29/04/2026
Rincón de la palabra:
V DOMINGO DE PASCUA (Jn 14,1-12)
"Para los primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir”.
Revelar el rostro del Padre con obras, como lo hizo Jesús.
Jesús no les está pidiendo creer en ideas abstractas sino en las obras que ha realizado. Vivir este tiempo de Pascua es, por tanto, continuar afirmando la resurrección de Jesús no con palabras sino con obras. Hoy nosotros somos llamados a realizar las mismas obras de Jesús para que muchas personas puedan creer en él y conozcan el camino que nos lleva al Padre.
En este quinto domingo de Pascua, el evangelio de Juan nos ayuda a profundizar en las consecuencias que se desprenden de la resurrección. Jesús va a prepararnos un lugar en las modadas definitivas de la casa del Padre. Lo que nos pide es “creer”, actitud que quita la inquietud de los apóstoles (y también la nuestra) porque nos permite poner la confianza en quien, saliendo a nuestro encuentro, nos ha hecho la promesa de la vida plena con Él. Los dos personajes que aparecen en el texto, posibilitan ahondar en la promesa que nos hace Jesús. El primero es Tomás, quién escuchando a Jesús decir que volverá para llevarlos con él y que ellos conocen el camino, le dice que ellos no saben a dónde va y, por lo tanto, no conocen el camino.
Jesús le responde con el “Yo soy” -expresión que este evangelio utiliza en otros pasajes para decir que Jesús es “el pan de vida”, “el buen pastor”, “la vid verdadera”, “la resurrección”, “yo soy la puerta”, etc.- y, en este caso, Jesús es el “camino, la verdad y la vida”. Estos tres términos condensan la plenitud de vida que él nos promete, vida que no es abstracta o desconocida, sino la vida de Jesús con sus obras y sus opciones, revelándonos en qué consiste la promesa hecha. Todo eso lo han conocido los discípulos y ahora nosotros a través de ellos.
En primer lugar, descubrirlo como camino. Escuchar en él la invitación a caminar, avanzar siempre, no detenernos nunca, renovarnos constantemente, ahondar en la vida, construir un mundo justo, hacer una Iglesia más evangélica. Apoyarnos en Cristo para andar día a día el camino doloroso y al mismo tiempo gozoso que va desde la desconfianza a la fe. En segundo lugar, encontrar en Cristo la verdad. Descubrir desde él a Dios en la raíz y en el término del amor que los seres humanos damos y acogemos. Darnos cuenta, por fin, que la persona solo es humana en el amor. Descubrir que la única verdad es el amor, y descubrirlo acercándonos al ser concreto que sufre y es olvidado.
En tercer lugar, encontrar en Cristo la vida. En realidad, las personas creemos a aquel que nos da vida. Por eso, ser cristiano no es admirar a un líder ni formular una confesión sobre Cristo. Es encontrarnos con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir. Jesús es «camino, verdad y vida». Es otro modo de caminar por la vida. Otra manera de ver y sentir la existencia. Otra dimensión más honda. Otra lucidez y otra generosidad. Otro horizonte y otra comprensión. Otra luz. Otra energía. Otro modo de ser. Otra libertad. Otra esperanza. Otro vivir y otro morir.
El segundo personaje es Felipe quien escuchando decir a Jesús que, si lo conocen a él, conocen al Padre le pide que les muestre al Padre y eso basta. Jesús, con cierto tono de reproche le responde: ¿tanto tiempo ha estado con ustedes y todavía no me conocen? E inmediatamente remite a las obras que él ha hecho. En otras palabras, no les está pidiendo creer en ideas abstractas sino en las obras que ha realizado. Las curaciones, las comidas con pecadores, la inclusión de mujeres en su grupo, la misericordia infinita hacia todos, el amor de servicio que ha tenido, especialmente con los suyos, y todas las demás obras que realizó, son las que revelan cómo es el Dios de Jesús y es este Dios quien nos dará la vida plena como se la ha dado a Jesús con la resurrección. Vivir este tiempo de Pascua es, por tanto, continuar afirmando la resurrección de Jesús no con palabras sino con obras. Jesús nos dice que si creemos en él haremos sus mismas obras y aún mayores. Así como Jesús mostró, en su tiempo, al Dios en quien creía a través de sus obras, hoy nosotros somos llamados a realizar las mismas obras de Jesús para que muchas personas puedan creer en él y conozcan el camino que nos lleva al Padre.