Parroquia San Antonio de Padua Tezonco

Parroquia San Antonio de Padua Tezonco PARROQUIA SAN ANTONIO DE PADUA TEZONCO

Matías Romero 57, San Lorenzo Tezonco, Iztapalapa, 09790 Ciudad de México, CDMX.
5558401347

05/04/2026

Sábado Santo 4.04.2026
“Ha resucitado e irá delante de ustedes a Galilea”. Mt 28, 1-10


Hoy celebramos el Sábado Santo, el día del reposo del Señor mu**to y sepultado, el día del descenso del Señor a los infiernos para proclamar allí el Evangelio y rescatar a todos los que estaban sometidos al poder de la muerte. Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, en oración y silencio, esperando su resurrección gloriosa. Es el día santo que nos invita a meditar en la muerte de Jesús y en su significado salvífico en favor nuestro. Este es el segundo día alitúrgico, además de ayer Viernes Santo, en el cual no se celebra la Santa Misa y tampoco se comulga, es un día para rezar personal o comunitariamente, para hacer silencio, para hacer un retiro espiritual. Al caer la noche empieza el tercer día de Santo Triduo Pascual, el Domingo de Resurrección (según la forma de contar los días de los judíos) y empieza con la celebración de la Solemne Vigilia Pascual que tiene cuatro partes: la primera es la Liturgia de la luz o Lucernario en la que se enciende el Cirio Pascual con las llamas del fuego nuevo recién bendecido.
La segunda es la Liturgia de la Palabra en la que se leen nueve lecturas, siendo la central el Evangelio según San Mateo que presenta el relato de la tumba abierta y vacía (el Amor de Jesús es más fuerte que el poder de la Muerte). Las mujeres valientes y discípulas fieles, que estaban en la sepultura de Jesús y en la escena de la cruz, visitan el sepulcro, donde se repiten los mismos signos apocalípticos que en la cruz, dando a entender la unidad de ambas realidades. Allí reciben, como don, el significado de lo sucedido: “Ha resucitado”, y el encargo del anuncio a las santas mujeres de que Jesús ha resucitado, a los discípulos varones, (hecho por el ángel cuyas “vestiduras eran blancas como la nieve” y representan la vida en toda su plenitud). Magdalena es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: "Ve y dile a mis hermanos.." ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.
La tercera parte es la Liturgia Bautismal en la que todos renovamos nuestras promesas bautismales después de habernos preparado durante la Cuaresma. Al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos "del agua y del Espíritu Santo", y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la "tierra", que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo.
La cuarta y última parte es la Liturgia Eucarística (o Misa) en la que comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, Cuerpo entregado y Sangre derramada por nosotros. Agradezcamos su inmenso sacrificio muy profundamente porque gracias a ello, él vino a darnos salvación para ir al Reino de Dios. ¿Cómo santifico este Sábado Santo? ¿Cómo puedo agradecer al Señor su inmenso e inmerecido amor por mí y por todos? ¿Me he dado tiempo, en estos días, para orar en forma personal y silenciosa? ¿Qué significado tiene la crucifixión y resurrección de Jesucristo en mi vida y en de la humanidad?

