30/03/2026
Jueves Santo 2.04.2026
“Los amó hasta el extremo”. Jn 13, 1-15
El Jueves Santo es un día cargado de profundos significados. Se acerca el final y Jesús quiere dejar a sus discípulos sus últimas enseñanzas. Su vida ha sido de entrega total y para ello no ha escatimado gestos claros. El lavar los pies es el gesto incuestionable de servicio y humildad que debe caracterizar a sus seguidores. El amor que habla Jesús no queda en hermosas palabras, sino que debe ser avalado con gestos explícitos especialmente hacia los más necesitados de amor. Los cristianos no queremos dominar; sino servir; no embaucar, sino seducir con el testimonio de la caridad.
Todo, en el Jueves Santo, nos habla de amor. El amor de Dios a los hombres. Un amor hasta el extremo. Dios mismo, en la persona de su Hijo, se nos entrega totalmente, compartiendo nuestra vida, siendo, en todo, igual a nosotros menos en el pecado, asumiendo nuestra debilidad y nuestros padecimientos. Pero es en el Jueves santo cuando ese amor de Dios revelado en Jesucristo va a llegar a su momento más sublime: en la Última Cena, (que va a ser anticipación del sacrificio del Calvario), en la que va a perpetuar su presencia entre nosotros con la Eucaristía y con el ministerio sacerdotal confiado a los apóstoles. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. Es el memorial permanentemente actualizado del sacrificio redentor de Cristo en el Calvario. Vivir la Eucaristía es vivir el mandamiento del amor, que hoy, Jueves santo tiene una resonancia especial. Es el testamento de Jesús: “Le doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado. Sólo viviendo y celebrando la Eucaristía nuestro amor será universal. ... Nuestro amor y entrega a los hermanos llegará a todas partes, incluso al enemigo y será un amor que se conmueve ante el sufrimiento de los pobres y buscará soluciones y pondrá lo que pueda de su parte para tender una mano al desvalido. Por eso hoy, Jueves santo, día eminentemente eucarístico, la Iglesia, con mucho acierto, nos invita a pensar en CARITAS, cauce institucional de la Iglesia para el servicio a los pobres y a comprometernos en ella y con ella. Viviendo la Eucaristía, con Cristo, en la Última Cena y reconociendo en ella su presencia real, sentimos hoy el dolor de todos los que sufren, en tantos y tantos lugares ignorados, a veces, muy cerca de nosotros donde la dignidad de la persona humana, o la vida, o la libertad de los hombres, por los que Cristo ha derramado su sangre, es menospreciada o destruida.
Todo esto, lo vivimos y celebramos en la Eucaristía. Y para perpetuar la Eucaristía el Señor nos hizo hoy un segundo regalo: el regalo del sacerdocio ministerial ... el regalo del ministerio apostólico que el Señor concedió a su Iglesia en las personas de aquellos doce apóstoles, a los que Él había llamado personalmente para que estuvieran muy cerca de Él y para enviarles a predicar. En la persona del sacerdote, por el sacramento del orden, el Señor sigue presente, entre nosotros sacramentalmente, como pastor bueno que cuida a su Iglesia y que congrega en la unidad y en la caridad a los suyos mediante el anuncio de la Palabra y la celebración de los sacramentos. Que el Señor nos enseñe a valorar el gran regalo de la Eucaristía, amar y servir al estilo de Jesús. Al comenzar el Triduo Pascual, recordemos que cada uno de nosotros como bautizados, somos sacerdotes, templos vivos, hostias vivas, piedras vivientes, y pueblo adquirido en propiedad, nación santa…