San Judas Tadeo, el apostol y martir.

San Judas Tadeo, el apostol y martir. «Judas» significa alabanzas sean dadas a Dios
«Tadeo» significa el valiente, hombre de pecho robusto
«Lebbeo» que significa hombre de corazón tierno

Oh gloriosísimo Apóstol San Judas!, siervo fiel y amigo de Jesús, el nombre del traidor que entregó a vuestro querido Maestro en manos de sus enemigos ha sido la causa de que muchos os hayan olvidado, pero la Iglesia os honra e invoca universalmente como patrón de los casos difíciles y desesperados. Rogad por mí que soy tan miserable; y haced uso, os ruego, de ese privilegio especial a vos concedido de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza, Veníd en mi ayuda en esta gran necesidad, para que reciba los consuelos y socorro del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente (haga aquí cada una de sus súplicas especiales), y para que bendiga a Dios con vos y con todos los escogidos por toda la eternidad.

Reflexión del Evangelio de hoyAnunciar a los suyos la alegría pascualLa oración colecta de esta festividad nos sitúa en ...
22/07/2026

Reflexión del Evangelio de hoy
Anunciar a los suyos la alegría pascual
La oración colecta de esta festividad nos sitúa en el más profundo cambio vivido por María Magdalena. El encuentro con el Resucitado le cambia la vida, llevándola más allá de aquella inicial conversión. Y eso solamente puede ocurrir a partir de la experiencia. El oído y la mirada, escuchar para ver. La imaginación de María le lleva a concluir erradamente: se han llevado el cuerpo del Señor. Así lo comunica a Simón Pedro y el otro discípulo, Juan. Y retorna a llorar y lamentarse por la pérdida.

En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma…
Ni el lecho, ni la noche, son espacios y tiempos de búsqueda. Constata que no lo encontraba y toma una determinación: Me levantaré y rondaré la ciudad, en calles y plazas, preguntando por doquier, sin éxito.

No saben decirme lo que quiero, apunta Juan de la Cruz, con toda razón. La encuentran los centinelas y a ellos pregunta “¿Habéis visto al amor de mi alma?”. No hay respuesta. Hay que pasarlos. Hay que escuchar en la intimidad, pues solamente allí se reconoce al amado.

María Magdalena, repite machaconamente la respuesta facilitada por su imaginación, por eso permanece en la noche, por eso no encuentra. Preguntada por los ángeles, insiste en su interpretación. Sorda y ciega. El fuerte dolor de la crucifixión la ha marcado y no hay salida para ella. El sepulcro vacío solo le conduce a un robo.

Tiene a Jesús delante y no lo reconoce, para ella es el hortelano. Y la súplica es la misma: si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. La búsqueda de María es sincera, su dolor es fruto del amor que siente por el Maestro, pero ella, como ellos, no entendieron cuando les hablaba de su muerte y resurrección.

Buscar a Jesús es buena determinación, pero hay que buscarlo no dónde nosotros decidimos, sino dónde él nos ha indicado. El Resucitado indica: “id a decirle a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán”. Ni en el lecho ni en la noche, hay que volver al principio, recordar lo que él decía. Escuchar. Una ocupación que Jesús resalta en María de Betania: escuchar al Maestro. Jesús nos lo ha dicho: Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.

"Mi alma está sediente de ti, Dios mío"
Repetimos una y otra vez: mi alma está sediente de ti, Dios mío. Como el salmista tenemos que clarificar qué es lo que realmente deseamos. No son suficientes las emociones. Necesitamos algo más, que de verdad sacie nuestra hambre y apague nuestra sed. Es preciso caer en la cuenta de cómo todo nuestro ser ha de buscarle a él. Alma sedienta y carne con ansia de ti. Es consecuencia de caer en la cuenta de cuál es nuestra naturaleza. Somos amor, a imagen de quien nos creo amor por él que es amor y en la permanencia en el amor, radica la progresiva satisfacción de una comunión plena. Dice el Cantar que cuando los hubo pasado (a los centinelas) encontró al amor de su vida.

"Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?"
La pregunta hecha por el supuesto hortelano, recibe la misma respuesta: que María está buscando al amor de su vida...y llena de tristeza y angustia, no lo encuentra.