03/04/2026

Viernes 3.04.2026
“Apresaron a Jesús y lo ataron”. Jn 18, 1-19, 42


¡Cuántas veces nos hemos reunido para celebrar el Viernes Santo! Desde pequeños hemos visto la imagen de Jesús: como entrega y donación para reconciliar al mundo con el Padre, para hacer la unidad entre los hombres, enfrentados, divididos, separados. Hoy volvemos a reunirnos muy sencillamente y en familia para orar. No para llorar, no simplemente para recordar, sino para hacer nuestra la Pasión de Jesús, para celebrar con alegría esta donación de Cristo que hace la unidad de los hermanos. Los sentimientos que deben primar hoy en esta celebración del Viernes Santo son el amor, la alegría, la actualidad. ¡El amor! lo que da sentido a la Pasión de Jesús y a su muerte, es precisamente su obediencia de amor al Padre, para el servicio redentor de los hombres. Es el amor al Padre: "Para que sepa el mundo que yo amo al Padre y conforme al mandamiento que me ha dado, así lo hago" (Jn 14,31). Así anunció Jesús su partida para la cruz. La Pasión de Jesús sólo se entiende desde esta profundidad de obediencia amorosa de Jesús al plan del Padre. El Padre lo quiso así.
El Padre nos amaba tanto a los hombres que no perdonó a su propio hijo y lo llevó a la muerte. Es el amor de Cristo que nos grita a través de Pablo: "Me amó y se entregó a la muerte por mí" (Gál 2,20). Hoy no permanece en nosotros el rencor, el odio, la venganza, la violencia; hoy permanece en nosotros el amor. ¡La alegría! No es hoy un día de duelo y de tristeza. Sí es un día de profundidad, de recogimiento, de reflexión y oración, de participación muy honda en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, pero no es un día de duelo. Hoy comienza la Pascua. Esta es la hora para la cual Jesús había venido al mundo. Es la hora que El padece intensamente como hombre, pero que vive como providencial para la reconciliación de los hombres con el Padre y entre sí. Es la hora que El desea ardientemente: "Tengo que ser bautizado con un bautismo de sangre y cómo padezco hasta que se cumpla". Ciertamente es la hora que teme, pero para esta hora ha venido al mundo.
¡La actualidad de la Pasión! No basta que celebremos hoy la Pasión. Tenemos que hacerla nuestra. Hoy la Pasión de Jesús tiene que hacerse mía. Hoy tengo que descubrir que la cruz del Señor se prolonga en mí, en mis hermanos, en los pueblos, en la historia. Hoy Cristo prolonga su Pasión entre los hombres y yo tengo que gritar también como San Pablo: "Me glorío en este sufrimiento por ustedes, porque así voy completando lo que falta a la pasión de Cristo". La celebración de la Pasión de Jesús, hoy Viernes Santo, ha de celebrarse con mucha intensidad de amor, mucha profundidad de alegría, mucho compromiso de actualidad. Hoy nos reunimos en el templo para rezar, para meditar. Pero, sobre todo, la Iglesia se reúne para hacer nuestra la pasión del Señor. Hoy, cada uno debe sentir profundamente y desear que nuestro corazón cambie, que podamos descubrir que Jesucristo vive en la historia, que comprometa nuestra fe para aliviar el sufrimiento de todos los que sufren.
Por eso, las tres partes de que se compone la Liturgia de la Pasión del Señor: la Palabra que nos relata la Pasión, la Adoración de la Cruz y la participación en El por la Comunión eucarística. De las tres partes la central será ciertamente la Adoración de la Cruz. Es la cruz de la reconciliación, la cruz de la glorificación, la cruz de la fecundidad.

