OCDS Provincia de San Alberto, México.

OCDS Provincia de San Alberto, México. Página para comunicarnos las fraternidades de la Orden Seglar de la Provincia de San Alberto y con otras ramas de la Orden.

25/12/2025
17/11/2025

✨ Segovia abrirá el Año Jubilar de San Juan de la Cruz ✨

Del 12 al 15 de diciembre, la ciudad se convertirá en un gran punto de encuentro para celebrar el III centenario de la canonización y el I centenario del doctorado de San Juan de la Cruz.

Habrá actos culturales, celebraciones especiales, oración, reflexión y momentos únicos como la apertura de la Puerta Jubilar, la conferencia del P. Salvador Ros, OCD, la vigilia sanjuanista, y la misa presidida por el P. Miguel Márquez, Prepósito General.

Segovia se prepara para acoger a quienes desean reencontrarse con la vida, la obra y la luz de este maestro del espíritu cuya voz sigue guiando caminos tres siglos después.

🕯️ “A la tarde te examinarán en el amor.”

17/11/2025
02/11/2025

😮 El día que el padre Gracián y el padre Antonio de Jesús de Heredia tuvieron una como aparición de un ser informe de muchos tentáculos en el Hospital Tavera, en Toledo...

Lo cuenta el mismo Gracián en su libro La Peregrinación de Anastasio:

“Otra vez, estando el padre fray Antonio de Jesús y yo en Toledo, en el Hospital de Tavera, paseándonos de noche diciendo completas en un sótano que está debajo de la enfermería de aquel hospital, vimos ponerse en las rejas que caían a un jardín una fantasma muy grande, con muchos rabos, como pulpo, que nos espantó, y echamos a correr; tanto, que fray Alberto —un fraile lego que llevábamos con nosotros— se admiró de nuestra liviandad, pareciéndole que apostábamos a quién correría más.”

Se lo contaron luego a la Madre Teresa, que estaba allí, en su convento de Toledo…
Y la Santa, al oír el relato, no paraba de reír 🤣

Y así quedó el episodio en la historia: la noche en que dos frailes carmelitas casi fundan la primera carrera de relevos del Carmelo... perseguidos por un monstruo de ultratumba con tentáculos. 🏃‍♂️🏃‍♂️💨👻🐙

Ecos Teresianos

02/11/2025

Un dos de noviembre de 1535, Doña Teresa de Ahumada ingresaba al Monasterio de la Encarnación...

Teresa comunicó a su padre el deseo de hacerse monja, pero éste se negó a que lo pudiera realizar «mientras él estuviera vivo». Así que esperó el momento oportuno para huir en medio de la noche, en compañía de su hermano Antonio, al que había convencido para que entrara en los Dominicos. Era el 2 de noviembre de 1535. Teresa contaba 20 años y era tal el afecto que tenía a su padre, que sintió un terrible dolor al dejar su casa: «No creo será más el sentimiento cuando me muera, porque me parece que cada hueso se me apartaba de su sitio» (V 4,1). Pronto aceptó su padre la novedad y ofreció una generosa dote: veinticinco fanegas de pan, una cama con dos colchones, seis almohadas, dos cojines, alfombras, ropas abundantes, hábitos, sayas, mantos, velas, limosnas... y hasta tocas nuevas y un banquete para todas las religiosas del convento. Ella se adaptó bien a su nuevo estado: «En tomando el hábito, entróme un gran contento, que no me ha faltado hasta hoy» (V 4,2).

Ecos Teresianos

01/11/2025

1 de noviembre, Todos los Santos: historia, liturgia y espiritualidad

La fiesta de Todos los Santos hunde sus raíces en la memoria agradecida que el pueblo de Dios ha tenido siempre hacia quienes nos precedieron en la fe. Ya en el Antiguo Testamento, Israel invocaba la intercesión de los antepasados justos: «Acuérdate de Abrahán, Isaac y Jacob, siervos tuyos» (Éx 32,13). Con esta misma actitud, los primeros cristianos veneraron a los apóstoles, a los discípulos del Señor y, muy especialmente, a los mártires que habían derramado su sangre por amor a Cristo. En el aniversario de su muerte (considerado su “dies natalis”, su nacimiento a la vida eterna), la comunidad celebraba la eucaristía en acción de gracias por su testimonio y pedía su intercesión.

