27/05/2026
Aunque en Aquixtla el amor hacia Nuestro Amado Padre Jesús era grande, y los milagros eran tan palpables, nuestros sacerdotes de aquel tiempo no consideraban tan portentos, ni de Gran relevancia la veneración a Nuestro Amado Padre Jesús por lo tanto era poca la atención que se le ponía, y es ahí donde inicia esta gran historia...
Nuestro Amado padre Jesús elige a su siervo el padre José Adolfo Amezcua, quién llega a la parroquia de San Juan Evangelista, con diversas enfermedades, hasta que una persona de lugar lo ve enfermo y le dice que vaya a la capillita a pedirle al doctor de los pobres que lo cure, el padre baja y se postra ante la bendita imagen de Nuestro amado Padre Jesús, y le encomienda el cuidado pastoral de la parroquia encomendándole su enfermedad.
Al salir de la capillita el estado de salud del padre José milagrosamente mejora debido al gran poder de nuestro amado rey.
Y es ahí que el padre José elegido de nuestro Amado Padre Jesús, inició esta gran misión de enseñarnos a amarlo y a respetarlo.
Quitó el vestido morado lleno de polvo para vestirlo de una manera más digna, así como promovió el cambio, ha dignificado el templo espiritual y los templos físicos, es testigo fiel de los milagros de nuestro amado señor.
Gracias a su trabajo, los templos fueron restaurados y embellecidos, su trabajo ha sido palpable y su cercanía a la comunidad ha sido tan grata y agradable, que son tantas las maravillas que nuestro amado rey ha obrado por medio de él.
Se han desencadenado cientos y miles de milagros que nuestro amado rey ha obrado.
El padre José nos ha enseñado a pedir con amor nos ha enseñado a amarlo como nuestro rey y Salvador.
Bendito sea el padre José Amezcua, a quien con mucho cariño y respeto rendimos nuestra admiración por tantas cosas maravillosas que ha hecho por nuestro rey.
Miles de peregrinos al año llegan a visitar a nuestro Amado Padre Jesús, de diversas partes de la república, y reconocen el gran trabajo del padre José.
¡Gracias Padre José, por hacer palpable tanto amor!