17/10/2025
✨ ¡Santa Clara cumplió su promesa a Santa Teresa✨
Santa Teresa de Jesús sentía una profunda devoción por Santa Clara de Asís. Cuando preparaba la fundación de su primer convento reformado, el de San José en Ávila, atravesaba momentos de gran incertidumbre y pruebas. Fue entonces, el 12 de agosto, día de Santa Clara (antiguamente SantaClara se celebraba el 12), mientras se dirigía a comulgar, cuando ocurrió algo extraordinario.
En el Libro de su Vida (cap. 33), Teresa lo narra con la sencillez y hondura que la caracterizan:
“Se me apareció con mucha hermosura. Díjome que me esforzase y fuese adelante en lo comenzado, que ella me ayudaría. Yo la tomé gran devoción, y ha salido tan verdad, que un monasterio de monjas de su Orden que está cerca de éste, nos ayuda a sustentar… Y más hace el Señor, y debe por ventura ser por ruegos de esta bendita Santa, que sin demanda ninguna nos provee Su Majestad muy cumplidamente lo necesario. Sea bendito por todo, amén.”
Aquel “monasterio de monjas de su Orden” era el convento de las Clarisas de Santa María de Jesús, conocido popularmente como Las Gordillas, fundado en 1502 por Doña María Dávila. Estas hermanas franciscanas, viviendo también en pobreza, compartieron con las primeras carmelitas lo poco que tenían, con pan partido y manos abiertas.
No fue solo un auxilio material: fue un lazo de oración y fraternidad entre dos carismas distintos, pero nacidos del mismo Evangelio. La visión mística se tradujo en amistad concreta; la promesa celestial se encarnó en un compartir cotidiano.
Teresa lo reconoció con gratitud: la pobreza evangélica de Santa Clara se respiraba también en San José. Y aquel espíritu, que rechazaba toda renta para vivir solo de la providencia, fue sostenido con la generosidad silenciosa de las Clarisas.
Así, lo que comenzó como una palabra de aliento en la oración, se convirtió en historia viva de comunión entre santos. Santa Clara cumplió su promesa. Sus hijas, con humildad y amor, ayudaron a encender en Ávila la llama de la Reforma del Carmelo.
Hoy, al recordarlo, descubrimos que la santidad nunca camina sola: se teje de encuentros, de favores recibidos y dados, de panes compartidos y de promesas que Dios mismo se encarga de cumplir.
Ecos Teresianos