03/08/2025
Un Café Tu Yo ☕️
Si una mujer casada se ve bien, a pesar de la edad, hay que acercarse y darle la mano a su marido. Eso es mérito de él. Porque no la atormentó con groserías ni con infidelidades baratas. No la cargó con todo el trabajo pesado. No la insultó, no la criticó, no le gritó con voz dura. Al contrario: la abrazó, la besó, la amó. Le dijo palabras bonitas y cumplidos. La defendió de peligros. La consoló cuando estaba angustiada. Y gracias a ese buen trato… obtuvo a una mujer hermosa.
Después de los cuarenta, eso se nota clarito.
La esposa de un buen hombre es guapa, elegante, tranquila. Está en su casa sonriendo, o haciendo alguna cosita en el hogar, o paseando del brazo de su esposo al atardecer, mientras los demás hombres sienten envidia. Y piensan: ¿por qué mi mujer no es así?
Pues bien claro está por qué: a la mujer hay que cuidarla y quererla. Como se cuida un caballo de carreras, como se protege un carro de lujo… pero sobre todo, como a un ser humano.
Junto a cada mujer madura y hermosa siempre hay alguien a quien hay que darle la mano: su marido.
Claro, también existen mujeres bellas que están solas. Y hay esposas que, aun dentro de un matrimonio infeliz, lograron conservar su belleza… pero ésas son raras.
A la esposa hay que cuidarla desde joven, y entonces con el tiempo seguirá siendo bella e inteligente. Y la gente dirá: “Qué suerte tuvo este hombre con su mujer”. Tal vez sea suerte, pero más que nada es el resultado de ser un esposo bueno y sabio.
La apariencia y el carácter de una mujer dependen muchísimo de cómo se le trate.
Con palabras tiernas brillamos. Con abrazos rejuvenecemos. Con besos nos volvemos más lindas y más dulces… Y en el rostro y en la mirada de una esposa madura siempre se refleja cómo ha sido su marido: bueno… o no tanto.
Así que, al final, son los hombres los que eligen qué quieren tener a su lado: ¿a una reina… o a un monstruo?
Nosotras, las mujeres, en realidad sólo necesitamos un poco de cariño, de ternura, de palabras amables y apoyo. Lo demás, lo perdonamos… porque gracias al amor se pueden perdonar muchas cosas.