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REAVIVADOS POR SU PALABRAMiércoles 26 de agosto de 2026SALMO 19 — DIOS HABLA… ¿PERO ESTAMOS ESCUCHANDO?Hay días en los q...
26/08/2026

REAVIVADOS POR SU PALABRA
Miércoles 26 de agosto de 2026

SALMO 19 — DIOS HABLA… ¿PERO ESTAMOS ESCUCHANDO?

Hay días en los que quisiéramos que Dios nos hablara de una manera muy clara.

“Dios, dime qué hago.”

“Dame una señal.”

“Muéstrame qué camino tomar.”

“Quiero saber qué quieres de mí.”

Y mientras esperamos algo extraordinario, quizá estamos pasando por alto las maneras en que Dios ya está hablando.

David comienza el Salmo 19 mirando hacia arriba:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
Salmo 19:1

El cielo no habla con palabras.

El amanecer no predica un sermón.

Las estrellas no necesitan explicar quién las colocó allí.

Y, sin embargo, David dice:

están diciendo algo.

DIOS HABLA A TRAVÉS DE LO QUE CREÓ

Alguna vez has visto un amanecer y te has quedado mirándolo unos segundos.

O el cielo completamente lleno de estrellas.

El mar.

La lluvia.

Un árbol enorme.

Una flor diminuta.

Y quizá por un momento has pensado:

“¿Cómo puede existir todo esto?”

David miraba la creación y encontraba allí las huellas de su Creador.

Pero el Salmo no termina mirando el cielo.

De pronto David baja la mirada y comienza a hablar de algo mucho más cercano:

la Palabra de Dios.

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.”
Salmo 19:7

La creación puede decirnos:

“Hay un Creador.”

Pero su Palabra comienza a mostrarnos:

“Así es Él. Y así quiere enseñarte a vivir.”

ATERRICÉMOSLO A LA VIDA REAL

Imagina que alguien está a punto de tomar una decisión importante.

Sabe que una opción no es completamente correcta.

Pero le conviene.

Entonces comienza a pedir:

“Dios, dame una señal para saber qué hacer.”

Y espera.

Quizá quiere que ocurra algo extraordinario.

Que alguien le diga exactamente qué hacer.

Que aparezca una señal inesperada.

Pero al mismo tiempo ya conoce un principio bíblico que le dice que aquello no está bien.

Entonces quizá el problema no sea que Dios no haya hablado.

Quizá el problema es que la respuesta que ya dio no es la que queríamos escuchar.

A veces pedimos dirección cuando realmente estamos buscando permiso.

LA PALABRA DE DIOS NO SOLO INFORMA, TAMBIÉN NOS CORRIGE

David dice que la Palabra:

Convierte el alma.

Hace sabio al sencillo.

Alegra el corazón.

Alumbra los ojos.

Es decir, Dios no nos dio su Palabra solamente para saber historias bíblicas.

Nos la dio para transformar nuestra manera de vivir.

Y aquí viene la parte difícil:

No siempre nos dirá lo que queremos escuchar.

Habrá ocasiones en las que nosotros queramos avanzar y Dios diga:

“No.”

O queramos responder con la misma dureza con la que nos trataron y su Palabra diga:

“No lo hagas.”

Queramos justificar algo y Dios nos confronte.

Porque una palabra que solamente nos da la razón, pero nunca nos corrige, difícilmente podrá transformarnos.

PERO DAVID DESCUBRE ALGO MÁS

Después de mirar el cielo y hablar de la Palabra de Dios, David deja de mirar hacia afuera.

Ahora mira dentro de sí mismo.

Y pregunta:

“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.”
Salmo 19:12

Qué oración tan profunda.

David reconoce:

“Puede haber cosas malas en mí que yo todavía no alcanzo a ver.”

Todos tenemos puntos ciegos.

Podemos detectar rápidamente el orgullo de alguien más y no reconocer el nuestro.

Podemos ver la dureza de las palabras de otros y justificar las nuestras.

Podemos pedirle a Dios que cambie situaciones cuando quizá también necesita cambiar algo dentro de nosotros.

Por eso necesitamos su Palabra.

No solamente para conocer a los demás.

Para conocernos también a nosotros mismos.

UNA ORACIÓN QUE VA MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS

David termina diciendo:

“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.”
Salmo 19:14

Fíjate que no dice solamente:

“Cuida lo que digo.”

También habla de:

“la meditación de mi corazón.”

