23/05/2026
Novena. Tercer día
¡Qué reino es nuestro corazón! La naturaleza y la gracia lo cercan a su vez; el
espíritu del bien y el espíritu del mal se lo disputan a porfía, pero nosotros somos
únicos dueños de dárselo a quien nos plazca.
Sin embargo, infinitamente más apetecible es el Corazón de Jesús, ese vasto reino
en donde habita el Amor divino con sus infinitas misericordias. En Él se encuentra
la justicia y la paz; las riquezas de la eternidad en Él abundan; en Él florecen todas
las virtudes; en Él se encuentran el Cielo y la tierra; en Él se dan el beso de paz
Dios y el hombre, y María es la única que puede introducirnos en ese asilo de la
verdadera dicha.
Tú tienes siempre un libre acceso a Él, ¡oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón!
Tú puedes alcanzar la entrada en Él para los que tu amor protege.
¡Oh Madre muy amada! Acuérdate de que somos tus hijos; que estamos bajo tu
protección y que queremos permanecer contigo en el reino del eterno amor; y nos
veas hoy humildemente postrados a tus pies, para pedirte una nueva prueba de tu
maternal y augusto amor.
¡Oh celeste Tesorera del Corazón de Jesús! Tú eres rica y nosotros somos pobres;
Tú todo lo tienes, y nosotros no tenemos nada. Viéndonos postrados ante Ti,
¿permanecerás insensible a nuestros gemidos? ¿Será inútil que permanezcamos
cerca de Ti y que llamemos a la puerta del Corazón de tu divino Hijo? ¿Por ventura
no eres Tú la Madre de Misericordia?
No tengas a menos socorrer a hijos que gimen bajo el peso de tantas tribulaciones,
líbralos de tantos males como los afligen y aparta de ellos los ataques de su infernal
enemigo.
¡Oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón! Que tu virginal manto cubra siempre a
tus hijos; guárdalos, son tuyos para siempre. Amén.
Acuérdate, oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón…
¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, ruega por nosotros (repetir 3 veces).