “Con gran temor cargo el peso del ministerio, pero lo que soy con vosotros como cristiano me consuela” (Sermo 340). En este espejo se reconoce mi propio camino: sacerdote para el altar y para el pueblo, pero siempre discípulo antes que pastor.

Por su parte, Santo Tomás de Aquino enseña que el sacerdocio es “ordo ad sacrificium” — un orden para el sacrificio (cf. S. Th. III, q.22, a.1). Mi vida no es mía, sino entregada para ofrecer en cada Eucaristía el sacrificio de Cristo y, en unión con Él, gastar la existencia en caridad. La canasta de frutas en mi mesa no es entonces un detalle aislado: es símbolo de los frutos que el Espíritu hace madurar cuando el sacerdote se deja consumir en el amor.

Que esta memoria jubilar reavive en mí la certeza de que todo lo recibido es gracia. Y que bajo la mirada de la Virgen María, Mater Sacerdotum, pueda renovar el “sí” de mi entrega, para que los años que vengan sean siempre “ad maiorem Dei gloriam” — para mayor gloria de Dios. Este es el texto que acompañara está foto

El obsequio que hoy adorna mi escritorio no es únicamente un signo material de gratitud; es, ante todo, expresión del cariño de los fieles, fruto tangible del vínculo sacerdotal que une mi ministerio con la vida de la comunidad. Cada fruto de esta canasta lleva consigo el eco silencioso de tantas oraciones compartidas, de consejos ofrecidos, de lágrimas escuchadas y de la esperanza sembrada en cada corazón. Es, en cierto sentido, el retorno visible de aquello que desde este escritorio se gesta día a día: la palabra escrita, la intercesión, el estudio y la enseñanza.

El Señor mismo nos recuerda en el Evangelio: “Ex fructibus eorum cognoscetis eos” (Mt 7,16) — “Por sus frutos los conoceréis”. Este sencillo presente se convierte así en parábola viva, en la cual se refleja que el ministerio sacerdotal, cuando es ofrecido con entrega, no queda estéril, sino que germina en frutos de fe, gratitud y alegría. Como la vid que se expande y da racimos abundantes, también la vida sacerdotal, unida a Cristo, se hace fecunda para la Iglesia y para el mundo.

San Agustín, siempre tan cercano al corazón humano, afirma: “Nos sumus arbores Dei, fructus boni operis exiguntur” — “Somos árboles de Dios, y de nosotros se esperan frutos de buenas obras” (Enarrationes in Psalmos, 148). En esta luz, la canasta que hoy recibo no es mero ornamento festivo, sino espejo de la fecundidad que el Espíritu concede a través del ministerio, fecundidad que no es mía, sino del Señor que obra en su Iglesia.

También San Juan Crisóstomo enseñaba que la caridad es el fruto más alto del corazón creyente: “Caritas radix est, caetera ex fructibus” — “La caridad es la raíz, y de ella proceden todos los frutos” (Hom. in Matth.). Y en verdad, esta ofrenda brota de esa raíz: del amor de los fieles por su sacerdote y del amor del sacerdote por su comunidad. Una reciprocidad santa que convierte el trabajo ministerial en semilla, y la gratitud de los feligreses en cosecha festiva.

Mi mesa, que suele ser ámbito de estudio y oración, hoy se ve colmada de color, abundancia y belleza. En ella reconozco que el ministerio, aunque cargado de cruz y fatiga, está también atravesado por la alegría del Espíritu, que lo adorna con frutos de gozo y de esperanza. “Fructus autem Spiritus est caritas, gaudium, pax, patientia, bonitas, fides, mansuetudo, continentia” (Gal 5,22-23) — “El fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, paciencia, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio”.

De esta manera, la canasta de frutas se convierte en signo profético: anuncia que el sacrificio ofrecido en fidelidad nunca queda vacío, sino que Dios lo transforma en fiesta, en honor y en acción de gracias compartida.