Porque podemos controlar nuestras palabras delante de las personas.

Pero Dios también conoce aquello que pensamos cuando nadie nos escucha.

Y David no pide simplemente parecer correcto.

Pide ser correcto desde adentro.

UNA VERDAD PARA HOY

Quizá llevamos tiempo diciendo:

“Dios, háblame.”

Hoy podríamos hacer una oración diferente:

“Dios, ayúdame a escuchar lo que ya me has dicho.”

Porque Dios puede hablarnos mediante la grandeza de su creación.

Puede dirigirnos mediante su Palabra.

Puede confrontarnos cuando algo necesita cambiar.

Y puede mostrarnos incluso aquello que nosotros todavía no vemos en nuestro propio corazón.

HOY INTENTA ESTO

Antes de pedirle hoy a Dios una señal, pregúntate:

“¿Hay algo que Dios ya me mostró y todavía no quiero obedecer?”

Quizá sea perdonar.

Pedir perdón.

Decir la verdad.

Alejarte de algo que sabes que está mal.

Cumplir una responsabilidad.

Cambiar una actitud.

O simplemente comenzar a buscarlo de verdad.

Si ya sabes cuál es el siguiente paso, quizá no necesites otra señal.

Necesitas darlo.

Y hagamos nuestra la oración con la que David termina este hermoso Salmo:

“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.”

Porque escuchar a Dios no consiste solamente en saber lo que Él dice.

Consiste en permitir que lo que Él dice cambie la manera en que vivimos.

REAVIVADOS POR SU PALABRAMartes 25 de agosto de 2026SALMO 18 — DIOS NO SIEMPRE EVITA LA BATALLA, PERO PUEDE HACERTE FUER...
26/08/2026

REAVIVADOS POR SU PALABRA
Martes 25 de agosto de 2026

SALMO 18 — DIOS NO SIEMPRE EVITA LA BATALLA, PERO PUEDE HACERTE FUERTE PARA ATRAVESARLA

Hay momentos en los que nuestra oración es:

“Dios, quítame esto.”

Que termine el problema.

Que desaparezca la dificultad.

Que cambie la situación.

Que todo vuelva a estar tranquilo.

Y es completamente humano pedirlo.

Pero el Salmo 18 nos muestra algo diferente.

David había atravesado persecuciones, miedo, enemigos y momentos en los que literalmente estuvo en peligro de muerte.

Cuando finalmente mira hacia atrás, dice:

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador.”
Salmo 18:1-2

Fíjate en algo.

David llama a Dios “mi fortaleza” después de haber atravesado momentos en los que se sintió débil.

Lo llama “mi roca” después de haber vivido inestabilidad.

Y “mi libertador” porque primero conoció lo que era necesitar ser librado.

Hay cosas de Dios que quizá solamente llegamos a conocer profundamente después de atravesar ciertas temporadas.

ATERRICÉMOSLO A LA VIDA REAL

Imagina a alguien que pierde inesperadamente su trabajo.

Su primera oración probablemente será:

“Dios, necesito otro trabajo ya.”

Y comienza a buscar.

Actualiza su currículum.

Pregunta.

Envía solicitudes.

Reduce algunos gastos.

Hace todo lo que responsablemente puede hacer.

Pero pasan las semanas y todavía no aparece la oportunidad.

Entonces comienza otra batalla.

Ya no es solamente económica.

Aparecen pensamientos como:

“¿Y si no puedo?”

“¿Y si todo sale mal?”

“¿Por qué Dios permitió esto?”

“¿Dónde está Dios?”

Y aquí el Salmo 18 nos enseña algo importante:

A veces la batalla que vemos no es la única batalla que estamos peleando.

También luchamos contra el miedo.

El desánimo.

La desesperación.

La sensación de que ya no podemos más.

DAVID TAMBIÉN TUVO MIEDO

David no escribe como alguien que jamás se sintió angustiado.

Dice:

“En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios.”
Salmo 18:6

Eso significa que hubo angustia.

Hubo miedo.

Hubo momentos difíciles.

La fe no hizo que David dejara de sentirlos.

La fe le dio un lugar adonde correr con ellos.

Y entonces dice algo precioso:

“Desde su templo oyó mi voz, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.”
Salmo 18:6

Quizá nadie más entendía completamente lo que estaba viviendo.

Pero David estaba convencido de algo:

Dios había escuchado.

PERO DIOS NO HIZO TODO POR DAVID

Hay una parte del Salmo que me encanta porque evita una idea equivocada de la fe.

