28/03/2024
Abba, Padre, tú lo puedes todo, aparta de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. (Mc 14, 32-46)
El Evangelio de Marcos nos invita a adentrarnos en el Triduo Pascual con profunda reflexión y entrega. Desde la Última Cena, donde Jesús nos muestra el camino del servicio al lavar los pies de sus discípulos, hasta el momento conmovedor en el huerto de Getsemaní, donde experimenta la angustia y el peso de la cruz que está por venir, somos llamados a acompañarlo en su pasión.
En estos días sagrados, recordamos que Jesús no solo compartió con nosotros el Pan y el Vino, sino también su dolor y su sacrificio. En Getsemaní, vemos su humanidad vulnerable, su oración ferviente y su aceptación total de la voluntad del Padre, es un recordatorio de que el sufrimiento y la entrega son parte integral de nuestra fe.
Así como los discípulos se quedaron dormidos mientras Jesús oraba en Getsemaní, a menudo también podemos sentirnos adormecidos ante el sufrimiento ajeno, sin embargo, la llamada es estar despiertos, atentos y dispuestos a ofrecer nuestro apoyo y compañía a quienes atraviesan situaciones dolorosas, recordemos que la vida es para darla y Él nos la dio primero, que su Camino, su Verdad y su Vida se conviertan hoy en invitación a hacer lo mismo en memoria suya.
Que en cada Getsemaní de nuestra vida encontremos la fuerza para decir, como Jesús: "Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".