04/03/2019
Si sientes que Dios te ha fallado, lee esto.
Crisis de Fe/Primera parte
DIOS NO ME CONTESTÓ
La primera crisis de Fe que tuve, fue por el silencio que creí Dios tenia hacia mí. En aquella época oraba y oraba y empecé a pensar que Dios no escuchaba. Dentro de las prioridades cósmicas que seguro él tenía, pensaba que mis minúsculos problemas no significaban nada para él.
Era el joven promedio con problemas bastante comunes como para que él qusiera saberlos. Dios seguro está ocupado en los narcotraficantes, violadores, asesinos. O bien, con los enfermos, pobres o perseguidos. Es loco pensar que a mí me escucharía. La verdadera crisis llegó al crecer y ser consiente del dolor, de la miseria, de la injusticia. Dejé de verme a mí y vi que otros tenían problemas mayores a los míos, pero también vi con dolor que Dios no les respondía tampoco a ellos. Por supuesto tuve las preguntas obvias: ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué permitió que esto pasará? ¿Si es bueno, porque no hace justicia? Ese es el resumen de mi primera crisis de fe: sentí un Dios lejano, silencioso, a veces injusto, callado.
Superé esa crisis de fe gracias a Jesús. Aprendí por él, que Dios no está callado; simplemente no contesta como yo quiero. Jesús me enseñó que una oración no “contestada” en el Getsemaní no significa Dios no esté en control. Dios no ha callado ante la injusticia del mundo, el modo en que responde es por la iglesia. Dios no es injusto al no eliminar a los malos, me di cuenta que eso sería pedir que me acabará a mí también, y a todos aquellos a quienes amo. El querer escuchar a Dios y exigirle que me contestará, me llevó a descubrir que soy yo, es la iglesia los que están pasivos. Pasé de la crisis de su silencio a la crisis del asombro: ¿Dónde está el cuerpo de Cristo?
Superé esta crisis del silencio de Dios gracias a lo que gané: Intimidad. Las oraciones que haces en busca de él, no valen por lo eficaz de sus “respuestas”, sino por el gozo de acercarte a Dios. Me enfocaba tanto en lo que no “contestaba” que no veía lo que tenía al orar, cada vez me sentía más amigo suyo, cada vez me sentía más cerca, más conectado. Eso es algo que no sabrás si solo oras cuando te sientes mal, cuando todo va mal. Quienes tienen una intimidad grande con Dios no son aquellos a los que él les ha contestado todo; son aquellos que se han bastado en su sola gracia, en su solo presencia.
Lamento decirlo, pero si tu crisis de fe se debe a que Dios no te contestó, lo que tú buscas no es a Dios, es a un genio de la lámpara. Si lo que buscas de él es que te cumpla, no tienes una crisis de fe, tienes una mala concepción de la fe. No quieres un Dios soberano, quieres un padrino mágico.
Hace algunos años, mi familia oraba por la sanidad de una familiar que tenía cáncer. Ella sufría, ella amaba a Dios, ella trabaja para Dios. A la familia no le faltó fe, no faltaron ganas, no faltó esperanza, no faltó nada, se hizo todo lo que se tenía que hacer. Pero Dios no la sanó. Nuestro familiar murió por el cáncer. Hubo lágrimas, hubo dolor… una mujer que entregó su vida a Dios moría joven por esta enfermedad.
Nadie creyó que Dios fue injusto, nadie creyó que Dios se quedó callado. Todo pasó porque su voluntad es mejor que la nuestra. Lo que como familia ganamos fueron momentos de oración inolvidables, fue la intimidad con Dios más grande que hasta la fecha recuerdo. Dios no se quedó callado, Dios nos acercó a él a través de su voluntad y no de la nuestra.
Si tienes una crisis de fe porque Dios no te ha contestado, si estás a punto de tirar la toalla porque no van las cosas como tú quieres, sigue esperando. Sigue caminando, sigue orando. Dios está en control de todo, aún de aquello que no pasó y nos lastimó, o de lo que sí pasó y no queríamos.
Si tienes una crisis de fe por el silencio de Dios, no estás sólo, a Asaf le pasó lo mismo: “Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto”. Salmo 83:1.
Sigue orando, sigue pidiendo, sigue esperando, Dios está en medio de esa crisis que estás sintiendo.