06/08/2026
De la suntuosidad del “habit à la française” a lo sombrío del traje “a la inglesa”. Diana Fdez.
Para todos nos resulta algo habitual visualizar imágenes de hombres del siglo XIX, enfundados en conjuntos sombríos, muy similares unos a otros, elaborados en tejidos de tonos oscuros y sin apenas decoración. Efectivamente, con el nuevo siglo, el atuendo masculino inició la adopción de una manera de vestir opuesta a la de los precedentes. La ruptura con el esplendor del traje masculino, pautado por la nobleza cortesana, constituyó un hecho iniciado desde finales del siglo XVIII, pero para su estabilización requirió del fin de un acontecimiento de alcance universal: la Revolución Francesa (1789-1799).
A pesar de que desde Inglaterra se había propagado antes de 1789 el conocido como “traje inglés” en oposición al recargado atuendo cortesano, fue durante la Revolución Francesa cuando se difundió al mundo entero las ideas de esta democratización de la indumentaria y el cambio del vestir del hombre. Luego de la caída de la monarquía en 1792 se produce la aparición pública de una nueva propuesta de traje masculino, la cual encarnaba las ideas revolucionarias de los radicales franceses. Adoptado por los miembros de la Comuna, representaba el traje del jornalero del campo y de las ciudades. Conocidos como descamisados o “sans-culottes” a quienes la llevaran, la nueva propuesta, cuyos orígenes eran puramente políticos, transcendió en su significación social.
Al renunciar esta vestimenta a elementos fuertemente arraigados como atributos del “buen vestir” masculino (peluca empolvada, calzón corto y tejidos lujosos) y ser sustituidos por otros que hasta el momento eran característicos de las clases pobres, se daba paso al concepto vestimentario del hombre burgués, en oposición al que respondía a un régimen el cual ya designaban como “antiguo”. Y es ese el momento en que tales ideas se enlazan con la manera de vestir de los ingleses quienes, desde años antes, habían adoptado un atuendo sencillo, ausente de riqueza en tejidos ni decoración.
Desde mediados del siglo anterior, una creciente anglomanía estaba entrando en el gusto de los hombres, aún en Francia. No fueron pocos quienes comenzaron a vestirse a la inglesa, atuendo que se convertiría el preferido para ejercer la equitación, los caminos al aire libre, o, simplemente, para actividades informales. El “habit à la française” quedaría en uso para los salones, las ceremonias y la corte. La nueva era que trajo consigo la Revolución constituyó el detonante para que el estilo inglés alcanzar su máxima difusión.
A medida que se generaliza la sobriedad en el vestir masculino, se produce lo que sociólogo y filósofo Gilles Lipovetsky denomina como “la feminización del lujo”. Con la consolidación del traje burgués masculino, el adorno, la moda y el gasto suntuoso pasaron de ser un atributo compartido por ambos sexos en las élites, a convertirse en un dominio predominantemente asociado a lo femenino. El “nuevo hombre burgués” ejercería sus labores en la ciudad, su vida sería esencialmente urbana, no en los salones de las cortes, ni las fincas rurales. Su apariencia no debía mostrar poder económico, sino respeto desde la austeridad. La mujer, relegada a las tareas del hogar, sería quien marcaría el estatus social de la pareja.
Pero este proceso no se produjo de manera repentina. El cambio fue gradual, iniciado primeramente en las formas del traje, con el cambio de la casaca al frac o la levita. Asimismo, desde los primeros años del siglo se sustituyen los materiales: de las sedas y sus derivados con bordados e incrustados, a la lana y algodones. En los primeros años, sobre todo en Francia, los hombres mantienen color, aún en esos tejidos “no ricos”. Así podemos observar el uso de fracs de diversos tonos, desde el naranja, rojo, marrones, hasta verde o azules, con chalecos como único reducto de la fantasía en los tejidos, confeccionados en seda con bordados e incrustados.
La generalización del uso del pantalón largo, en sustitución del calzón corto, se produce a lo largo de las dos primeras décadas del siglo. Por tanto, hacia 1800-1810, algunos hombres utilizaban aún calzones, acompañados de medias, mientras que cada vez más, sobre todo los jóvenes, adoptan el pantalón largo, habitualmente muy ajustados y en tonos más claros que los de la chaqueta. Tanto calzones como pantalones podían estar introducidos dentro de las botas de altas cañas, como moda influenciada por la imagen de los soldados y oficiales de las guerras napoleónicas.
En los retratos seleccionados para ilustrar estos apuntes, observamos a hombres de diversas nacionalidades ataviados “a la inglesa”, cuatro de los cuales fueron ejecutados por el pintor francés Robert Lefèvre (1756–1830). El del noble ruso Andrei Ilyich Bezborodko (1783–1814), de 1804 y conservado en el Hermitage Museum de San Petersburgo, nos presenta al conde en un entorno natural, con fusta en mano, ataviado con un frac de cierre cruzado de tono casi negro, acompañado por un ajustado pantalón largo en color verde musgo. Otro de los retratos de Lefèvre es el de Pierre-Narcisse Guérin (1774-1833), destacado pintor y litógrafo francés, maestro del neoclasicismo y formador de grandes artistas románticos. En esta ocasión, no se define bien si el modelo lleva una levita o un redingote.
Sobre el resto de las prendas y complementos que acompañan el atuendo del hombre burgués me he detenido en anteriores publicaciones. Solamente recordar que parte de ese gusto por el “traje inglés” exigía, sobre todo, la habilidad para su confección. Y fueron los sastres ingleses los más demandados, al lograr perfeccionar las técnicas de su elaboración. La transformación en la manufactura de las prendas al disponer también de la selección del tejido, la definición de nuevo patronaje con mayor adecuación a la diversidad de anatomía masculina, las nuevas formas de medición... son solo algunas de las novedades que posibilitaron la fama y el reclamo de la sastrería inglesa.
Más información:
Díez, José Luis (2016): “Frac, 1890. La Belle Jardinière”. En: El Modelo del mes. Museo del Traje
https://www.cultura.gob.es/mtraje/en/dam/jcr:5f9ad20e-cb9a-4f2c-a9bc-2f245756a849/12-2016.pdf
Lipovetsky, Gilles / Roux, Elyette (2014): El Lujo Eterno. De la Era de lo Sagrado al Tiempo de las Marcas. Ed. Anagrama, Barcelona.