02/08/2026
ESTAMOS EN DESPOBLADO Y EMPIEZA A OBSCURECER
Quisiera partir de estas palabras que los discípulos dijeron a Jesús. El texto menciona también “se hacía tarde” con lo que fácilmente podríamos aludir al tiempo físico; El “kronos” que es el tiempo del hombre, el que nosotros disponemos y controlamos y que tenemos que cumplir a cabal forma, en donde hasta buscamos medios para administrarlo mejor como las agendas, los relojes y los modernos dispositivos electrónicos.
Pero la verdad es que el texto de hoy, queridos hermanos, no alude a este “Kronos” que el hombre está acostumbrado a ver y a percibir. El hecho de decir “se hacía tarde”, marca un límite, un aviso de que algo se terminará y después quién sabe qué suceda. Y por si fuera poco (volviendo a las palabras que encabezan esta reflexión) en el ambiente del texto vemos que existe una “aridez” acompañado de una obscuridad que se avecina. El hecho de que los discípulos le pidan a Jesús que “despida a la gente” es la válvula de escape rápida en cuanto vemos un problema que creemos no poder afrontar; ellos creen no poder solucionar el problema y buscan ayuda para solucionarlo. Dios está ahí, pero pareciera que no es suficiente.
Hermanos queridos. Cuando la vida nos plantea situaciones difíciles que interfieran con nuestro “kronos” tendemos a buscar alternativas para poder cumplir con nuestros proyectos a como de lugar. Incluso, podemos llegar a renegar de eso si es que no sale como lo planeamos. Así, nos encontramos entonces con ejemplos de nuestra propia historia; nos hacemos un molde de lo que “podría” ser nuestra vida y cuando las circunstancias son otras, empezamos a dudar de nosotros y tratar de “abortar la misión”. Incluso, decir que “ahora no es tiempo, sino después cuando ya esté todo acorde a lo que creo que va a ser” también es una forma de evadir la realidad, buscando una perfección que no se dará nunca, siendo exigentes con nosotros mismos.
Cuántas veces queridos hermanos, no hemos decidido “tirar la toalla” en nuestros proyectos que no salen como queremos, en nuestra vivencia vocacional a la que hemos sido llamados, y que cuando los signos simplemente se esconden, empezamos a usar nuestros recursos propios para encontrar una respuesta a esas fallas, a ese silencio, para terminar haciéndonos una pregunta que, aunque simple, está lleno de una carga emocional enorme; ¿DÓNDE ESTÁ DIOS?…
Ahí todo se viene abajo, así, si nos decimos creyentes, empezamos a dudar de Dios y decir que es una falsa ilusión, una invención del hombre, alguien que solo presenta eventos fantásticos para darse a notar y que, nosotros no merecemos eso, que somos personas abandonadas por Dios.
¡Cuidado! Ahí es donde empezamos a exigir a Dios a nuestro modo, a querer someterlo a nuestro “Kronos” y que nos cumpla de manera evidente, de lo contrario, simplemente no existe y no es bueno con nosotros.
Lo que poco sabemos, es que Dios tiene su propio tiempo, el “kairós” que no tiene límites, que no necesita medirse y que no se vence conforme pasa. Y que no va acorde con el “kronos” que marca tiempos específicos de espera y cumplimiento, sino que éste actúa conforme a lo que Dios ve si es bueno para el corazón o no.
La respuesta a esa pregunta que nos hacemos está en la fe que tengamos a Dios. Dependiendo de ello, podemos encontrar una respuesta pronta y confiable. Pero de cualquier manera Él nos da pistas para ello, por eso escuchamos en la primera lectura como se presenta Dios como un banquete que nos sacia, nos llena y fortalece. Damos gracias a Él en el salmo a manera de súplica. Y finalmente San Pablo nos recuerda que a pesar de toda clase de tribulaciones, Dios no nos deja solos porque su amor y su misericordia son infinitos, este es el “Kairós” que existe dentro del “kronos”.
Jamás comparemos el pensar de Dios con el nuestro, no dejemos que “la loca de la casa” que de manera singular Santa Teresa de Jesús llama a la imaginación nos domine, al final, somos nosotros que nos hacemos esclavos de nuestro propio pensar y cosas que dejamos que nos ceguen la vista, impidiendo que Jesús nos hable y consuele.
Que Jesús, luz y vida para todo hombre, traiga la paz a esos corazones inquietos y sedientos de Él que aún sin saberlo, buscan una calma y una tranquilidad. Que en las situaciones de aridez, y de sequedad, Cristo sea ese oasis que nos refresque el corazón para poder seguir amándolo y dar testimonio de Él con quien no lo conoce y así, estar en sintonía como hermanos que somos teniendo a Dios como nuestro salvador y consuelo de almas abatidas.
¡Que así sea!
Sem. Daniel Flores
XVIII DOMINGO ORDINARIO
2 de Agosto, 2026