02/04/2026

Jueves Santo 2.04.2026
“Los amó hasta el extremo”. Jn 13, 1-15


El Jueves Santo es un día cargado de profundos significados. Se acerca el final y Jesús quiere dejar a sus discípulos sus últimas enseñanzas. Su vida ha sido de entrega total y para ello no ha escatimado gestos claros. El lavar los pies es el gesto incuestionable de servicio y humildad que debe caracterizar a sus seguidores. El amor que habla Jesús no queda en hermosas palabras, sino que debe ser avalado con gestos explícitos especialmente hacia los más necesitados de amor. Los cristianos no queremos dominar; sino servir; no embaucar, sino seducir con el testimonio de la caridad.
Todo, en el Jueves Santo, nos habla de amor. El amor de Dios a los hombres. Un amor hasta el extremo. Dios mismo, en la persona de su Hijo, se nos entrega totalmente, compartiendo nuestra vida, siendo, en todo, igual a nosotros menos en el pecado, asumiendo nuestra debilidad y nuestros padecimientos. Pero es en el Jueves santo cuando ese amor de Dios revelado en Jesucristo va a llegar a su momento más sublime: en la Última Cena, (que va a ser anticipación del sacrificio del Calvario), en la que va a perpetuar su presencia entre nosotros con la Eucaristía y con el ministerio sacerdotal confiado a los apóstoles. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. Es el memorial permanentemente actualizado del sacrificio redentor de Cristo en el Calvario. Vivir la Eucaristía es vivir el mandamiento del amor, que hoy, Jueves santo tiene una resonancia especial. Es el testamento de Jesús: “Le doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado. Sólo viviendo y celebrando la Eucaristía nuestro amor será universal. ... Nuestro amor y entrega a los hermanos llegará a todas partes, incluso al enemigo y será un amor que se conmueve ante el sufrimiento de los pobres y buscará soluciones y pondrá lo que pueda de su parte para tender una mano al desvalido. Por eso hoy, Jueves santo, día eminentemente eucarístico, la Iglesia, con mucho acierto, nos invita a pensar en CARITAS, cauce institucional de la Iglesia para el servicio a los pobres y a comprometernos en ella y con ella. Viviendo la Eucaristía, con Cristo, en la Última Cena y reconociendo en ella su presencia real, sentimos hoy el dolor de todos los que sufren, en tantos y tantos lugares ignorados, a veces, muy cerca de nosotros donde la dignidad de la persona humana, o la vida, o la libertad de los hombres, por los que Cristo ha derramado su sangre, es menospreciada o destruida.
Todo esto, lo vivimos y celebramos en la Eucaristía. Y para perpetuar la Eucaristía el Señor nos hizo hoy un segundo regalo: el regalo del sacerdocio ministerial ... el regalo del ministerio apostólico que el Señor concedió a su Iglesia en las personas de aquellos doce apóstoles, a los que Él había llamado personalmente para que estuvieran muy cerca de Él y para enviarles a predicar. En la persona del sacerdote, por el sacramento del orden, el Señor sigue presente, entre nosotros sacramentalmente, como pastor bueno que cuida a su Iglesia y que congrega en la unidad y en la caridad a los suyos mediante el anuncio de la Palabra y la celebración de los sacramentos. Que el Señor nos enseñe a valorar el gran regalo de la Eucaristía, amar y servir al estilo de Jesús. Al comenzar el Triduo Pascual, recordemos que cada uno de nosotros como bautizados, somos sacerdotes, templos vivos, hostias vivas, piedras vivientes, y pueblo adquirido en propiedad, nación santa…

01/04/2026

Miércoles 1.04.2026
“¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado!”. Mt 26, 14-25

Jesús anuncia la traición de Judas. La traición no fue un acto impulsivo, sino premeditado. Judas lo entrega por el dinero. Judas le pone precio a la vida de su amigo, de su maestro. Jesús le había dado toda a confianza. A Judas no le importó que Jesús le hubiera confiado varias cosas, entre ellas, el administrar la bolsa de aquellos hombres itinerantes que deambulaban llevando el mensaje del Reino de Dios. Por eso los jefes religiosos y los ancianos del pueblo encuentran en Judas al aliado perfecto para llevar a término su criminal plan. Miserables treinta monedas. No recuerda Judas lo que decía el Maestro sobre el peligro de las riquezas: no acumulen riquezas en est mundo… se apolillan, servir a Dios y al dinero, imposible. Judas no estaba convencido de que Jesús fuera el Mesías. Cuando otros le llamaban a Jesús “Señor”, Judas lo llama “Rabí”, a quien reconocía solamente como maestro. Aparte, Judas era consumido por la avaricia. En este ambiente de traición, Jesús quiere celebrar la Pascua de despedida de los suyos, como signo entrañable de amistad y comunión.
Uno de los valores fundamentales del cristianismo es la amistad. A pesar de la traición, Jesús invita a Judas as su última cena. En el evangelio de San Juan, Jesús llega a decir: ya no los llamo siervos sino "amigos". En este mismo evangelio Jesús moja un pan y se lo da a Judas, signo de profunda amistad. Esto es algo que Judas, por más confundido que hubiera estado sobre la identidad de Jesús, nunca entendió. Había estado con Él tres años y no había llegado ni siquiera a tenerlo como amigo. Es triste que muchos cristianos padezcan de este mismo mal y no sepan valorar la amistad, ni de Jesús, ni de aquellos con los que comparten su vida. Cuando uno no es capaz de desarrollar una amistad, es la persona más vacía y solitaria, pues el verdadero amor es el del amigo. Esta ausencia lleva al hombre, como llevó a Judas, a cometer las acciones más tristes del mundo. No dejemos solo a Jesús en esta Semana Santa. Démonos un tiempo para participar, sobre todo de la fiesta de la Pascua, el sábado por la noche. Mostrémosle que verdaderamente lo tenemos como amigo.

