01/05/2026
"SIN ACCESO AL TRABAJO FORMAL NO HAY INTEGRACIÓN POSIBLE"
Las personas migrantes en México tienen derecho a trabajar con dignidad.
Memoria litúrgica de San José Obrero — Día Internacional del Trabajo
México reconoce derechos a las personas migrantes en su Constitución y en los tratados internacionales que ha suscrito, pero se los niega en los hechos al imponerles laberintos administrativos que les cierran las puertas del trabajo formal.
La realidad que enfrentan, sin embargo, es muy distinta. La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) acumula un rezago histórico que mantiene a las personas solicitantes de la condición de refugiado en espera de meses, e incluso años, para una resolución. El Instituto Nacional de Migración (INM) ha vuelto sus trámites de regularización lentos y costosos. La obtención de la Clave Única de Registro de Población (CURP) —indispensable para inscribirse al IMSS, abrir una cuenta bancaria, firmar un contrato de arrendamiento o ser dado de alta en una nómina formal— se ha convertido en un obstáculo insalvable para quien aún no logra documentar su estancia regular. El resultado es previsible y doloroso: miles de personas son empujadas a la economía informal, a jornadas extenuantes mal pagadas, al trabajo no remunerado, al riesgo de la trata laboral y a las múltiples formas de explotación.
Como Iglesia que peregrina con los migrantes lo afirmamos sin ambigüedad: no hay integración real sin acceso efectivo al trabajo formal. Pueden multiplicarse los discursos de bienvenida, las campañas de inclusión y los programas asistenciales, pero mientras una persona migrante no pueda firmar un contrato, cotizar a la seguridad social, recibir las prestaciones de ley y percibir un salario justo, su integración será una ficción y su dignidad permanecerá vulnerada. La integración no se decreta: se construye sobre la base material del trabajo digno.
En este Día Internacional del Trabajo y memoria de San José Obrero, encomendamos al patrono de los trabajadores y custodio de la Sagrada Familia migrante a todas las personas en movilidad que en México buscan ganarse el pan con dignidad.
Que su intercesión sostenga su esperanza, ilumine a las autoridades para escuchar sus clamores y mueva los corazones de la sociedad mexicana hacia una hospitalidad que se traduzca en oportunidades reales.
El trabajo digno no es un privilegio: es un derecho. Donde se niega el acceso al trabajo, se niegan también la integración, la justicia y la paz.
P. Juan Luis Carbajal Tejeda, c.s.
Director
Pastoral de Movilidad Humana
Vicaría de Laicos en el Mundo
Arquidiócesis Primada de México