07/01/2026
Yo a nadie juzgaré; es
imperfecto mi entender;
en el corazón se esconden
p***s que no puedo ver.
Yo a nadie juzgaré;
Señor, yo te seguiré.
Antes de criticar a tu obispo, detente un momento y piensa…
Por Domingo Stalin Cespedes
Tu obispo no es un título, es un hombre.
Un esposo que su esposa necesita, un padre que sus hijos extrañan, un trabajador que carga con las exigencias de su empleo y, además, con las constantes responsabilidades de la Iglesia.
Su vida está llena de presiones invisibles: informes, reuniones, capacitaciones, llamadas de la estaca, expectativas de los miembros… y al mismo tiempo, la voz de su esposa que le pide estar más presente, la mirada de sus hijos que anhelan verlo llegar a casa.
Recuerda que tu obispo también se cansa, también se quiebra, también lucha con debilidades personales. No es un ser de hierro, es un hermano que hace un esfuerzo sobrehumano para cumplir con lo que se espera de él.
Recuerda que muchas veces su servicio pasa desapercibido. Como aveces como los diez leprosos, pocos regresan a agradecer. Y sin embargo, él sigue dando, sigue sirviendo, sigue entregando tiempo y recursos propios para sostener a su barrio.
Recuerda que su esposa también lleva una cruz pesada: agotamiento, soledad, responsabilidades extras. Ella también paga el precio del llamamiento.
Recuerda que no es que no sepa delegar, es que muchas veces no hay a quién. En barrios pequeños, las cargas son grandes y terminan recayendo en las mismas pocas familias.
Recuerda que él no pidió estar ahí. El llamamiento pudo haber llegado en el peor momento de su vida: laboral, familiar, personal o de salud. Y aun así aceptó, por fe, por compromiso, por amor a Dios.
Tu obispo no es una máquina. Tiene días en que quiere rendirse, días en que todos reclaman algo de él, días en que se siente insuficiente. Y aun así, se levanta y sigue adelante.
Tu obispo necesita más de tus oraciones de lo que imaginas. Necesita más mensajes de “cuenta conmigo”, más notas de agradecimiento, más gestos pequeños que, sumados, se convierten en bálsamo para un corazón cansado.
Porque detrás de ese título, hay un hombre que lo da todo sin esperar nada a cambio. Y tu gratitud puede ser la chispa que le recuerde que no está solo.