31/03/2026

Martes 31.03.2026
“Uno de ustedes me entregará. No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces”. Jn 13, 21-33, 36-38


Nuestra atención se centra estos días en este Jesús traicionado, pero fiel. Abandonado por todos, pero que no pierde su confianza en el Padre. Podemos imaginar la situación en la mesa: "uno de ustedes me va a entregar", dice Jesús, pero ¿quién? Seguramente que todos nosotros, de haber estado en la mesa, nos hubiéramos preguntado a nosotros mismos ¿será posible que yo sea el que va a traicionar al Maestro? Y la verdad es que la respuesta es "Sí". Cada vez que a pesar de que sabemos que lo que vamos a hacer es contra la fe, contra nuestro prójimo, contra Dios mismo, y lo realizamos, estamos actuando de la misma manera que Judas: estamos traicionando la confianza de Jesús. Él nos llama amigos, nos ha llamado para seguirlo y para ser un instrumento de su amor y de su gracia, y en lugar de ello preferimos nuestros propios caminos, nuestros propios métodos y metas. Jesús nos invita a estar muy firmes en su amor y a compartir su donación en el memorial de la última cena: la Eucaristía.

Jesús conoce a sus discípulos, con los que ha compartido sueños y proyectos. Pero no todos entienden y aceptan su propuesta del reino. El mismo Pedro, que amaba con todo su corazón a Jesús, que decía estar dispuesto a morir por él, lo negará no una, sino tres veces. Tenemos momentos de crisis y la fatiga del camino y entran las dudas. Es porque nosotros hemos aceptado la misión sin asumir del todo lo de “cargar con la cruz y seguir al maestro”. Es que no tenemos fuerza para ser fieles, pues esta fuerza viene de Dios. El amor al Maestro y el poder del Espíritu que mora en nosotros, son los únicos elementos que nos hacen ser verdaderamente fieles. Descubramos nuestros temores y nuestras traiciones, pues Jesús misericordioso nos ayudará a salir de ella. Busquemos en estos días crecer más en el amor para que el Espíritu se fortalezca y podamos experimentar una Pascua maravillosa. El Señor nos dé el valor para ser sus fieles y valientes testigos.

30/03/2026

Domingo de Ramos 29.03.2026
“¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?”. Mt 26, 14-27, 66