En los siglos siguientes, la Iglesia de Oriente comenzó a celebrar una fiesta en honor de todos los mártires. Roma adoptó esta tradición y, en el año 609, el papa Bonifacio IV consagró el antiguo Panteón de Agripa (templo pagano dedicado a “todos los dioses”) a la Virgen María y a todos los mártires. Aquel gesto tuvo una profunda carga simbólica: el lugar que antes acogía las imágenes de los dioses falsos se transformó en templo del Dios vivo y verdadero, que comunica su vida a los hombres y los hace partícipes de su gloria.

Con el paso del tiempo, la fiesta se amplió para honrar no solo a los mártires, sino a todos los santos: a esa «muchedumbre inmensa, que nadie puede contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). En tiempos del papa Gregorio IV (siglo IX), la celebración se fijó el 1 de noviembre, extendiéndose por todo Occidente. Desde entonces, la Iglesia recuerda en una sola solemnidad a todos los que alcanzaron la plenitud de la vida en Dios, tanto a los canonizados como a los innumerables santos anónimos que, cada uno en su estado de vida y circunstancias concretas, vivieron el evangelio con fidelidad y amor.

La liturgia de este día no forma un ciclo independiente, sino que prolonga la celebración del misterio pascual. En los santos resplandece la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Cada uno de ellos, con su vida, demuestra que el evangelio tiene fuerza para transformar al ser humano en cualquier tiempo y cultura.

La fiesta de Todos los Santos tiene, por tanto, un triple sentido:
- En primer lugar, de gratitud y alabanza, porque en los santos se manifiesta la santidad misma de Dios.
- En segundo lugar, de comunión e intercesión, pues ellos, unidos ya a Cristo, interceden por nosotros y nos acompañan en el camino.
- En tercer lugar, de esperanza y llamada, porque todos los creyentes estamos llamados a participar de esa misma gloria, viviendo las bienaventuranzas en la vida cotidiana.

El día siguiente, 2 de noviembre, la Iglesia celebra la conmemoración de los fieles difuntos. Ambas fiestas, colocadas una junto a otra, expresan el misterio de la comunión de los santos: los que peregrinamos en la tierra, los que se purifican en el amor de Dios y los que ya gozan de su presencia formamos un único cuerpo en Cristo.

Como decía san Bernardo, el recuerdo de los santos no añade nada a su gloria, pero enciende en nosotros el deseo de seguir sus huellas. Su ejemplo y su intercesión nos invitan a levantar la mirada hacia el cielo, a buscar las cosas de arriba y a vivir con la esperanza de compartir un día su dicha eterna, cuando Dios «enjugará las lágrimas de nuestros ojos y ya no habrá muerte, ni llanto, ni dolor» (Ap 21,4).

01/11/2025

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01/11/2025

Santa Teresa de Jesús en el tiempo de la Contrarreforma y del Concilio de Trento

Cuando pensamos en Santa Teresa de Jesús, debemos situarla en el gran contexto de la Contrarreforma, el movimiento de renovación espiritual y eclesial que surgió en la Iglesia a mediados del siglo XVI como respuesta a la Reforma protestante y que tuvo como punto de referencia el Concilio de Trento (1545-1563).

Este movimiento no fue solo una reacción frente a las divisiones producidas por Lutero, sino una corriente de renovación profunda, que buscaba revitalizar la vida cristiana, la teología, el arte, la liturgia y la formación del clero. En ese ambiente de búsqueda de autenticidad y reforma interior, surgieron grandes figuras como San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz y, de manera muy destacada, Santa Teresa de Jesús.

