07/12/2025
II Domingo de Adviento
7 de diciembre de 2025
Mateo 3, 1-12.
LES ASEGURO QUE HASTA DE ESTAS PIEDRAS PUEDE DIOS SACAR HIJOS DE ABRAHAM, el evangelista nos invita a través de la predicación de Juan a lograr una metanoia, esto es, un profundo cambio de pensamiento, una transformación interior. Para ello, nos recuerda que ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, heterosexual ni homosexual, todos somos iguales en Dios. Si es capaz de sacar de las piedras a sus hijos ¿por qué razón no podría levantar a un cristiano desde la diversidad sexual? Lo cierto es que negar esta simple verdad nos convierte en los nuevos fariseos, una raza de víboras que niega los dones de Dios a quien simplemente no es como nosotros.
No es Dios quien separa, sino nuestros corazones llenos de prejuicios y odios sin sentido.
Juan el Bautista no proclama una moral puritana. La conversión que anuncia no se trata de culpa, sino de liberación. No es adhesión a dogmas, sino apertura a una nueva forma de vivir.
Para nosotres, que llevamos heridas abiertas por teologías que nos acusaron, la palabra “conversión” necesita ser resignificada.
Convertirse, en el espíritu del Adviento, es deshacer los caminos de exclusión, racismo, LGBTfobia, patriarcado y violencia religiosa.
Es permitir que Dios nos transforme, no para dejar de ser quienes somos, sino para llegar a ser plenamente quienes somos.
En este contexto, esperanzar es trabajar con ternura y firmeza para que nuestros cuerpos e historias sean reconocidos como sagrados. Es preparar caminos para que el Amor camine libremente entre nosotres, sin los obstáculos de la culpa, la vergüenza o la opresión.
Esperanzar es preparar el camino donde nadie lo espera
En este Adviento, Juan el Bautista nos llama a escuchar las voces que claman en el desierto y a convertirnos también en esa voz. A preparar el camino no sólo en los corazones, sino también en las estructuras. A enderezar las sendas torcidas de la exclusión religiosa. A bautizar con palabras y acciones que enciendan de esperanza la vida de quienes nos rodean.
Esperanzar es abrir claros en el desierto. Es ver posibilidades donde sólo había polvo. Es confiar en que el camino del Señor no pasa por el centro del templo, sino por las orillas de la existencia. Y que ahí, en los márgenes, Dios ya viene caminando. Preparemos el camino. El Amor está llegando.