Hoy es Domingo de Ramos porque celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Pero entra como un rey humilde, pacífico y manso. También se centra nuestra reflexión en la traición de Judas, la profunda angustia humana de Jesús en Getsemaní, su juicio injusto y su crucifixión, culminando en la confirmación de su divinidad a través de los eventos que rodearon su muerte.
El pasaje destaca el amor sacrificial de Jesús, la fragilidad humana de sus discípulos (incluyendo la negación de Pedro) y la responsabilidad colectiva en su condena, invitando a una profunda meditación sobre la fe, el sufrimiento y la redención. Jesús entra montado en un burrito, signo de humildad y de mansedumbre. Es aclamado por gente buena y sencilla, y una gran cantidad de sus discípulos son mujeres y niños. Lo proclaman rey no con el estruendo de las armas, sino con los gritos de júbilo. Y no agitan bayonetas o pancartas, sino ramos de olivo y de laurel, signos de la paz. ¡Éste es Jesús, nuestro Rey, el Rey de la paz y del amor verdadero, el que entra hoy triunfante a Jerusalén!
Pero también hoy es Domingo de “Pasión” porque iniciamos esta semana de dolor, que culminará en la Cruz. Por eso en el Evangelio de la Misa de este día se proclama toda la pasión del Señor. Sólo ocurre esto dos días en todo el año: hoy y el Viernes Santo. Pero la muerte de Cristo en el Calvario no es una derrota, sino el triunfo más rotundo y definitivo de Nuestro Señor sobre los poderes del mal, del pecado y de Satanás. Estos días santos son, pues, para acompañar a Cristo en los sufrimientos de su Pasión y en su camino al Calvario: para unirnos a Él a través de la oración, los sacramentos, la caridad, el apostolado y las obras buenas. ¡Tantas cosas podemos hacer en favor de los demás! O pensar más en los demás y menos en nosotros mismos. Sería interesante recordar ahora, paso a paso, los diversos momentos de la Pasión de Cristo. Pero eso lo tiene que hacer cada uno en particular. Y no sólo como quien recuerda una historia pasada, sino viviéndolo en primera persona.
Una de los momentos que más impactan es la flagelación. El camino hacia el Calvario está lleno de imágenes profundamente conmovedoras: el encuentro de Jesús con María, el quebranto y la compasión amorosa de aquella Madre bendita traspasan de nuevo el corazón y conmueven muy hondamente. El gesto dulce y compasivo de la Verónica que enjuga el santísimo rostro de nuestro Señor. El humanísimo comportamiento del Cireneo, sobre todo la transformación interior de su alma al contacto con el Cristo sufriente. Renuente al principio, al ir compartiendo la cruz de Jesús se va compadeciendo y compenetrando con aquel condenado a muerte. Las últimas palabras de Jesús en la cruz son de una elevación singular: la súplica de perdón para sus enemigos, la promesa del paraíso al buen ladrón, la sed, la entrega de su Madre a Juan, el misterioso abandono paterno, el informe de su misión, la entrega de su espíritu al Padre.
Jesús era consciente de la peligrosidad de su vida y de su actuación ofrecía motivos para llevarlo a la muerte. Su confrontación con los enemigos, tal como señalan los evangelistas, no podía llevar a otro final. Jesús conocía el propósito de sus adversarios: ‘Algún tiempo después recorría Jesús Galilea, evitando andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo’. La vida de Jesús fue la causa de su muerte. Jesús muere en la cruz acosado por sus enemigos, abandonado por sus discípulos. Todo esto como resultado de lo que hizo en vida, como resultado de su oposición radical a quienes acaban venciéndole en la cruz. La historia de la salvación no es nunca ajena a la salvación de la historia. La lucha por el reino de Dios suponía necesariamente una lucha en favor del hombre injustamente oprimido. Esta lucha llevó a Jesús al enfrentamiento con los responsables de esa opresión. Por eso murió y en esa muerte les venció. Ante estos dramáticos acontecimientos comenzando con la conspiración y traición de uno de sus discípulos, ¿cómo actuaría yo en cada una de estas situaciones? ¿mi comportamiento podría ser similar al de los discípulos? Desde aquel hecho insólito de lavar los pies seguido de la amigable y última cena, hasta el momento cumbre del Gólgota, ¿Dónde me sitúo? La coherencia y valentía de Jesús me inspira y motiva para optar por él y sus ideales?

