Parroquia Cristo Rey Portales CDMX

Parroquia Cristo Rey Portales CDMX Parroquia de Cristo Rey en la colonia Portales Norte, Ciudad de México. Misas comunitarias. Misas particulares. Grupos parroquiales. Servicio de Criptas.

Trámites ante la Iglesia Católica.

Si ayer no alcanzaste a llegar a la primera sesión del taller sobre la Enciclica del Papa Francisco "Laudato Sí " que se...
23/05/2026

Si ayer no alcanzaste a llegar a la primera sesión del taller sobre la Enciclica del Papa Francisco "Laudato Sí " que se brindó en la capilla de nuestra Parroquia Cristo Rey Portales CDMX, te compartimos la canción con la que se cerró y te volvemos hacer la invitación a que acudas a la segunda sesión que se realizará el próximo viernes 29 de mayo, a las 7pm.

No tienes pretexto, agarra tu agenda y anota la fecha.

El Señor nos llama a tomar acciones para proteger y preservar nuestra casa común.

¡Te seguimos esperando!, ¡No faltes!

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El grupo de Tanatolgia de la Parroquia Cristo Rey Portales CDMX  invita a que identifiquemos  nuestras propias habilidad...
23/05/2026

El grupo de Tanatolgia de la Parroquia Cristo Rey Portales CDMX invita a que identifiquemos nuestras propias habilidades de resiliencia y aplicalas en beneficio ante las necesidades que la vida te presenta.

Les esperamos el próximo viernes 29, a las 12 horas en el salón Cristo Rey.

20/05/2026

RINCÓN DE LA PALABRA:

Solemnidad de Pentecostes - Jn 20, 19-23.

DIOS ES ESPÍRITU.

Vivir a Dios desde dentro.

Hace algunos años, el gran teólogo alemán Karl Rahner se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos era su «mediocridad espiritual». Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es «seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual».

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

Hablar del Espíritu Santo es pretender recoger agua de lluvia en un cesto de mimbres. Espíritu es el concepto más escurridizo de la teología. Más de 500 veces encontramos la palabra en la Biblia y apenas podremos descubrir dos pasajes en los que tenga el mismo significado. En ningún caso podemos entenderlo como una entidad separada. Los evangelios escenifican diversas venidas del Espíritu, aunque más sencillas que la de Lucas.

Esas “venidas” indican claramente que Dios-Espíritu-Vida no tiene que venir de ninguna parte. No estamos recordando un hecho que aconteció en el pasado. Estamos viviendo una realidad que está sucediendo en este instante como hace dos mil años. La fiesta de Pentecostés es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra de Dios-Espíritu-Vida. Vivieron la presencia de Jesús de una manera más real que su presencia física. Ahora, Jesús estaba de verdad realizando su obra de salvación en ellos.

Pablo dijo que sin el Espíritu no podríamos decir: “Jesús es el Señor”, ni: “Abba”. Pero con la misma rotundidad hay que decir que nunca podrá faltarnos el Espíritu, porque no puede faltarnos Dios. El Espíritu no es un privilegio ni siquiera para los que creen. Todos estamos fundamentados en Dios-Espíritu, aunque no seamos conscientes de ello. El evangelio no deja ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios-Espíritu: Lo llama papá, hace su voluntad; le escucha siempre. El mensaje de Jesús se reduce a manifestar esa experiencia de Dios. Su predicación estuvo encaminada a hacer ver a sus seguidores que tenían que vivir esa misma experiencia para alcanzar la plenitud que él alcanzó.

El Espíritu nos hace libres. “No han recibido un espíritu de esclavos, sino de hijos”. El Espíritu tiene como misión hacernos ser nosotros mismos. Eso supone no dejarnos atrapar por cualquier clase de sometimiento alienante. El Espíritu es la energía que lucha contra las fuerzas desintegradoras: “demonios”, pecado, ley, ritos, teologías, intereses, miedos. Si Dios está en todos, no puede haber privilegiados. Dios no se puede partir. Si todos los miembros de la comunidad son una cosa con Dios, ninguna estructura de poder o dominio se justifica apelando a Él. "El que quiera ser primero sea el servidor de todos." “No llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie Señor, no llaméis a nadie maestro".

El Espíritu es la fuerza que mantiene a cada uno integrado en la comunidad. En el relato de los Hechos, las personas de distinta lengua se entienden. La lengua del Espíritu es el amor, es el único lenguaje que todos entienden. Es lo contrario de lo que pasó en Babel. “Dios hace de todos los pueblos uno, destruyendo el muro que los separaba, el odio”.