1. Teresa y el Concilio de Trento: una vida en paralelo

La vida y la obra de Santa Teresa de Jesús se desarrollan casi al mismo tiempo que el Concilio de Trento y la aplicación de sus decisiones en toda la Iglesia. Mientras el Concilio se abría en 1545, Teresa, huérfana de padre desde 1544, vivía sus primeras luchas interiores. En 1547, durante la segunda etapa conciliar celebrada en Bolonia, ella experimentaba el inicio de su conversión profunda, que culminaría en 1554 con el despertar de su vida mística. Entre 1560 y 1563, mientras el Concilio celebraba su tercera y decisiva fase en Trento, Teresa escribía sus primeras obras espirituales y fundaba su primer convento reformado. Finalmente, entre 1565 y 1582, años dedicados a la aplicación del Concilio en España, la Santa continuó incansablemente sus fundaciones hasta su muerte en 1582. Así, la historia de Teresa y la historia del Concilio avanzan en paralelo: dos caminos distintos pero unidos por el mismo impulso de renovación espiritual que marcó profundamente a la Iglesia del siglo XVI.

2. Ecos del Concilio en su experiencia y en sus escritos

Las noticias de Trento llegaban hasta Ávila a través de teólogos dominicos y jesuitas. Teresa conocía los debates, especialmente los que trataban la situación de Francia y el avance del protestantismo. En Camino de perfección expresa su dolor por los estragos de los “luteranos” y reza por ellos, al ver cuánto sufría la Iglesia.

Entre las decisiones del Concilio que más influyeron en ella destacan las referentes a:

La justificación y la gracia, tema central en sus obras desde el Libro de la Vida hasta Las Moradas.

La pobreza y la reforma de los monasterios, que la llevó a revisar sus Constituciones y a exigir mayor fidelidad al Evangelio.

La clausura de las monjas, decretada de modo más estricto por el Concilio, lo que obligó a Teresa a ajustar sus comunidades a esas normas, aunque su ideal ya tendía al “mucho encerramiento” por motivos espirituales más que jurídicos.

Estos decretos, sin embargo, también le trajeron dificultades. Muchos la criticaban por salir del convento para fundar, alegando que el Concilio lo prohibía. Sufrió la oposición de teólogos, provinciales y nuncios, lo que la obligó a suspender las fundaciones durante cuatro años.

3. Su auténtica aportación: una reforma del espíritu

Pero Teresa no fue simplemente una “reformadora” más. Su contribución no consistió en aplicar decretos, sino en revivir el corazón del Evangelio.

En una época de rupturas religiosas y guerras, ella tomó una postura clara:

Defendió apasionadamente la unidad de la Iglesia católica y oró por quienes se habían separado.

Condenó toda violencia: “No a fuerza de armas” (Camino 3,1), escribió, aunque el censor eliminó luego esa frase.

En Las Moradas, su oración final pide luz para los que se alejaron de la Iglesia y fortaleza para ella misma.

Su fidelidad a la Iglesia fue total:

“Por una verdad de la Sagrada Escritura o por la menor ceremonia de la Iglesia moriría mil muertes” (Vida 33,5).

4. Humanismo y mística: su gran legado

Santa Teresa aporta al espíritu de la Contrarreforma algo muy original: su humanismo cristiano y su misticismo vivido.

Su visión del ser humano es profundamente positiva: el alma es como un castillo interior, un jardín o una fuente, imagen de una persona llamada a la unión con Dios y abierta a lo trascendente. Y su experiencia mística no es abstracta: habla de Dios desde la vida, desde la experiencia concreta de oración, lucha y transformación interior.

Por eso, más que una figura del pasado, Teresa es un testigo profético: una mujer que, en medio de las crisis religiosas de su tiempo, supo recordar a la Iglesia que la verdadera reforma comienza en el corazón.

Basado en: P. Tomás Álvarez, 100 fichas de Santa Teresa (Ficha 81: “Santa Teresa en la estela de la Contrarreforma y de Trento”).

Ecos Teresianos

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