07/05/2024
LEYENDA DEL SEÑOR DE LAS MISERICORDIAS O DE YENCUICTLALPAN.
Amigo lector, te invitamos a que conozcas un poco más de la historia de San Pedro Atocpan, y en esta ves hablaremos sobre el Señor de las Misericordias.
Trascurría el siglo XVI cuando en el pueblo de Santo Domingo Ocotitlán (Estado de Morelos), unos leñadores que recorrían la cumbre de la montaña, descubrieron, con mucho asombro, una imagen de un Cristo crucificado aproximadamente de 2m. de alto, perfectamente modelado con un material muy ligero, que según se cree, es médula de sáuco o gabazo de caña. Inmediatamente llevaron la noticia al poblado y regresaron a dicho lugar, llamado Tlapantitlan, acompañados de unos frailes quienes al contemplar al Cristo, les dijeron que habían hecho el hallazgo del Señor de las Misericordias y les recomendaron que lo cuidaran y lo quisieran mucho porque era muy milagroso. Efectivamente, lo veneraron y le tomaron un gran cariño, y en ese mismo lugar construyeron un techo humilde para el Cristo.
La cruz con la imagen del Cristo, se encontraba reclinada en un rincón, no podía tener el cuidado que requería y merecía por ser una imagen sagrada, debido a lo estrecho e inadecuado del lugar, era un descuido involuntario por parte de los moradores. Se dice incluso, que las aves de corral dormían sobre los brazos de la imagen.
La crueldad de los encomenderos de la colonia obligo a muchos naturales a remontarse hasta la cumbre de la montaña, y fue así como los de santo domingo Ocotitlán se fueron a vivir a Tlapantitlan con el Señor de las Misericordias.
En tales circunstancias, la imagen tenía, forzosamente que deteriorarse. Un día, al percatarse las personas que uno de los dedos estaba completamente en mal estado, decidieron llevar a la imagen a la ciudad de México, para ser restaurada porque allí había especialistas en ese oficio.
Se espero el momento oportuno organizando una pequeña peregrinación a la ciudad de México, donde se llevo envuelto con manteles de la iglesia y petates enzima de una parihuela. Al llegar con la persona indicada y al presentarle la imagen del Cristo, este quedó estupefacto provocando un gran asombro en las personas que le llevaban y quienes no emprendieron el porqué de tal asombro.
Una vez concluida le reparación, las personas que recogieron la imagen quedaron sorprendidas por el trabajo tan perfecto. Entonces el artesano narro lo siguiente:
Hace varios días soñé al mismo crucifico que me han traído y me dijo que le dolía un dedo, que yo se lo arreglara pero sin la ayuda de ningún instrumento, sino con bálsamo que me mostro y me pidió que se lo frotara en el dedo enfermo. Yo he hecho exactamente lo que he soñado y aquí tiene usted el dedo en perfecto estado; así que el trabajo que están ustedes admirando, realmente no es mío, es obra milagrosa del mismo Cristo.
Llenos de admiración, emprendieron el camino de regreso. El traslado de la imagen, por su delicadeza y por lo rural en aquella época, de los medios de trasporte y de las vías de comunicación, era sin duda tardado y difícil. Por eso, al pasar el pueblo se San Pedro Atocpan, decidieron descansar en el paraje denominado Xalimoloya “lugar de arena” pequeño cerro al oriente de la población en donde aprovecharon para ir a buscar comida y pernoctar ahí. Al día siguiente al querer continuar su camino, no pudieron hacerlo pues la imagen del Señor de las Misericordias se hizo tan pesada, que la fuerza de todos aquellos hombres fue incapaz de moverla siquiera. Ni aún la fuerza de las oraciones fue capaz de hacerlo. Angustiados y profundamente tristes, los hombres siguieron solos su camino para ir a comunicar a los suyos lo sucedido.
Posteriormente, trataron nuevamente de llevárselo con la ayuda de los moradores de San Pedro Atocpan, pero todo fue inútil. El señor había elegido su nueva tierra que en náhuatl se dice “Yencuictlalpan”. De ahí fue trasladado a la capilla de San Martin a orillas del cerro donde estuvo más de IV siglos y ahora se encuentra en su santuario del señor de las Misericordias.