Es en ese momento, cuando pronuncia su nombre, que se produce una reacción diferente. El había dicho que conocía sus ovejas por su nombre y ellas reconocían su voz. ¡¡María!!, y ella, reconoce por su voz al que sus ojos no identificaban. Ella se vuelve, dejando de mirar el sepulcro, que es tanto como quedarse en el pasado, y con la expresión Rabuni, se identifica como discípula, ahora dispuesta a seguirle.

Es el cambio que se produce en María. Pasar de la desolación al gozo. De estar amarrada al pasado a abrirse al futuro que es presente. Porque ya no se trata de un anuncio: resucitará al tercer día. Ahora está ante el presente: ha resucitado. Tampoco vale abrazarse, sujetándole. Jesús le manda: no me retengas. La razón: todavía no he subido a mi Padre. Con esa expresión se introduce el encargo, la misión. Si antes María fue, por propia iniciativa con un mensaje que nace de ella, ahora es enviada. Ahora se le dice lo que debe anunciar.

Y el anuncio comienza: He visto al Señor. Ello significa anunciar su resurrección. La que antes señalaba el robo como explicación de la desaparición de un cadáver, ahora afirma que él vive. Ha visto al Señor y le ha cambiado la vida. No comunica ella su interpretación de lo que ha visto. Ahora es portadora de un mensaje, que no le pertenece, sino que lo ha recibido para entregarlo: Y a dicho esto. Ella es enviada a los mismos que antes había visitado angustiada, diciendo: se han llevado el cuerpo del Señor. Ahora lo que les dice es lo que a ella se le ha dicho: ve y diles a mis hermanos, subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.

Como a la Magdalena, también a nosotros se nos envía y encomienda una misión, que no es otra diferente, sino la misma: decir a nuestros hermanos los hombres, que Jesús vive y que nos precede en el camino hacia el Padre.



¿A quién busco yo? ¿Qué tengo que comunicar al mundo de hoy?

Reflexión del Evangelio de hoyTransformados para ser creíblesEl amor es el distintivo del ser humano sano, maduro, libre...
22/07/2026

Reflexión del Evangelio de hoy
Transformados para ser creíbles
El amor es el distintivo del ser humano sano, maduro, libre, comprometido, capaz de ofrecer a la humanidad una vida creíble. Así actuó Pablo, su vida fue una vida creíble. Mientras anduvo sujeto a la ley como letra, fue un perseguidor, al que le era más propicio matar que aceptar otra verdad diferente, era un esclavo de la letra, por lo tanto, de sí mismo.

Cuando descubre que es amado y acogido por Aquel a quien perseguía, cuando sufre en su ser la destrucción de su castillo de naipes, es decir todo aquello que suponía su seguridad desde la radicalidad de la ley, cuando este muro se rompe, la vida de Pablo se transforma en una buena noticia, revestido de la verdad, de Cristo, fue capaz de dar en su nombre lo mejor que tenía, él mismo.

La libertad de Pablo comenzó a ser verdadera cuando pudo romper las cadenas de lo “establecido”, es decir cuando fue capaz de mirar la vida con los ojos de Dios y descubrió que el otro es hermano, que la fe no es uniformidad sino un camino de luz que me lleva a la plenitud de la Verdad (que es Dios) que se encuentra en la verdad del corazón de cada ser humano, todos tenemos un retazo de la verdad de Dios, descubrirlo personalmente y ayudar a que lo descubran los demás es el camino para ser felices, libres y creíbles.

Creíbles porque somos amados
La claridad con que expone Jesús este relato evangélico no deja mucho espacio para la reinterpretación, es radical y concreto: o estamos con El y en El o somos lo más parecido a lo inútil, es decir nada. Porque la dignidad humana no la da el tener un estatus u otro, el tener, el parecer, el poseer, el poder…el ser humano se define por ser. La esencialidad de su vida debe tener consistencia en el tiempo más allá de lo que hace o tiene, precisamente por su dignidad humana está llamado a la eternidad.

Permanecer en un lugar o junto a alguien requiere un conocimiento afianzado como vínculo que genere un bien y un crecimiento personal, un vínculo de amor que lleve a “oler” esa presencia en la atmosfera que le rodea, de lo contrario es una permanencia “viciada”.