Para las primeras comunidades, Pentecostés fue el fundamento de la Iglesia naciente. Está claro que para ellas la única fuerza de cohesión era la fe en Jesús que seguía presente en ellos por el Espíritu. No duró mucho esa vivencia generalizada y pronto dejó de ser comunidad de Espíritu para convertirse en una institución jurídica.

“Obediencia” fue la palabra que caracterizó la vida de Jesús. Pero si nos acercamos a Jesús con el concepto equivocado de obediencia, quedamos desconcertados. No fue obediente en absoluto, ni a su familia ni a los sacerdotes ni a la Ley ni a las autoridades civiles. Pero se atrevió a decir: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”. Para salir de una falsa obediencia debemos entrar en la dinámica de la escucha del Espíritu. Tanto el superior como el inferior, tienen que abrirse al Espíritu y dejarse guiar por él. Pero debemos estar también atentos a las experiencias de los demás. Creernos privilegiados con relación a los demás anulará una verdadera escucha del Espíritu.

Cuánta razón tenía el Patriarca Ignacio IV de Antioquia, Ignacio Hazim, cuando afirmaba que sin el Espíritu Santo “Dios queda lejos, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra mu**ta, la Iglesia es pura organizacion, la autoridad es tiranía, la misión propaganda, la liturgia es simple recuerdo y la vida cristiana es uan moral de esclavos”.

Comunidad, cuántas veces al caminar por las calles de nuestra colonia  nos hemos preguntado ¿qué podemos hacer para vivi...
18/05/2026

Comunidad, cuántas veces al caminar por las calles de nuestra colonia nos hemos preguntado ¿qué podemos hacer para vivir en un espacio menos contaminado?

El grupo de ecología de la Parroquia Cristo Rey Portales CDMX en coordinación con el Padre Pablo han preparado el taller de ecología basado en la enciclica "Laudato Sí" del Papa Francisco.

Este viernes 22 de mayo, a las 7 pm, los esperamos en la capilla para comenzar a trabajar por nuestra casa común. La entrada es por la calle de Ajusco #16

¡¡No faltes!!

Los esperamos en la siguiente sesión de   Sábado 30 de mayo 05:00 p.m.Ajusco No. 16 Col. Portales Norte.
14/05/2026

Los esperamos en la siguiente sesión de
Sábado 30 de mayo 05:00 p.m.
Ajusco No. 16 Col. Portales Norte.

13/05/2026

Rincón de la palabra:

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR - Mt 28,16-20.

Jesús se queda con nosotros hasta el final de los tiempos.

Una presencia que nos compromete.

Los discípulos no se pueden quedar regocijándose por la aparición de Jesús sino sintiéndose comprometidos a cumplir la tarea que ahora está en sus manos. La tarea, por tanto, es hacer discípulos a todos los pueblos. El Jesús del evangelio de Mateo, no asciende, sino que se queda con nosotros hasta el final de los tiempos. Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión de Jesús. La obra lucana compuesta por el evangelio y por el libro de Hechos, da testimonio de este hecho.

El evangelio de Lucas termina diciendo que Jesús fue llevado al cielo (Lc 24,51) y el libro de Hechos inicia relatando que Jesús fue levantado en presencia de los apóstoles y una nube lo ocultó a sus ojos (Hc 1, 8). Justamente este texto de Hechos es el que se propone para la liturgia de hoy como primera lectura. Tal vez lo más significativo de este texto es la misión que Jesús ha encomendado a los suyos de “ser sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hc 1, 8).

También la pregunta que les hacen a los apóstoles dos hombres vestidos de blando que se les aparecen y les dicen: ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Esa pregunta es otra forma de decir que la tarea ahora corresponde a los apóstoles. Por lo tanto, no se pueden quedar regocijándose por la aparición de Jesús sino sintiéndose comprometidos a cumplir la tarea que ahora está en sus manos. El evangelio de hoy corresponde al evangelio de Mateo quien no relata el texto de la ascensión, pero confía a los suyos la misma tarea: “Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos”.

Este corto texto tiene varios elementos que muestran el estilo de Mateo. Los once van a Galilea al monte que Jesús les había indicado. Mateo muchas veces señala el “monte” como ese lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Es en un monte que ocurre la tentación de Jesús (4.8), Jesús comienza su predicación en un monte (5.1), Jesús ora en un monte (14, 23), sigue enseñando y sanando desde un monte (15, 29), se transfigura en el monte (17,1) y, ahora se encuentra con los suyos en un monte.

