10/05/2026
LA TRAMPA DE IMITAR LA CULTURA EN LA ADORACIÓN DE LA IGLESIA
Cada vez que una congregación incluye en el culto público prácticas que observa que el mundo hace en sus eventos y lo añade como acto de adoración, comete pecado.
Encontramos en el Antiguo Testamento que el Señor dijo así:
¶29 Cuando el Señor tu Dios haya destruido delante de ti las naciones que vas a desposeer,
y las hayas desposeído y habites en su tierra,
30 cuídate de no caer en una trampa imitándolas, después que hayan sido destruidas
delante de ti, y de no buscar sus dioses, diciendo: «¿Cómo servían estas naciones a sus
dioses para que yo haga lo mismo?». Deut. 12:29-30
Nota como el pueblo de Dios tiene prohibido observar a su a rededor para imitar los actos de adoración del mundo. No importa si parecen “buenos”, o si son atractivos; de hecho, no importa si es algo que atrae masas. Cuando se trata de la adoración a Dios, imitar nuestra cultura es simplemente una TRAMPA de la que debemos cuidarnos.
Lo lamentable es que muchos de los cultos modernos no son más que una imitación de los “cultos” del mundo.
La iglesia quiere ser como los cines o estadios y Por eso cada vez hay más bailes, obras de teatro, juegos, charlas al estilo comediantes en lugar de predicación y una clara imitación de los conciertos en las alabanzas.
La sencillez del culto ordenado es menospreciada en este tiempo; pero Dios en Su Palabra aprueba un culto sin espectáculos, sin métodos humanos para atraer personas, pues esa es una labor que La Palabra de Dios fielmente predicada obra en los corazones.
Nuestra adoración no debe ser un espectáculo. No estamos obligados a tener una producción profesional; antes bien, la adoración debe ser sencilla, genuina y centrada en Cristo.
Pensar en cómo crear del culto una atracción o entretenimiento es una negación de la belleza que hay en la adoración verdadera; es un rechazo a nuestro Dios quien desea ser adorado de manera distinta y Santa. Lo peor de todo es que esto desplaza a Dios y coloca al hombre como el centro de la adoración, pues al fin de cuentas quieres agradar a los hombres ofreciéndoles lo que sus mentes carnales desean y encuentran en los cultos de este mundo en lugar de exponerlos a las Glorias de Jesucristo.
Por último, quiero anticiparme a la objeción de que esto vuelve el culto “aburrido”:
¿En serio no te genera gozo el escuchar y comprender las glorias de Jesucristo, el que murió por ti?, ¿De verdad te causa molestia que el Dios Verdadero, Santo, Santo, Santo; sea quien diga como desea ser adorado sin tu consentimiento?
De ser así; examínate. Probablemente no es a Dios a quien diriges tu adoración.