05/04/2026
Sábado Santo 4.04.2026
“Ha resucitado e irá delante de ustedes a Galilea”. Mt 28, 1-10
Hoy celebramos el Sábado Santo, el día del reposo del Señor mu**to y sepultado, el día del descenso del Señor a los infiernos para proclamar allí el Evangelio y rescatar a todos los que estaban sometidos al poder de la muerte. Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, en oración y silencio, esperando su resurrección gloriosa. Es el día santo que nos invita a meditar en la muerte de Jesús y en su significado salvífico en favor nuestro. Este es el segundo día alitúrgico, además de ayer Viernes Santo, en el cual no se celebra la Santa Misa y tampoco se comulga, es un día para rezar personal o comunitariamente, para hacer silencio, para hacer un retiro espiritual. Al caer la noche empieza el tercer día de Santo Triduo Pascual, el Domingo de Resurrección (según la forma de contar los días de los judíos) y empieza con la celebración de la Solemne Vigilia Pascual que tiene cuatro partes: la primera es la Liturgia de la luz o Lucernario en la que se enciende el Cirio Pascual con las llamas del fuego nuevo recién bendecido.
La segunda es la Liturgia de la Palabra en la que se leen nueve lecturas, siendo la central el Evangelio según San Mateo que presenta el relato de la tumba abierta y vacía (el Amor de Jesús es más fuerte que el poder de la Muerte). Las mujeres valientes y discípulas fieles, que estaban en la sepultura de Jesús y en la escena de la cruz, visitan el sepulcro, donde se repiten los mismos signos apocalípticos que en la cruz, dando a entender la unidad de ambas realidades. Allí reciben, como don, el significado de lo sucedido: “Ha resucitado”, y el encargo del anuncio a las santas mujeres de que Jesús ha resucitado, a los discípulos varones, (hecho por el ángel cuyas “vestiduras eran blancas como la nieve” y representan la vida en toda su plenitud). Magdalena es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: "Ve y dile a mis hermanos.." ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.
La tercera parte es la Liturgia Bautismal en la que todos renovamos nuestras promesas bautismales después de habernos preparado durante la Cuaresma. Al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos "del agua y del Espíritu Santo", y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la "tierra", que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo.
La cuarta y última parte es la Liturgia Eucarística (o Misa) en la que comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, Cuerpo entregado y Sangre derramada por nosotros. Agradezcamos su inmenso sacrificio muy profundamente porque gracias a ello, él vino a darnos salvación para ir al Reino de Dios. ¿Cómo santifico este Sábado Santo? ¿Cómo puedo agradecer al Señor su inmenso e inmerecido amor por mí y por todos? ¿Me he dado tiempo, en estos días, para orar en forma personal y silenciosa? ¿Qué significado tiene la crucifixión y resurrección de Jesucristo en mi vida y en de la humanidad?