20/02/2026
Hace unos días escuché un podcast que me gustó.
Entrevistaban a una mujer de 84 años, muy activa, llena de vida. Contaba que durante doce años cuidó a su esposo enfermo hasta el día en que murió. Cada fin de semana lo llevaba de viaje 🚗. A veces tenía que detener el carro en plena carretera, poner el triángulo de seguridad 🔺 y cambiarle el pañal. Y aun así, decía que era feliz llevándolo a la playa, acomodándolo en una hamaca para que sintiera la brisa y disfrutara el paisaje. 🏝️
El entrevistador le dijo: “eso sí era amor”.
Y ella, entre lágrimas, respondió:
“Soy lo que soy gracias a mi esposo. Para él yo era la mejor, la más guapa, la más divina, la más inteligente. Cuando llegaba a casa me decía: ‘llegó mi flor preferida’.” 🌸🫂
Habían tenido un matrimonio maravilloso.
Y pensé que en ningún matrimonio deberían faltar las palabras bonitas todos los días.
Hace unos días me acosté y me di cuenta de algo sencillo: muchas noches mi esposo y yo nos dormimos sin decirnos una palabra. 💤
La rutina nos gana.
Y sin darnos cuenta empezamos a asumir que el otro ya sabe que lo amamos.
Pero asumirlo es un error.
Porque hay días en los que uno no se siente amado… y necesita escucharlo.
No basta con amar.
Hay que decirlo.
Hay que recordarlo.
Porque incluso el corazón más fuerte necesita, de vez en cuando, escuchar:
Eres importante para mí ♥️