28/03/2026

Sábado 28.03.2026
“Jesús debía morir para congregar a los hijos de Dios, que estaban dispersos”. Jn 11, 45-56


El desenlace del drama ya se acerca. Se ha reunido el Sanedrín. La fama de Jesús creció en demasía con la resurrección de Lázaro y así crecieron los deseos de las autoridades religiosas por desparecer pronto a Cristo por razones políticas y religiosas. La ambición para mantener el control religioso del pueblo le lleva a Caifás a buscar el pretexto para eliminar al profeta de Nazaret. Prefiere mantener la alianza con Roma y, para ello, si es necesario se eliminará a un hombre bueno. Caifás acierta sin saberlo con el sentido que va a tener la muerte de Jesús: “iba a morir, no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios dispersos”. En ocasiones estas mismas falsas justificaciones llevan a algunas personas a actuar vilmente y el justo es condenado. La razón principal del complot contra Jesús fue por la envidia de parte de los sumos sacerdotes que decían: "Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación". Dios tiene otro punto de vista: la muerte de Jesús tiene un valor salvífico y universal. Jesús da su vida para que Israel y el mundo tenga vida.
El problema, en el fondo, no es que los romanos fueran a destruir el templo, sino que "todos van a creer en él." Es realmente impresionante hasta dónde podemos engañarnos nosotros mismos y ser capaces de actos tan viles como la muerte de un inocente cuando nuestros intereses se ven afectados. Esto es importante en nuestra vida, pues situaciones parecidas se pueden presentar en nuestra vida en donde podemos escudarnos detrás de "principios religiosos", en bien de "la Iglesia" para no perder nuestra posición social, un puesto determinado, y sobre todo, nuestro "estatus" dentro de una parroquia o grupo religioso. Hay más exhibicionismo que amor al servicio y amor al apostolado. En algunos casos la iglesia sirve para refugiarse ante ciertas situaciones que se dan en las familias y matrimonios. Preguntemos si tenemos la recta motivación en lo que hacemos sea en la familia o en la Iglesia, en mi apostolado. La Pascua de Jesús tiene una finalidad: Dios quiere, restañar nuestras heridas, desterrar nuestras tristezas y depresiones, perdonar nuestras faltas, corregir nuestras divisiones que cada vez están en aumento. Es necesario abrir los ojos y ver nuestra realidad. ¿Estamos dispuestos a una Pascua así?

26/03/2026

Jueves 26.03.2026
“Su padre Abraham se regocijaba con el pensamiento de verme”. Jn 8, 51-59

Los judíos nombraban a Abraham, porque se sentían orgullosos de ser sus hijos. Pero los que se vanaglorían de ser descendientes de Abraham, no quieren reconocer a Jesús como el Enviado de Dios. Toman piedras para apedrearle. No son precisamente seguidores de su padre Abraham, el patriarca de la fe. Uno de los grandes problemas de nuestro mundo moderno es la falta de fidelidad. Con una facilidad asombrosa nos cambiamos de marca, de automóvil, de trabajo. Esto se extiende a la vida matrimonial en donde muchas parejas cristianas, desde el momento de su matrimonio ya consideran la posibilidad del divorcio olvidándose de las promesas ante al altar. Igualmente, muchos hermanos, con facilidad se dejan conducir por doctrinas extrañas olvidándose de las promesas bautismales y del credo que durante años han profesado en la Eucaristía. Y es que ser fiel no es fácil, implica en ocasiones arriesgarlo todo. Muchas veces somos orgullosos de ser católicos. Pero no nos gustan las exigencias de esta fe que profesamos.
Dios quiere hablar con los hombres, quiere entrar en diálogo con ellos. Y la mejor forma es a través de su Hijo Jesús que le da rostro a esta palabra. Ser fiel a la palabra de Dios, sobre todo en cuestiones sociales, en nuestro testimonio diario, o en la vida matrimonial puede implicarlo todo, incluso la misma vida, como en el caso de Jesús. Si algo se valora de un servidor es que sea "fiel", que sea capaz de sostener la palabra dada aun a costa de la propia vida. Para ellos, para los que han sido fieles, Jesús promete la vida que no acaba jamás. Ayer la clave de este diálogo era la libertad. Hoy la clave es la vida: los que creen en Jesús, además de ser libres, tienen vida en plenitud y “no conocerán lo que es morir para siempre”. Preparémonos para reafirmar nuestras promesas bautismales y nuestra fidelidad al Señor, en la Vigilia de Pascua.

