27/11/2021
Después de un par de semanas de problemas técnicos retomo la publicación semanal de La Sombra - novela por entregas.
Alex necesita la ayuda de la sombra. Robaron la camioneta verde de su tía. La Sombra siempre está para ayudar a quien lo necesita.
Podrá recuperarla?
La siguiente entrega de LA SOMBRA EL HEROE QUE LA CIUDAD NECESITA
Capítulo 3
7
Cuando el canario se retiró de su puesto de tiro junto al mercado, los bomberos ya habían terminado de apagar el incendio y los comerciantes empezaban a calcular sus pérdidas. Sabía, por experiencia, que en pocas horas la normalidad regresaría y la venta de sus mercancías volvería a ser la misma.
El tirador guardó su herramienta dentro de la mochila que acostumbraba usar para transportarla, no era exactamente discreta, pero la ocultaba lo suficiente para los ojos curiosos. El esfuerzo de agacharse le hacía resoplar y sudar, maldijo su sobrepeso y se dejo por milésima vez que se pondría a dieta. Abajo del edificio ya lo esperaba un coche para transportarlo.
La Chofis lo recibió con indiferencia, El Canario no había tenido oportunidad de hacer su trabajo.
- Ya llegará el momento – le dijo la jefa al verlo llegar – pensaremos en cómo.
El espíritu de un tirador, cualquier tirador, está lleno de paciencia. Su presa llegaría, sólo había que esperar.
Desde que atravesó las llamas esmeraldas, Carlos había incrementado su ritmo de entrenamiento. Se sentía fuerte y seguro, había muchas respuestas sin contestar, pero eso no importaba. Se había convertido en La Sombra, casi sin quererlo, como una forma de venganza en contra del hombre grande que había ultimado a Paula; ahora sentía que su vida había adquirido sentido.
- Hace muchos días no ves a Alex – Le dijo Don Juan y Carlos se sorprendió.
- Pensé que no lo aprobaban –Respondió Carlos.
- No lo pongas en riesgo, pero creo que tener un amigo es un regalo. – La expresión de Don Juan mostraba una sonrisa.
Por medio de un mensaje le indicó al muchacho que lo vería para entrenar al día siguiente en el lugar y hora acostumbrado. La respuesta no tardó en llegar.
- Tengo un problema, necesito tu ayuda.
- ¿Estás en tu casa? – Escribió Carlos en el teléfono – Voy para allá.
Gracias a la motocicleta llegó en unos minutos a Casa de Alex, el muchacho ya lo estaba esperando.
- Antes de tu mensaje estaba enojado contigo, tenía muchos días de no saber de ti – Le dijo como bienvenida – Me da gusto saber que estás bien, todos los días estuve revisando los periódicos con el miedo de leer que algo te hubiera pasado.
Carlos no le dijo mucho de lo que había pasado, solamente le explico que tenía que atender nuevas responsabilidades que le habían dado. Alex pregunt:
- ¿Qué nuevas responsabilidades?
- Eso no importa – Carlos evadió la respuesta con un ademán – Platícame ¿Qué problema tienes?
- Tengo una tía a la que quiero mucho, ella tiene problemas para caminar. Ayer le robaron su camioneta, no es muy valiosa, pero la ocupa para poder hacer su vida con “normalidad” – le dijo Alex levantando las manos haciendo la seña de comillas con los dedos – Ayúdala por favor.
- ¿Crees que La Sombra está para encontrar coches robados? – Le dijo Carlos con una nota de orgullo en su voz.
- Pensé que La Sombra ayuda a quien lo necesita – Alex se sorprendió con la respuesta de su amigo.
La vergüenza invadió de inmediato a Carlos, se dio cuenta que sus nuevos poderes lo estaban haciendo arrogante.
- Tienes razón, La Sombra está para ayudar.
Alex le platicó lo que sabía del robo de la camioneta. En dónde y a qué hora había desaparecido.
