14/08/2026
Llegó María Santísima a la edad de sesenta y siete años sin haber interrumpido la carrera y detenido el vuelo, ni mitigado el incendio de su amor y merecimiento desde el primer instante de su Inmaculada Concepción.
La disposición natural de su sagrado y virginal cuerpo y rostro era la misma que tuvo de treinta y tres años; porque desde aquella edad, nunca hizo mudanza del natural estado, ni sintió los efectos de los años ni de la senectud o vejez, ni tuvo arrugas en el rostro ni en el cuerpo, ni se le puso más débil, flaco y magro.
Cerró los virginales ojos y expiró. La enfermedad que le quitó la vida fue el amor. Y el modo fue que el poder divino suspendió el auxilio milagroso que le conservaba las fuerzas naturales para que no se consumiese con el ardor y fuego sensible que le causaba el amor divino.
El sagrado cuerpo de María Santísima, que había sido templo y sagrario de Dios vivo, quedó lleno de luz y resplandor y despidiendo de sí tan admirable y nueva fragancia que todos los circunstantes quedaron llenos de suavidad interior y exterior.
Sucedió este glorioso tránsito un viernes a las tres de la tarde, a la misma hora que el de su Hijo Santísimo y a los setenta años de edad, menos algunos días.
-Sor María de Jesús de Ágreda, Mística Ciudad de Dios.