El vínculo de permanencia con Cristo y en Cristo es el amor, no puede haber para el ser humano un vínculo más profundo que este. Permanecer en El, en Cristo tiene sus consecuencias que van más allá de un programa de vida, más bien es una vida que “huele a verdad, a fidelidad, a entrega, a esperanza, es una vida que ha aprendido a mirar desde la ventana del corazón, para descubrir en la humanidad la mirada de Dios.

Los ojos de Dios son las lágrimas y el dolor de los pobres, de los niños abandonados, de los enfermos, son las lágrimas de tanta soledad y abandono en un mundo que necesita descubrirse amado. Cuando los ojos de Dios se nos claven en el alma y las manos se nos rompan de tanto extenderlas para dar, acoger, perdonar, entonces permanecer en El, como sarmientos vivos, no será un sentimiento intimista, sino una entrega generosa que hará de nuestra vida una “buena noticia creíble”.

Permanecer en El, en Cristo nos lleva del Yo-TU al NOSOTROS que es el vínculo más profundo que existe en todo bautizado, el vínculo trinitario que riega con la gracia de su presencia la historia y la vida de la humanidad, como la vid riega los sarmientos y los embellece con su savia.

Permanecer en Cristo es la invitación que Dios nos hace para ser felices, para romper las barreras egoístas que nos impiden “oler a Dios,” percibir el aroma de su amor y su misericordia cada vez que abrimos el corazón para abrazar a la humanidad y darle calor de eternidad.

22/07/2026

Miércoles 22 de Julio de 2026
Jn. 20, 1-3.11-18

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».

Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!».

Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes"».

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

La Palabra me dice
Este hermoso texto del Evangelio de Juan, nos lleva a lo celebrado en la Pascua. Lo primero es que para vivir el encuentro con Jesús Resucitado, es necesario, a decir del Papa Francisco: “primerear”. María Magdalena, sale el primer día de la semana, de madrugada cuando está comenzando el día; es la primera que ve el sepulcro vacío; es la primera que se encuentra con Jesús Resucitado, es la primera que saca del encierro a los discípulos, es la que con sus lágrimas lavó los pies de Jesús, es ahora la primera a quién Jesús le enjuga sus lágrimas: “Mujer porqué lloras”. Es llamada por su nombre y reconoce la voz del Maestro.

No se trata de buscar los primeros puestos, nos ha dicho Jesús; y lo de María Magdalena, no pasa por competir con nadie, sino movida por su gran Amor al que es el Amor. Podemos preguntarnos, si en nuestro caminar en la fe, a qué damos prioridad. ¿Por qué madrugamos, y hacia dónde corremos? ¿Lloramos como María, cuando perdemos, la gracia de la presencia de Dios, su amistad? ¿Somos capaces de lavar los pies de Jesús, en los pobres? ¿ Nos dejamos enjugar nuestras lágrimas por el Resucitado, que a cada uno nos llama por el nombre una y otra vez? Compartimos en la comunidad nuestra experiencia de encuentro con Jesús?

Con corazón salesiano

A la luz de este hermoso texto de encuentro liberador con el Resucitado, me viene de pensar en el encuentro de Don Bosco, con Juan Cagliero. Un encuentro que transforma la vida de ese niño huérfano de padre, y con lágrimas que enjugar.

A los doce años conoció a Don Bosco, que pasaba por allí con sus chicos en uno de sus memorables paseos por las campiñas del Monferrato (1850).

Un año después, Don Bosco regresó para predicar en el día de los difuntos, y Juan lo acompañó como monaguillo. Cuando regresaron a la sacristía, Don Bosco le dijo sonriente:

—Me parece que tú tienes algo que decirme…

—Sí, Padre —contestó Cagliero con graciosa confianza.

—¿Tienes algún deseo?

—Sí: yo desearía ir con usted a Turín… para ser sacerdote.

—Bien. Muy bien. Siendo así, irás conmigo. El señor cura me ha hablado de ti.

Don Bosco, iluminado por el Espíritu Santo, descubre en ese niño, el gran sueño de Dios para su vida. Conociendo lo que Dios, regalo a Juan Cagliero en su vida como salesiano, misionero podemos decir que Juan, como María Magdalena, se convirtió en testigo y portador de la Buena Noticia del Evangelio. Su corazón de misionero acortó distancia, tendió puentes en situaciones difíciles, abrió surcos de educación en favor de los pobres.