Y, sin embargo, entre todos los frutos que la tierra puede ofrecer, ninguno se iguala al que pende del Árbol de la Vida, que es la Cruz. Como canta la tradición: “Dulce lignum, dulces clavos, dulcia ferens pondera” — “Dulce madero, dulces clavos, dulce carga llevas”. Pues el fruto más excelente, la flor más pura, no es otra que Cristo mismo, entregado por nosotros. “Melior est fructus crucis, quam omnis fructus hortorum” — “Mejor es el fruto de la cruz que todos los frutos de los jardines”.

Ese es el fruto que da sentido a todo ministerio, el que corona toda labor pastoral y que llena de verdadera dulzura el corazón: Jesucristo, fruto bendito del árbol de la Cruz.

Desde el Escritorio del Reverendo Aarón LeónHan pasado quince días en la costa de Oaxaca, en el silencio sereno de Vivo ...
16/08/2025

Desde el Escritorio del Reverendo Aarón León

Han pasado quince días en la costa de Oaxaca, en el silencio sereno de Vivo Resorts. El mar ha sido mi campanario, el horizonte mi breviario abierto, y el murmullo de las olas un eco constante de la voz de Dios.

Hoy concluyen mis vacaciones, y con ellas agradezco el don de este tiempo de reposo que el Señor concede a quienes le sirven. Entre el café y el cuaderno, bajo el sol de esta tierra bendita, han brotado pensamientos, oraciones y notas que se llevan grabadas en el alma más que en el papel.

El descanso verdadero no es huida, sino retorno: retorno a la misión con el corazón más limpio, la mente más clara y el espíritu renovado. Ahora toca volver al ministerio, al altar y al pueblo santo de Dios, con fuerzas nuevas y con gratitud profunda.

Que este mar, testigo de mis días de reposo, sea también imagen del océano de gracia en el que todos navegamos hacia el puerto eterno.

—Rvdo. Aarón de IHS León MC

10/08/2025

Salve Rociera

Salve Rocíero
Ecos Del Rocio
Dios te salve, María
Del Rocío señora
Luna, Sol, norte y guia
Y pastora celestial
Dios te salve, María
Todo el pueblo te adora
Y repite a porfía
Como tú no hay otra igual

Ole, ole, ole

Al Rocío yo quiero volver
A cantarle a la virgen con fe
Con un

Ole, ole, ole

Al Rocío yo quiero volver
A cantarle a la virgen con fe
Con un oleeee

Dios te salve, Maria
Manantial de dulzura
A tus pies noche y día
Te venimos a rezar

Dios te salve, Maria
Manantial de hermosura
Eres tú, madre mía
De pureza virginal

Ole, ole, ole

Al Rocío yo quiero volver
A cantarle a la virgen con fe
Con un

Ole, ole, ole

✒️ Desde el Escritorio del Reverendo AarónTiempo de descanso – Vivo Resorts, Costa de OaxacaAunque estos días son de vac...
07/08/2025

✒️ Desde el Escritorio del Reverendo Aarón

Tiempo de descanso – Vivo Resorts, Costa de Oaxaca

Aunque estos días son de vacaciones, el alma sacerdotal no se desconecta del todo. La cruz, el cuaderno y la oración siempre encuentran su lugar, incluso frente al mar.

Aquí, en la serenidad de la costa oaxaqueña, doy gracias a Dios por el don del ministerio, por la belleza de la creación y por este tiempo de silencio fecundo. Porque hasta en el descanso, Él habla. Y en el murmullo de las olas, también se puede escuchar: «Este es mi Hijo amado… escúchenlo.» (Mt 17,5)

Un café, un par de notas, y la certeza de que la contemplación también es misión.

Aunque el ministerio pastoral concede momentos de necesario descanso, el alma sacerdotal no cesa de contemplar el misterio divino. En esta festividad de la Transfiguración del Señor, celebrada litúrgicamente el 6 de agosto, se nos invita a volver espiritualmente al monte santo donde Cristo reveló a tres de sus discípulos la gloria de su divinidad, prefigurando la resurrección.

