03/06/2018
"Soy Martin; entre la basura y con el corazón hecho pedazos, te ofrezco mi testimonio"
A mí papá lo mataron cuando apenas tenía 8 años, la familia de parte de mamá solicitaron adoptarnos, con la condición de que debían regalar a uno. Con mucho dolor en el corazón mi Mamá decidió regalarme a mí con mis abuelos de parte de papá, porque esa fue la petición de su familia, que al que tenían que regalar, era a mi, porque tenía el mismo nombre de papá, aludiendo que tendría las mismas conductas de El, y porque era despreciado por esa familiar. Fue muy triste despedirme de ellos, mi corazón se desgarraba y lloraba locamente al saber que no estaba al lado de mamá, de mis hermanos y que papá recientemente había mu**to. Mis abuelos me amaban mucho, pero los hijos de mi abuela me maltrataban por celos a su amor. Mis abuelos al ver que era una razón de los conflictos, maltratos y divisiones en casa, tomaron la decisión de regalarme una vez más, con un Tío que vivía fuera de la ciudad. Lamentablemente junto a mi Tío el maltrato continuaba; en mi mente venía mucho odio y rencor hacía mi familia, más de algún momento pensé que cuando fuera grande podría asesinarlos por haberme abandonado. Muchas veces comía una vez al día, razón por lo qué me enfermé de anemia, era tratado duramente con desprecio. Aunque mi sueño era estudiar no podía hacerlo debido a lo que vivía, porque mi tío en realidad me llevó a vivir con el para sacrificar o explotar mi vida, me levantaba a las 5:00 AM para ir a traer naranjas al mercado y terminaba de trabajar a las 6:00 PM. Nunca me celebraron un cumpleaños, siempre se olvidaron de esta fecha y a veces cuando yo deseaba in regalo lo que recibía, eran golpes.
Una mañana tome la decisión de huir de la casa de mi Tío, muy temprano prepare mi maleta y salí sin saber mi destino. Deje la ropa donde una vecina, muchas personas que ya conocía me daban donde dormir u otras veces dormía en las calles con otros niños abandonados. Comía desperdicios del mercado; de las calles y de los basureros recogía latas, desechables y cobre, para venderlos y así tener dinero para comprar comida.
En los basureros disfrutaba de los juguetes que nunca tuve en las dos casas que me adoptaron y que tampoco mis padres me regalaron.
Don Julio tenía un consultorio de medicina natural, me llevó a vivir a su casa, me aconsejó con historias similares que habían superado el proceso y me inspiro a soñar en la vida.
Empecé a estudiar, Don Julio me ayudó a conseguir trabajo en un restaurante de su hijo, logré superar los miedos y quitar la timidez. Donde trabajaba viví en un apartamento donde los jóvenes con quienes compartíamos apartamento me enseñaron muchas vicios; pornografía, masturbación, s**o y hasta robar, pero el alcohol lo deseche, al saber que fue una de las razones de la muerte de mi papá.
El restaurante fue trasladado a Santa Rosa de Copán Honduras, junto con el; también lo hice yo. Finalmente el restaurante quebró en esta Ciudad, pero yo me quedé viviendo aquí. Obtuve otro empleo, continúe estudiando mi secundaria. En el colegio un compañero Alexis Henríquez, me habló de Jesús, me invitó a la iglesia; pero fue un poco difícil acercarme por el odio que tenía en contra de Dios desde mi infancia.
Ahora me he graduado de la secundaria, espero pronto se habrá una puerta universitaria para comenzar una nueva carrera; en la iglesia acepté a Jesús por lo que mi vida fue transformada y actualmente sirvo con mucha pasión a Jesucristo en una iglesia local, trabajo e inspiro a jóvenes con el amor de Dios que al igual, han pasado o están pasando situaciones similares a las mías. Mi único sueño en la vida es un avivamiento. He superado el dolor, el llanto y el abandono; tengo un buen trabajo y vivo para darle vida en Jesús va lo que está mu**to.
Gracias por leer mi testimonio, espero sea de mucha bendición. Martin P.T.
Posdata: Martín, trabaja con nuestro ministerio de jóvenes, es una bendición verle con la pasión que lo hace, cada día nos inspira a superar toda barrera que nos impida a alcanzar el propósito de Dios. Víctor M.
Testimonio escrito por Victor Melara