03/08/2026
🌊 A veces la tormenta no desaparece… pero cambia nuestra forma de vivirla.
En el Evangelio de Mateo 14, 22-36, los discípulos experimentan el miedo al verse en medio del mar agitado. Jesús no evita que enfrenten la tormenta; va a su encuentro caminando sobre las aguas y les recuerda que su presencia es más fuerte que cualquier dificultad: «¡Ánimo, soy yo; no teman!»
Pedro se atreve a caminar hacia Jesús mientras mantiene la mirada puesta en Él. Solo cuando deja que el miedo ocupe el lugar de la confianza comienza a hundirse. Entonces descubre una gran verdad: basta una sencilla oración, «Señor, sálvame», para que Cristo extienda su mano y lo levante.
También nosotros vivimos tormentas: preocupaciones por la familia, el trabajo, la salud o decisiones que parecen superar nuestras fuerzas. El Evangelio no promete una vida sin dificultades, pero sí una certeza: Jesús nunca abandona a quienes confían en Él. Su presencia transforma el miedo en esperanza y nos da la fuerza para seguir adelante.
Hoy vale la pena preguntarnos: ¿en qué momento dejé de mirar a Jesús para fijarme solo en las olas? Cuando volvemos nuestra mirada hacia Él, descubrimos que incluso en medio de la tempestad, su mano sigue tendida para levantarnos.
🙏 Que hoy nuestra oración sea: «Señor, sálvame. Ayúdame a confiar en Ti incluso cuando el camino parezca imposible.»