San Agustín interpreta este acontecimiento como un signo de esperanza escatológica y una pedagogía espiritual para los discípulos:

«In monte se transfiguravit, ut sic etiam figuraret Ecclesiam suam in regno suo fulgurantem de forma humana in formam angelicam.»

"Se transfiguró en el monte para prefigurar así a su Iglesia, que en su Reino brillará transformada de su forma humana a la forma angélica."
(Sermo 78, 2)

La teología agustiniana ve en la Transfiguración no sólo una revelación momentánea de gloria, sino una enseñanza que nos impulsa a desear la contemplación eterna:

«Formam servi acceperat, et occultaverat formam Dei: hanc paulisper demonstravit, et oculos eorum, non qui viderant, sed qui erant futuri, quasi praeparavit.»

"Había tomado la forma de siervo y había ocultado la forma de Dios; esta, por un instante, la mostró, y preparó no tanto los ojos que veían, como los que habrían de ver en el futuro."

(Sermo 51, 6)

Por su parte, Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, señala que la Transfiguración fue conveniente para fortalecer la fe de los discípulos antes del escándalo de la cruz:

«Conveniens fuit Christum transfigurari... ut ostenderetur gloria futura ad quam per passionem pervenitur.»

"Fue conveniente que Cristo se transfigurara... para mostrar la gloria futura a la que se llega por la pasión."
(S.Th., III, q.45, a.1)

Así, la cruz y la gloria no se oponen, sino que se implican mutuamente. La escena del Tabor nos recuerda que la gloria de Dios se manifiesta a través del camino de la entrega, de la kénosis, de la obediencia. La visión beatífica se anticipa en quienes, como Pedro, Santiago y Juan, suben con Cristo al monte alto —es decir, se disponen con pureza y deseo sincero a contemplar.

En esta costa oaxaqueña, donde el horizonte marino se funde con el cielo, la creación entera parece invitarnos a la contemplación. Incluso en este tiempo de reposo, la mente y el corazón del sacerdote se elevan hacia el misterio, sabiendo que el ocio bien ordenado se convierte en otium sanctum, cuando está orientado a Dios.

«Non vacat qui vacat a Deo.»

"No descansa verdaderamente quien descansa lejos de Dios."

(Agustín, Epistula 10, 1)

Desde esta atmósfera de retiro y belleza natural, se hace evidente que la verdadera transformación —la transfiguración interior— es fruto de una mirada contemplativa, de una vida unida a Cristo que no teme abrazar la cruz para alcanzar la gloria.

Que esta jornada, aun desde el descanso, nos prepare para ver a Cristo con ojos nuevos, como Él quiere ser visto, y a escuchar la voz del Padre que sigue resonando:
«Hic est Filius meus dilectus... Ipsum audite.»
"Este es mi Hijo amado... escúchenlo." (Mt 17,5)

Desde el Escritorio (itinerante) del Reverendo Aarón

Scriptum pro gloria Dei et salute animarum

Rvdo. P. Aarón de IHS León MC
Non enim erubesco Evangelium



Laudetur Iesus Christus Ayer celebramos la memoria de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, maestro d...
01/08/2025

Laudetur Iesus Christus

Ayer celebramos la memoria de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, maestro de discernimiento y soldado del Rey eterno.

Aunque no figura en el calendario propio de nuestra Fraternidad Sacerdotal Milicia de Cristo, su imagen visita y honra el escritorio por el influjo espiritual que su obra ha dejado en la Iglesia.

De él aprendemos el rigor en la formación, la profundidad del examen interior y la entrega radical al Reino de Cristo.

En mi alma resuenan las palabras del Padre Adolfo Nicolas, siempre serás hijo de San Ignacio.

Que, como Ignacio, sepamos vivir

"Ad Maiorem Dei Gloriam".

—Rvdo. Aarón de IHS León MC

Non eniem erubesco Evangelium

Desde el escritorio del Reverendo Aarón

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