19/08/2026
Había un niño llamado Lucas que fue a visitar la granja de sus abuelos. Jugando con una resortera, lanzó una piedra por impulso y mató accidentalmente al pato de su abuela. Asustado, escondió el cuerpo en la leña sin saber que su hermana Mariana lo había visto todo.
A partir de ese día, Mariana lo chantajeó para que hiciera sus tareas domésticas con solo susurrarle: “¿Recuerdas al pato?”. Atormentado por la culpa y el cansancio de la servidumbre, Lucas no soportó más y le confesó la verdad a su abuela.
La abuela sonrió con ternura, abrazó a su nieto y le dijo: “Hijo mío, yo vi todo lo que ocurrió desde la ventana. Y, porque te amo, te perdoné desde ese mismo instante; solo estaba esperando ver cuánto tiempo permitirías que Mariana te mantuviera como su esclavo”.
Reflexión
El diablo actúa exactamente de la misma manera: acusa a las personas y las mantiene atrapadas en el pasado, esclavizadas por el peso de la culpa y el miedo al castigo.
Sin embargo, el Señor Jesús ya lo vio todo y siempre está dispuesto a perdonar. Cuando confiesan y se arrepienten de corazón, la gracia de Dios rompe toda condenación y las hace libre.