16/07/2023
LA RESPUESTA DE DIOS A LOS QUE LO NIEGAN (PARTE 3/3)
San Juan Pablo II, fue un instrumento maravilloso en las manos de Dios para cumplir con las peticiones de Nuestra Señora de Fátima, incluyendo la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María en unión con todos los obispos del mundo católico y aquellos de la Iglesia Ortodoxa que se unieron con ellos. Por esta consagración colegiada del 25 de marzo de 1984, la Iglesia Universal cumplió con los deseos de Nuestra Señora de Fátima, quien prescribió este acto de colegialidad entre los obispos del mundo de convertir a Rusia y muchos pecadores y traer una era de paz a la tierra. ¡Sólo seis años después, el mundo vería los grandes cambios cualitativos en el mapa político de Europa sin derramamiento de sangre!
Los grandes esfuerzos y contribuciones de la cruzada del Papa San Juan Pablo II para cumplir la profecía de Fátima son extraordinarios: La caída del comunismo ateo en Europa del Este, comenzando con Polonia, país natal de este Papa; el colapso de la Unión Soviética y su régimen, sin derramamiento de sangre; la apertura de los viejos países comunistas al Evangelio de Jesucristo y la apertura a una libertad religiosa; la prevención de una guerra nuclear calamitosa que podría haber sucedido entre 1985-1986, conforme a algunos documentos revelados de las agencias de inteligencia y la correspondencia de la Hermana Lucía con el Santo Padre; la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania; el final de la Guerra Fría y la apertura de una nueva era de colaboración y mejor entendimiento entre las naciones. Las contribuciones del Papa San Juan Pablo II a estos logros son de la mayor magnitud. Estos cambios en el mundo pueden ser etiquetados como “el Gran Milagro del siglo XX”. ¡Tal GRACIA Y MISERICORDIA, derramada a través de Fátima, debería haber producido en los corazones de la gente la más profunda gratitud al Señor de la Historia quien salvó al mundo de terribles amenazas de guerra y destrucción! ¡Esa gratitud debería haber movido a los corazones de la gente a la conversión de numerosos pecadores!
Aunque ha habido grandes mejoras en la eliminación de las estructuras malignas que impedían a sociedades enteras a creer, amar y servir a Dios, también es cierto que muchas personas han ignorado el gran don de GRACIA Y MISERICORDIA concedido desde el cielo.
Pero la humanidad es libre de seguir a Dios o abandonar Su camino. Actualmente el mundo está sumergido en una crisis espiritual y moral. El Papa San Juan Pablo II, iluminado por el Espíritu Santo, vislumbró la crisis actual y lanzó precisamente desde el Santuario de Fátima la encíclica “Centesimus Annus” conmemorando los 100 años de la encíclica “Rerum Novarum” por el Papa León XIII. La doctrina social de la Iglesia y la Nueva Evangelización son ofrecidas por el Papa Juan Pablo II como los instrumentos necesarios para construir un nuevo mundo luego del colapso de la Cortina de Hierro. Es esencial sustituir las estructuras opresivas de las sociedades materialistas y ateas con la “civilización del amor” enseñada por el Evangelio de Jesucristo, adquiriendo los valores y el estilo de vida misericordioso de la vida cristiana. El mundo debe ser re-evangelizado. Dios debe estar en el centro de las culturas y la civilización: ¡Dios debe ser primero! ¡Dios tiene la primacía!
San Juan Pablo II, fue un instrumento maravilloso en las manos de Dios para cumplir con las peticiones de Nuestra Señora de Fátima, incluyendo la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María en unión con todos los obispos del mundo católico y aquellos de la Iglesia Ortodoxa que se unieron con ellos. Por esta consagración colegiada del 25 de marzo de 1984, la Iglesia Universal cumplió con los deseos de Nuestra Señora de Fátima, quien prescribió este acto de colegialidad entre los obispos del mundo de convertir a Rusia y muchos pecadores y traer una era de paz a la tierra. ¡Sólo seis años después, el mundo vería los grandes cambios cualitativos en el mapa político de Europa sin derramamiento de sangre!
Los grandes esfuerzos y contribuciones de la cruzada del Papa San Juan Pablo II para cumplir la profecía de Fátima son extraordinarios: La caída del comunismo ateo en Europa del Este, comenzando con Polonia, país natal de este Papa; el colapso de la Unión Soviética y su régimen, sin derramamiento de sangre; la apertura de los viejos países comunistas al Evangelio de Jesucristo y la apertura a una libertad religiosa; la prevención de una guerra nuclear calamitosa que podría haber sucedido entre 1985-1986, conforme a algunos documentos revelados de las agencias de inteligencia y la correspondencia de la Hermana Lucía con el Santo Padre; la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania; el final de la Guerra Fría y la apertura de una nueva era de colaboración y mejor entendimiento entre las naciones. Las contribuciones del Papa San Juan Pablo II a estos logros son de la mayor magnitud. Estos cambios en el mundo pueden ser etiquetados como “el Gran Milagro del siglo XX”. ¡Tal GRACIA Y MISERICORDIA, derramada a través de Fátima, debería haber producido en los corazones de la gente la más profunda gratitud al Señor de la Historia quien salvó al mundo de terribles amenazas de guerra y destrucción! ¡Esa gratitud debería haber movido a los corazones de la gente a la conversión de numerosos pecadores!
Aunque ha habido grandes mejoras en la eliminación de las estructuras malignas que impedían a sociedades enteras a creer, amar y servir a Dios, también es cierto que muchas personas han ignorado el gran don de GRACIA Y MISERICORDIA concedido desde el cielo.
Pero la humanidad es libre de seguir a Dios o abandonar Su camino. Actualmente el mundo está sumergido en una crisis espiritual y moral. El Papa San Juan Pablo II, iluminado por el Espíritu Santo, vislumbró la crisis actual y lanzó precisamente desde el Santuario de Fátima la encíclica “Centesimus Annus” conmemorando los 100 años de la encíclica “Rerum Novarum” por el Papa León XIII. La doctrina social de la Iglesia y la Nueva Evangelización son ofrecidas por el Papa Juan Pablo II como los instrumentos necesarios para construir un nuevo mundo luego del colapso de la Cortina de Hierro. Es esencial sustituir las estructuras opresivas de las sociedades materialistas y ateas con la “civilización del amor” enseñada por el Evangelio de Jesucristo, adquiriendo los valores y el estilo de vida misericordioso de la vida cristiana. El mundo debe ser re-evangelizado. Dios debe estar en el centro de las culturas y la civilización: ¡Dios debe ser primero! ¡Dios tiene la primacía!