- Es verde, grande y un tanto vieja – Le dijo Alex mostrando una foto en donde se veía el vehículo robado – No entiendo por qué se la robaron, no me parece un coche que vayan a poder vender.
- Por las piezas – se adelantó a contestar Carlos- desarmarla y venderla por piezas puede ser muy lucrativo.
- Entiendo – contestó Alex no muy convencido.
- Vamos – le dijo Carlos para terminar la discusión – Necesito estar en donde se la llevaron.
Carlos le indicó a Alex que tomara su casco y subiera en la motocicleta – para tener quien conduzca cuando la recuperemos – le explicó. Y ambos partieron rumbo a casa de la tía del muchacho.
Llegaron pocos minutos después y Alex le explicó en dónde estuvo estacionada la camioneta. La policía ya hecho lo que pudo (que no era mucho) prometiendo que los mantendrían al tanto de los avances de la investigación.
Carlos se concentró para poder ver el pasado como había hecho tantas veces, la imagen fue nítida y pronto vio a dos jóvenes que se acercaban a la camioneta, mientras uno forzaba la ventana para abrir la puerta, el otro trabajaba debajo para desconectar la alarma. El trabajo duro menos de 30 segundos, el primero puso en marcha el motor y el segundo abordó el coche en el que habían llegado. Lo que más llamó la atención a Carlos es que a pesar de estar cerca de una de las cámaras de seguridad, los dos no hicieron intentos por tapar sus rostros. Se sentían seguros.
Carlos subió a la motocicleta, Alex tuvo que correr para subirse. Gracias al recuerdo, pudieron seguir el recorrido que habían hecho los ladrones. Por la hora del robo, las calles estaban prácticamente vacías, sin embargo, ellos tenían que sortear el tráfico normal de la gran ciudad. Después de media hora de recorrido por la gran avenida que rodea la ciudad, tomaron rumbo a la carretera. La zona era famosa por la venta de refacciones usadas.
- Típico – Pensó Carlos.
Los ladrones no entraron en ninguno de los deshuesaderos, sino que había tomado por una de las calles secundarias, era de terracería y las casas eran de tabiques grises que le daban a toda la zona un aspecto de abandono. Carlos bajó la velocidad de la motocicleta, estaban llegando al lugar en donde habían escondido el vehículo robado.
La imagen que podía ver Carlos era de la camioneta avanzando despacio con las luces encendidas, todas las casas estaban sin luz, excepto por un foco que alumbraba la entrada a un terreno muy grande. Era un terreno apenas resguardado por una alambrada en mal estado a la que le habían agregado la estructura oxidada de un colchón, pedazos de madera y un ropero viejo.
Era hora de ir a pie.
Estacionó la motocicleta lejos de dónde había visto entrar a los roba-autos, le dio la llave a Alex y le indicó que se fuera si no regresaba pronto.
- Quiero ir – respondió el muchacho con decisión.
- No – Fue toda la respuesta, al tiempo que sacaba el bastón de su escondite dentro de la moto y caminaba rumbo al terreno que servía de taller para desarmar los coches robados – regresaré en unos minutos.
- Espera – le dijo Alex aventándole las llaves de la camioneta – las vas a necesitar.
En el interior de lugar había mucha actividad. Cerca de 20 coches, de todo tipo de antigüedad y precio, aguardaban a ser desvalijados. Había muchas personas al interior trabajando, unos quitaban piezas, otros las acomodaban, otros se encargaban de empacarlas para ser llevadas a los puntos de venta de refacciones usadas que existen por toda la ciudad. Pero no había nadie vigilando.
La capucha de la sudadera de Carlos y la magia de Don Juan ocultaban su rostro. Como una sombra entró empuñando el bastón. Deslizando su figura por entre los coches medio desarmados identificó en donde estaba cada uno de los trabajadores. No parecía que llevaran armas. Sin embargo, el riesgo venía de afuera, cualquiera de ellos podía llamar por teléfono a sus socios y ellos si traerían pi***las, era importante mantener la sorpresa el mayor tiempo posible. Al fondo del improvisado taller había una salida por la que alguien podía huir y regresar con más delincuentes.