David dice:

“Dios es el que me ciñe de poder.”
Salmo 18:32

Y después:

“Quien adiestra mis manos para la batalla.”
Salmo 18:34

Mira la diferencia.

David no dice:

“Dios peleó mientras yo me quedé sentado.”

Dice:

“Dios entrenó mis manos.”

Dios le dio fuerza.

Pero David tuvo que levantarse.

Tuvo que actuar.

Tuvo que aprender.

Tuvo que enfrentar.

Y esto también aplica a nosotros.

Si tienes un problema económico, ora, pero también ordena tus finanzas.

Si necesitas trabajo, ora, pero también toca puertas.

Si una relación necesita mejorar, ora, pero también aprende a comunicarte y reconoce tus errores.

Si cometiste una equivocación, ora, pero también corrígela.

La fe no sustituye nuestra responsabilidad. Nos da fuerza para asumirla.

¿Y SI DIOS NO QUITA LO QUE ESTOY VIVIENDO?

Quizá esta sea la parte más difícil.

Hay ocasiones en las que Dios cambia rápidamente las circunstancias.

Pero hay otras en las que primero trabaja en nosotros mientras las circunstancias todavía no cambian.

Pedimos:

“Dios, quita esta montaña.”

Y quizá Dios responde:

“Voy a enseñarte a subirla.”

Pedimos:

“Haz que esto termine.”

Y quizá durante un tiempo su respuesta sea:

“Voy a darte fuerzas para atravesarlo.”

Eso no significa que Dios disfrute nuestro sufrimiento.

Significa que incluso aquello que no elegimos vivir no tiene por qué desperdiciarse.

MIRA HACIA ATRÁS

El Salmo 18 es, en gran parte, David mirando todo lo que había atravesado.

Y ahora podía reconocer cosas que probablemente no veía con claridad mientras estaba en medio del problema.

Eso también nos sucede.

Hay temporadas que mientras las vivimos solamente queremos que terminen.

Pero años después podemos mirar atrás y decir:

“Ahí aprendí a poner límites.”

“Ahí descubrí quién realmente estaba conmigo.”

“Ahí aprendí algo que necesitaba.”

“Ahí maduré.”

“Ahí conocí a Dios de una manera que antes no conocía.”

No porque aquello malo se haya convertido en bueno.

Sino porque Dios pudo sacar algo bueno incluso de aquello que nos dolió.

UNA VERDAD PARA HOY

Quizá hoy estás pidiendo que Dios cambie una situación.

Continúa orando.

Continúa haciendo tu parte.

Pero añade otra oración:

“Dios, mientras esto cambia, no permitas que yo salga de aquí igual.”

Enséñame.

Corrígeme.

Fortaléceme.

Muéstrame lo que todavía no puedo ver.

Porque algunas victorias consistirán en que Dios quite el problema.

Pero otras consistirán en descubrir que aquello que pensábamos que iba a destruirnos no consiguió hacerlo.

HOY INTENTA ESTO

Piensa en una de las etapas más difíciles que ya hayas superado.

No pienses primero en lo que perdiste.

Pregúntate:

“¿Qué aprendí allí que todavía me sirve hoy?”

Quizá descubras que eres más fuerte.

Más prudente.

Más compasivo.

Más consciente de tus límites.

O quizá descubriste cuánto necesitabas a Dios.

Entonces podrás entender un poquito mejor por qué David, después de mirar todo lo vivido, comenzó su canción diciendo:

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.”

Tal vez hoy todavía estés en medio de la batalla.

No significa que Dios te haya abandonado.

Quizá todavía estás descubriendo por qué un día también podrás llamarlo:

“Mi roca, mi fortaleza y mi libertador.”

🙏
26/08/2026

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26/08/2026

“Con Dios eres invencible” EN TODO TIEMPO

🙏❤️
26/08/2026

🙏❤️

*Sigue avanzando*26 de agosto“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe par...
26/08/2026

*Sigue avanzando*
26 de agosto

“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”

Hebreos 10:39

Hay momentos en que avanzar en tu vida cristiana se hace muy difícil; pero eso no significa que estás en el camino equivocado. Porque un paso hacia adelante, por pequeño que parezca, sigue siendo un paso más cerca de aquello que Dios ha preparado para ti. Sigue avanzando aunque sea despacio porque al final Dios te dará la victoria.
Miriam Flamenco

26/08/2026

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