22/05/2026
La Biblia nos enseña que no toda herida viene de un enemigo declarado; a veces las traiciones nacen de quienes caminan cerca de nosotros. Pedro era impulsivo y cometía errores desde la emoción, pero su corazón amaba sinceramente a Jesús. En cambio, Judas Iscariote ocultó sus verdaderas intenciones detrás de una apariencia de cercanía y amistad.
Por eso debemos cuidar nuestro corazón y pedir discernimiento a Dios, porque no todo el que sonríe tiene paz en su interior, ni todo el que corrige o se equivoca tiene malas intenciones.
También debemos examinarnos a nosotros mismos, para no convertirnos en personas desleales o de doble ánimo, sino en hombres y mujeres fieles, íntegros y transparentes delante de Dios y de la gente que nos rodea. El escuchar un chisme y no poner un alto te hace partícipe y eso es deslealtad.
Dios es un Padre fiel, que defiende y leal, así que, nosotros como hijos debemos reflejar esa misma fidelidad y lealtad.
Satanas es traición, deslealtad y venganza, entonces es buen momento para preguntarnos…
¿Quién es verdaderamente nuestro Padre?
Que nuestras palabras, acciones y amistad reflejen lealtad verdadera, porque el corazón correcto vale más que una apariencia perfecta.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” — Proverbios 4:23.