24/05/2026
El corazón de nuestra Fiesta Patronal es la Santa Misa y cabe la necesidad de recordar que no es "otra Misa más de otra fiesta anual". Los ciclos no consisten en una simple repetición. Humanamente la dimensión mística que tienen nos conducen al origen. Mas, ¿cómo entenderlo?
El principio fue precisamente lo que motivó la reflexión filosófica por el gran interrogante que implica. La respuesta, naturalmente, no es simple pues conlleva adentrarse en la existencia misma y por ello el acercamiento a este principio suele ser representado a través de los símbolos.
Los símbolos se componen de un significante y un significado. La cualidad del significante es que es sensible: puede verse, olerse, degustarse, sentirse y escucharse. Este componente puede ser incluso más importante que el significado mismo. A veces solo queremos respuestas, pero no siempre son necesarias.
Al llegar el día de Pentecostés, no estamos repitiendo nada; sino que estamos viviendo un acontecimiento que, por su vínculo con el origen, es siempre nuevo. Y se nos manifiesta precisamente de forma sensible por los sacramentos. Este día nuestros sentidos perciben el sobrio y buen sabor de la Sagrada Hostia, el delicioso aroma de nuestra Confirmación, escuchamos la Palabra de Dios, sentimos el peso de nuestro cuerpo en las rodillas al contemplar la Consagración y nuestros ojos contemplan la grandeza del templo como Casa de Dios.
Como señala el Evangelio, el Espíritu Santo "Nos los enseñará todo" (Jn. 14, 26), y es justo comprender lo incomprehensible. No significa que el Espíritu Santo viene a "darnos clases", sino a manifestar en nuestro interior el sentido último de toda la existencia. Rebasa nuestras palabras o nuestros pensamientos al grado de saber lo que no sabemos, pero que entendemos que está allí.
La antigua antífona de comunión señala perfectamente cómo es esto:
"De repente vino del cielo un estruendo,
como de un viento impetuoso que llegaba,
allí donde estaban sentados, aleluya;
y todos quedaron llenos del Espíritu Santo,
proclamando las maravillas de Dios, aleluya, aleluya". (Hch. 2, 2.4)
Esta antífona se puede comprender en tres elementos: la acción de Dios conforme su voluntad, el "sentarse" entendido como disposición y la acción conjunta de Dios con los hombres.
Por tanto, más que una reflexión filosófica, hemos de preguntarnos si nuestro corazón esta dispuesto a acoger los dones del Espíritu Santo. A veces todo es tan simple como dejar que Dios actúe en nosotros, cuando quiera, como quiera y donde quiera.
Este Domingo, se nos enseñará todo y hemos de estar dispuestos a vivir este acontecimiento. Nos vemos en el templo parroquial para celebrar la Santa Misa y vivir con alegría nuestra fiesta patronal. Contaremos con transmisión para quien lo necesite.