25/03/2026

Miércoles 25.03.2026 Anunciación de Señor
“Concebirás y darás a luz un hijo”. Lc 1, 26-38

Las fiestas de María son particularmente hermosas. Precisamente hoy la liturgia nos invita a mirar un momento muy importante, cuando María dijo el “sí” que detonaría una cadena de hermosas obras de Dios, así como la gran responsabilidad para ella y para nosotros. La fiesta de la Anunciación del Señor es también la fiesta de los Misioneros del Verbo Divino. “Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” son las palabras del prólogo de San Juan evangelista, que inspiraron a San Arnoldo Janssen para poner el nombre de Sociedad del Verbo Divino a su primera fundación. Siendo devoto de la Virgen, las fundaciones fueron precisamente en las fiestas Marianas. Para realizar esta obra fue inspirado y urgido por Dios.
Uno de los valores más exquisitos que permiten que el Reino de los cielos se instaure es la disponibilidad. La vida no es siempre fácil y nuestros proyectos, en muchas ocasiones, se ven modificados incluso drásticamente. Ante el saludo y la propuesta del ángel, María pasa de la sorpresa y la turbación a la entrega confiada, de modo que se pone en manos del proyecto divino sin condiciones. María seguramente tendría otros planes para su matrimonio, sin embargo, se presenta siempre disponible a la voluntad y a la acción de Dios en su vida. Y esto es precisamente lo que hace que el Reino de los cielos se haga una realidad. El Sí disponible de María une el cielo con la tierra. El asentimiento de María fue verdaderamente libre en el sentido de que aceptó todo lo que iba a surgir de su asentimiento. Porque era incondicional, era libre en el más alto sentido de la palabra. Su libertad fue trascendental en su significado y nos ofrece un modelo de libertad que cada uno de nosotros debería tratar de imitar en nuestra vida diaria.
La libertad de María implica más que decir “sí” o “no”. Era una libertad para abrazar libremente todo lo que su mandato inicial pondría en juego. Su libertad era tanto humana como divina; humano por naturaleza, divino por gracia. María oraba y desarrolló un amor por Dios que incluía su confianza en Él. El Amor se prepara para aceptar el Amor aunque ese amor pueda traer grandes dificultades y penalidades. Busquemos, no sólo hoy, sino toda nuestra vida, poner buena cara a los cambios que Dios va realizando en nuestra vida, teniendo presente que esta disponibilidad hará de nosotros un instrumento valioso para que el Reino se realice en nuestras familias y en nuestra sociedad. Que la Santísima Virgen María nos enseñe decir “SÍ” a Dios sin condiciones.

24/03/2026

Martes 24.03.2026
“Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy”. Jn 8, 21-30

