11/09/2026
Salmo 35.
David apela al único tribunal capaz de dictar un fallo perfecto: «Júzgame, Señor y Dios mío, de acuerdo con tu justicia. ¡Que no se rían de mí!». El autor sabía que los juicios de las personas pueden estar cargados de favoritismo, pero que el dictamen del Altísimo siempre saca a la luz la verdad.
El profeta Jeremías también exaltó la rectitud de nuestro Salvador al escribir de forma literal en sus páginas: «Pero tú, Señor de los ejércitos celestiales, que juzgas con justicia y conoces los secretos del corazón» (Jeremías 11:20, DHH). Colocar nuestra reputación en las manos de Cristo nos defiende de cualquier calumnia.