A la Palabra, le digo

Ayúdanos a primerear en el amor, a salir de madrugada a buscarte. Ayúdanos a no tener miedo en dejarnos consolar y enjugar nuestras lágrimas, para con ojos de fe, descubrirte y anunciarte. Danos un corazón enamorado, apasionado por la causa del Reino, como lo tuvo Don Bosco, y supo formar misioneros llenos del fuego de tu Espíritu.

22/07/2026

María sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jesús, y después por la inexplicable desaparición de su cuerpo. Es mientras ella se arrodilla cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, que Dios la sorprende de la forma más inesperada. El evangelista Juan subraya cuánto es persistente su ceguera: no se da cuenta de la presencia de dos ángeles que le preguntan, y tampoco sospecha viendo al hombre a sus espaldas, que ella pensaba que era el guardián del jardín. Y sin embargo descubre el acontecimiento más asombroso de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: «¡María!» (v. 16). ¡Qué bonito es pensar que la primera aparición del Resucitado —según los Evangelios— sucedió de una forma tan personal! Que hay alguien que nos conoce, que ve nuestro sufrimiento y desilusión, que se conmueve por nosotros, y nos llama por nuestro nombre. Es una ley que encontramos esculpida en muchas páginas del Evangelio. En torno a Jesús hay muchas personas que buscan a Dios; pero la realidad más prodigiosa es que, mucho antes, está sobre todo Dios que se preocupa por nuestra vida, que la quiere revivir, y para hacer esto nos llama por nuestro nombre, reconociendo el rostro personal de cada uno. Cada hombre es una historia de amor que Dios escribe en esta tierra. (…) Los Evangelios nos describen la felicidad de María: la resurrección de Jesús no es una alegría dada con cuentagotas, sino una cascada que abarca toda la vida

22/07/2026

Evangelio del Día
Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 20, 1-2. 11-18

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".

María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: "¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo: "¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabbuní!", que en hebreo significa 'maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios' ".

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

22/07/2026

Lectura del Día
Lectura del libro del Cantar de los Cantares

Cantar 3, 1-4

Esto dice la esposa:
"En mi lecho, por las noches,
a mi amado yo buscaba.
Lo busqué, pero fue un vano.
Me levantaré. Por las plazas
y barrios de la ciudad
buscaré al amor de mi alma.

Lo busqué, pero fue en vano.
Y me encontraron los guardias
de la ciudad, y les dije:
'¿Qué no vieron a aquel que ama
mi alma?' Y apenas se fueron,
encontré al amor de mi alma".

ORACION SAN JUDAS TADEO  ¡Oh gloriosísimo apóstol San Judas! Siervo fiel y amigo de Jesús. El nombre del traidor que ent...
09/07/2026

ORACION SAN JUDAS TADEO
¡Oh gloriosísimo apóstol San Judas! Siervo fiel y amigo de Jesús. El nombre del traidor que entregó a tu querido Maestro en manos de sus enemigos ha sido la causa de que muchos te hayan olvidado, pero la Iglesia te honra y te invoca universalmente como el patrón de los casos difíciles y desesperados.
Ruega por mí que soy tan miserable, y has uso de ese privilegio especial a ti concedido de socorrer visible y prontamente cuando casi se ha perdido toda esperanza.
Ven en mi ayuda en esta gran necesidad, para que reciba los consuelos y socorros del cielo en todas mis necesidades, tribulaciones y sufrimientos, particularmente en la que te presento a continuación. (Haga aquí cada una de sus súplicas)
Alcánzame lo que humildemente te pido para que pueda siempre, con todo mi ser y todo mi corazón, bendecir y alabar a Dios contigo y con todos los escogidos por toda la eternidad.
Te prometo, glorioso San Judas, acordarme siempre de este gran favor y nunca dejaré de honrarte como a mi especial y poderoso protector y hacer todo lo que pueda para fomentar tu devoción.
Amén.
San Judas, ruega por nosotros y por todos los que te honran e invocan tu ayuda.
Rezar el Padrenuestro, Ave María y Gloria (3 veces)

07/07/2026

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02/07/2026

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