09/03/2021
Hace algunos años mataron a una niña por allá por mi pueblo. Se llamaba Fátima, tenía 12 años.
A sus vecinos les caía mal por modosita, porque se la pasaba “leyendo pendejadas”, estaba en el cuadro de honor de su escuela y siempre andaba sin desviarse de su casa a la escuela y de la escuela a su casa. Muy recatada la pi**he escuincla, muy “alzadita”, decían. Que quería ser “doctora y curar las enfermedades”, pero las viejas no se deben de dedicar a eso, porque ya no cuidan a sus esposos, ni a sus hijos y por eso la sociedad “está como está”. “Un día hay que meterle un pi**he susto para que aprenda a no salirse del huacal”, sino luego otras van a querer ser como ella, pensó Luis. Lo que a esa vieja le falta es un hombre que le enseñe cómo ser una mujer “de veras”, dijo Misael, hermano de Luis.
Un día temprano su papá acompañó a Fátima a la parada del autobús. La niña se fue para la escuela, pero ya nunca regresó a su casa.
Lo que se supo por los periódicos es que sus vecinos de toda la vida Luis, Misael, y otro tipo más, la encontraron cuando ella iba de regreso a su casa, la metieron a la fuerza a su casa y allí la violaron. Con una navaja le picaron la cara, el cuello, noventa cortadas le hicieron en total. Le tiraron todos los dientes y le sacaron un ojo; le fracturaron las muñecas, los tobillos y le dislocaron el hombro para que no pudiera escapar; le abrieron el pecho con un cuchillo a nivel del tórax y la entrepierna. Pese a la tortura ella seguía con vida, así que los tipos terminaron por aplastarle la cabeza con tres rocas, la destrozaron y finalmente la enterraron para que nadie pudiera encontrarla.
La familia al enterarse de lo sucedido comenzó a buscar a sus vecinos, con quienes se vio a la niña por última vez; las campanas de la iglesia comenzaron a repicar. Una turba enardecida intentó lincharlos, pero la madre de la Fátima los detuvo confiando en que la policía hiciera su trabajo y recibieran su merecido. Nada de eso pasó...
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