- Silencio y sorpresa - se dijo.
La respuesta vino fácil. Uno de los trabajadores usaba una máquina de corte que hacía mucho ruido. Debía esperar a que la usará para iniciar el ataque.
- Pásame el maso - grito uno de los mecánicos al fondo, la respuesta vino de otro que había dejado de golpear un auto compacto blanco.
- Ahí te va mai – A Carlos le dio risa la expresión típica de albañiles.
Los músculos de Carlos se tensaron para iniciar el ataque, el ma****lo empezó a sonar con ritmo, segundos después el esmeril se unió al concierto. No tenía intenciones de lastimar a nadie, sabía que un golpe seco en la cabeza deja inconsciente a la persona por unos minutos. Los primeros cuatro no presentaron problema y quedaron derrumbados junto a sus herramientas.
La Sombra avanzó aun sin revelar su presencia entre los coches, esquivando refacciones y llantas. Al levantar el bastón para golpear al siguiente trabajador, éste volteó y vio una mancha borrosa que lo amenazaba.
- Ahgggg – Gritó antes de caer desmayado.
El grito alertó a su compañero quien empezó a chiflar. El chiflido es un medio de comunicación usado por los delincuentes, tiene su propio lenguaje secreto, y sobre todo es un sonido que se impone al ruido. El taller se llenó de chiflidos que los alertaban del peligro. En pocos segundos los ruidos del ma****lo y el esmeril habían cesado y 10 pares de ojos buscaban al atacante. Cada uno de los trabajadores empuñaban algo como arma, uno el ma****lo que había estado usando, otro una llave de cruz de las que se usan para quitar llantas, uno más empuñaba un tubo oxidado.
Aunque había perdido el factor sorpresa, tenía a su favor ser un peleador con experiencia. Si bien, los trabajadores eran agresivos, carecían de la mañana necesaria. Muy pronto se dieron cuenta que no eran rival para Carlos, que uno a uno los desarmó y dejó fuera de combate usando las técnicas ancestrales que su maestro de lucha le enseñara.
Al final, quedaban solo dos hombres, estaban asombrados porque veían una cosa borrosa que los atacaba y peor aún, los había dominado en unos segundos.
- ¿Qué quieres? – preguntó el que parecía ser el jefe – llévate lo que quieras, no te vamos a detener.
Pero Carlos no tenía intenciones de hacer un dialogo con los delincuentes. Quería terminar el trabajo lo más rápido posible y salir con la camioneta.
Al primero de los hombres, que estaba armado con el tubo oxidado, lo desarmó facilmente; se trataba de un jovencito que apenas y podía sostener su arma. Desesperado al verse vulnerable trató de alcanzar un desarmador que estaba en el piso quedando totalmente expuesto. Carlos aprovechó para desmayarlo con un golpe de su bastón.
- Ya solo faltas tu – Dijo Carlos más para si mismo que para el mecánico.
Éste por respuesta trató de correr hacia la salida posterior del terreno, pero lo alcanzó de dos zancadas haciéndolo trastabillar con el bastón. El hombre, también joven y lleno de grasa de coche, cayó pesadamente sobre la tierra y recibió el mismo golpe que había dejado fuera de circulación a la mayoría de sus compañeros.
Subió a la camioneta, afortunadamente no le había quitado ninguna pieza aun y encendió tan pronto hizo girar la llave.
Afuera Alex seguía esperando, habían pasado menos de cinco minutos desde que se fuera. Subió a la moto tan pronto vio la camioneta verde salir del terreno, vio que era su amigo el que la conducía e inició la marcha en la moto de La Sombra.
Justo antes de llegar a la esquina una patrulla de la ciudad entraba a la calle donde La Sombra había rescatado el vehículo robado de la tía de Alex.
Los ocupantes de la patrulla 7245 pronto se darían cuenta que La Sombra había hecho un poco de justicia.
Continuará…