09/02/2026
¿La oveja perdida o el hijo pródigo?
La oveja perdida es quien no ha conocido a Dios.
El hijo pródigo es quien ya tuvo la experiencia de conocer al Señor.
No es lo mismo. Y confundirlo está enfermando a muchos pastores.
La Biblia dice que Jesús buscó la oveja perdida. No la esperó. Salió por ella. La cargó sobre Sus hombros. Porque la oveja no sabía volver, no tenía dirección, no tenía conciencia del peligro.
Pero el hijo pródigo… al hijo pródigo se le esperó.
El padre no salió corriendo tras él.
No lo persiguió por ciudades.
No negoció con su rebeldía.
No abandonó la casa para ir a rescatarlo.
El padre esperó.
Esperó con la puerta abierta.
Esperó con el corazón listo.
Esperó con los brazos preparados.
Esperó hasta que el hijo volvió en sí.
Y aquí está el problema que no estamos hablando suficiente en la iglesia.
Muchos pastores están cargados, deprimidos, ansiosos, agotados emocionalmente, porque están tratando al hijo pródigo como oveja perdida.
Están saliendo a buscar a quien decidió irse. Están persiguiendo a quien sabe el camino de regreso.
Están invirtiendo energía en quien está lejos por decisión, mientras descuidan a los que sí se quedaron.
Y sin darse cuenta, por salvar al que se fue, están lastimando al que permanece.
El padre del hijo pródigo no perdió la casa por salir a buscar al hijo. No descuidó al otro hijo. No se rompió en el proceso. Esperó… porque amar también es respetar procesos.
La oveja se busca. El hijo pródigo se espera.
Porque hay ausencias que son confusión, y hay ausencias que son decisión.
Y no todo el que se va necesita persecución; algunos necesitan hambre, silencio, quebranto, y memoria.
Pastor, líder, servidor: no te aflijas por alguien que todavía no ha decidido volver. No te destruyas intentando rescatar
a quien aún ama más el lugar donde está y no ama el regresar a casa. El Señor tratara con el corazón del hijo pródigo para que entienda su valor en la casa del Padre y regrese para que sea restituido.
Cuida la casa.
Cuida a los que permanecen.
Cuida tu alma.
Y cuando el hijo pródigo vuelva, porque muchos vuelven, que te encuentre vivo, entero, con brazos abiertos… no vacío, no roto, no resentido.
Buscar también es amor.Pero saber esperar es sabiduría.
Y a veces, la mayor muestra de amor pastoral no es salir corriendo… sino quedarse firme esperando con esperanza.
-reflexiones de un joven pastor