El evangelio de Mateo es también el que remarca la novedad de bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Esta formula bautismal será la que se impondrá en la Iglesia hasta hoy, manteniendo esa dimensión trinitaria que nos haces hijos e hijas de Dios. Jesús manda a los discípulos a enseñar a guardar todo lo que él les ha mandado.

Es un mandato misionero porque la buena noticia de la resurrección de Jesús ha de comunicarse a todos y en todas partes. La tarea, por tanto, es hacer discípulos a todos los pueblos. La fuerza para cumplir esta misión viene de la promesa que hace Jesús de estar con ellos hasta el fin del mundo. Jesús no se va, sino que se queda con ellos para fortalecerlos en el cumplimiento de la misión encomendada.

La fiesta de la ascensión nos invita, por tanto, a renovar la tarea misionera que el Señor nos ha confiado con la certeza inquebrantable de su presencia entre nosotros porque, el Jesús del evangelio de Mateo, no asciende, sino que se queda con nosotros hasta el final de los tiempos.

Esta es nuestra misión: hacer «seguidores» de Jesús que conozcan su mensaje, sintonicen con su proyecto, aprendan a vivir como él y reproduzcan hoy su presencia en el mundo. Mateo describe la despedida de Jesús trazando las líneas de fuerza que han de orientar para siempre a sus discípulos, los rasgos que han de marcar a su Iglesia para cumplir fielmente su misión. El punto de arranque es Galilea. Ahí los convoca Jesús. La resurrección no los ha de llevar a olvidar lo vivido con él en Galilea. Allí le han escuchado hablar de Dios con parábolas conmovedoras. Allí lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y acogiendo a los más olvidados. Es esto precisamente lo que han de seguir transmitiendo.

08/05/2026

Rincón de la palabra:

Domingo 6º DE PASCUA (A) - Jn 14,15-21.

DIOS TRINO ES VIDA Y ESTÁ EN MÍ.

No estamos huérfanos.

Se habla de la presencia del Padre, Jesús y el Espíritu en los miembros de la comunidad. Quiere hacer ver que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante para nosotros hoy.

Jesús está revelando que el espíritu es ese amor que lleva a cumplir los mandamientos. No se cumplen los mandamientos para amar a Dios, sino porque se ama a Dios se cumplen o se guardan los mandamientos y, viviendo según ellos, se permanece en Dios. El evangelio de este domingo, prepara las fiestas de los próximos domingos: La Ascensión y Pentecostés.

Nos pone ante la realidad de Jesús vivo que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía. No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, el Padre y el Espíritu. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas, Padre, Jesús, Espíritu. Se habla de la misma realidad con nombres distintos. Insiste en la identidad de los tres.

Si me aman, guardarán mis mandatos. En el capítulo siguiente, quedan reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no ama a Jesús, ni al Padre, porque están en cada ser humano. Lo mandado es el amor.

Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino urgencia que viene del interior y que se manifiesta en obras. Yo pediré al Padre que les mande otro defensor que esté con ustedes siempre. No está hablando de una realidad distinta de lo que él o el Padre es. Será una nueva manera de experimentar el amor. Dice que mandará al Espíritu, después que él volverá y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Se trata de una realidad múltiple y a la vez única.

Defensor (paraklêtos) es el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor en un juicio. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Ahora, será el Espíritu el único defensor, pero más eficaz, porque los defenderá desde dentro.

No los voy a dejar desamparados. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al agredido, de forma que la supere sin que le afecte en nada. El mundo dejará de verme; ustedes, en cambio, me verán, porque yo tengo Vida y también ustedes la tendran. No se trata de la visión sensorial, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. El mundo dejará de verlo. Ellos que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva. Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la Vida del Padre, experimentarán la unidad con Jesús y con el Padre. Es el sentido más profundo del amor, unidad (ágape). Ya no hay sujeto que ama ni objeto amado. Es una experiencia de unidad tan viva que nadie podrá arrancarles.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. El domingo pasado iba a preparar sitio en el hogar del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo. Un versículo después dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él.

Tienen garantizada la presencia del Padre de Jesús y del Espíritu. Dios no tiene que venir de ninguna parte porque está en nosotros antes de empezar a ser. Queda confirmada la identidad de Jesús y del Padre. Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí mismo. Yo soy totalmente humano y divino.

¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

29/04/2026

Rincón de la palabra:

V DOMINGO DE PASCUA (Jn 14,1-12)

"Para los primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir”.

Revelar el rostro del Padre con obras, como lo hizo Jesús.

Jesús no les está pidiendo creer en ideas abstractas sino en las obras que ha realizado. Vivir este tiempo de Pascua es, por tanto, continuar afirmando la resurrección de Jesús no con palabras sino con obras. Hoy nosotros somos llamados a realizar las mismas obras de Jesús para que muchas personas puedan creer en él y conozcan el camino que nos lleva al Padre.

En este quinto domingo de Pascua, el evangelio de Juan nos ayuda a profundizar en las consecuencias que se desprenden de la resurrección. Jesús va a prepararnos un lugar en las modadas definitivas de la casa del Padre. Lo que nos pide es “creer”, actitud que quita la inquietud de los apóstoles (y también la nuestra) porque nos permite poner la confianza en quien, saliendo a nuestro encuentro, nos ha hecho la promesa de la vida plena con Él. Los dos personajes que aparecen en el texto, posibilitan ahondar en la promesa que nos hace Jesús. El primero es Tomás, quién escuchando a Jesús decir que volverá para llevarlos con él y que ellos conocen el camino, le dice que ellos no saben a dónde va y, por lo tanto, no conocen el camino.

Jesús le responde con el “Yo soy” -expresión que este evangelio utiliza en otros pasajes para decir que Jesús es “el pan de vida”, “el buen pastor”, “la vid verdadera”, “la resurrección”, “yo soy la puerta”, etc.- y, en este caso, Jesús es el “camino, la verdad y la vida”. Estos tres términos condensan la plenitud de vida que él nos promete, vida que no es abstracta o desconocida, sino la vida de Jesús con sus obras y sus opciones, revelándonos en qué consiste la promesa hecha. Todo eso lo han conocido los discípulos y ahora nosotros a través de ellos.

En primer lugar, descubrirlo como camino. Escuchar en él la invitación a caminar, avanzar siempre, no detenernos nunca, renovarnos constantemente, ahondar en la vida, construir un mundo justo, hacer una Iglesia más evangélica. Apoyarnos en Cristo para andar día a día el camino doloroso y al mismo tiempo gozoso que va desde la desconfianza a la fe. En segundo lugar, encontrar en Cristo la verdad. Descubrir desde él a Dios en la raíz y en el término del amor que los seres humanos damos y acogemos. Darnos cuenta, por fin, que la persona solo es humana en el amor. Descubrir que la única verdad es el amor, y descubrirlo acercándonos al ser concreto que sufre y es olvidado.

En tercer lugar, encontrar en Cristo la vida. En realidad, las personas creemos a aquel que nos da vida. Por eso, ser cristiano no es admirar a un líder ni formular una confesión sobre Cristo. Es encontrarnos con un Cristo vivo y capaz de hacernos vivir. Jesús es «camino, verdad y vida». Es otro modo de caminar por la vida. Otra manera de ver y sentir la existencia. Otra dimensión más honda. Otra lucidez y otra generosidad. Otro horizonte y otra comprensión. Otra luz. Otra energía. Otro modo de ser. Otra libertad. Otra esperanza. Otro vivir y otro morir.

El segundo personaje es Felipe quien escuchando decir a Jesús que, si lo conocen a él, conocen al Padre le pide que les muestre al Padre y eso basta. Jesús, con cierto tono de reproche le responde: ¿tanto tiempo ha estado con ustedes y todavía no me conocen? E inmediatamente remite a las obras que él ha hecho. En otras palabras, no les está pidiendo creer en ideas abstractas sino en las obras que ha realizado. Las curaciones, las comidas con pecadores, la inclusión de mujeres en su grupo, la misericordia infinita hacia todos, el amor de servicio que ha tenido, especialmente con los suyos, y todas las demás obras que realizó, son las que revelan cómo es el Dios de Jesús y es este Dios quien nos dará la vida plena como se la ha dado a Jesús con la resurrección. Vivir este tiempo de Pascua es, por tanto, continuar afirmando la resurrección de Jesús no con palabras sino con obras. Jesús nos dice que si creemos en él haremos sus mismas obras y aún mayores. Así como Jesús mostró, en su tiempo, al Dios en quien creía a través de sus obras, hoy nosotros somos llamados a realizar las mismas obras de Jesús para que muchas personas puedan creer en él y conozcan el camino que nos lleva al Padre.

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