Jesús en su diálogo con Nicodemo, nos explica el simbolismo de esta figura: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo el Hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna”. “Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. Decía esto para significar de qué muerte iba a morir”. Este “ser levantado” Jesús se refiere a toda su Pascua: no sólo a la cruz, sino también a su glorificación y su entrada en la nueva existencia junto al Padre. Miraremos a Cristo en la cruz con creciente intensidad y emoción en estos últimos días de la Cuaresma y en el Triduo Pascual. Lo miremos no con curiosidad, sino con fe, sabiendo interpretar el “yo soy” que nos ha repetido tantas veces en su evangelio. A nosotros no nos escandaliza, como a sus contemporáneos, que él afirme su divinidad. Precisamente por eso le seguimos.
Para los judíos -y en general para los contemporáneos de Jesús- les resultaba difícil el creer que el "hombre" que se presentaba ante ellos era el mismo YHVH, es decir "Yo Soy", así para muchos resulta imposible que el pedacito de pan que está sobre el altar después de la consagración sea ese mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Quizás esa sea la causa de que, así como Cristo fue despreciado en su humanidad, hoy no se valore e incluso sea despreciada la Sagrada Comunión por muchos "cristianos". Llama la atención la poca devoción con la que algunos cristianos se acercan a recibir a Jesús Eucaristía. La oración que decimos antes de comulgar causó la curación de un enfermo, pues quien la pronunció creyó verdaderamente que se encontraba ante "Dios", para quien nada es imposible. Pensemos cuántas cosas pasarían en nuestra vida, en nuestros enfermos si nosotros tuviéramos la fe del Centurión, y viéramos en la hostia a "Yo Soy", al mismo Jesús, para quien todo es posible. Ojalá y después de estas palabras muchos crean en él. Contemplemos en una manera particular en este tiempo de Cuaresma, a Jesús en lo alto, en la cruz, y también a este Jesús que camina y da su vida por nuestra salvación. Sí creemos firmemente que, si miramos con fe al cristo de la cruz, al Cristo pascual, en él tenemos la curación de todos nuestros males y la fuerza para para todas las luchas.

23/03/2026

Lunes 23.03.2026
“Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Jn 8, 1-11

Bajo el deseo de acusar a Jesús, se sentencia a una mujer que no tiene posibilidad de defensa. Esta vez la mujer a la que acusaban era culpable. La Ley de Moisés era específica y dura: había que castigar a una mujer sorprendida en adulterio. Pero Jesús lo ha dicho repetidas veces -ha venido precisamente a perdonar, a salvar a los enfermos más que a los sanos. Aquella mujer sorprendida en el adulterio, vio de frente la miseria y la misericordia, las piedras y el perdón, el pecado y la gracia. No cabe duda, nuestros “castigos ejemplares”, desde Cristo, quedan superados por las palabras alentadoras, los gestos de comprensión y las muestras de cariño. Esta actitud de Cristo y los cristianos es escandalosa. Pero está plagada de esperanza porque desde ella siempre es posible crecer, superarse, renovar a las personas, a la Iglesia, a la sociedad.
En un mundo en el que, lo que sobra es información, a veces tenemos muchas dificultades para poder formar nuestra opinión y, con ello, nuestros criterios. Muchos de los valores se ven hoy refutados y llevados a controversia por muchas corrientes de pensamiento, y para no pocos hermanos, esto ha sido causa de una terrible desilusión en su fe. No aceptan ya como válidos pensamientos sobre la castidad, sobre el honor, la pureza, la verdad, etc. Todo hoy se hace relativo y parcial. Por ello, si queremos mantenernos en el camino de la salvación, único que nos puede llevar a la felicidad, debemos reconocer que sólo Jesús es la Luz de este mundo. Sólo sus criterios y su palabra son la fuente de la verdad, es lo único estable. Su Palabra es eterna como El y no admite ni desilusión ni alteración. La Iglesia, mantiene una línea de pensamiento que nos muestra en qué sentido Jesús dijo cada una de sus palabras. No dejemos que esta densa oscuridad del mundo llegue a apagar la luz de Jesús en nuestros corazones; ¡mantengámosla viva y fulgurante! ¿Será bueno que pensemos cómo tratamos a los demás en nuestros juicios: ¿les juzgamos precipitadamente? ¿damos ocasión a las personas para que se pueden defender si se les acusa de algo? ¿nos dejamos llevar de las apariencias?

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