16/08/2026
El voto a Nuestra Señora de Izamal.
Reseña histórica
Por: Ángel E. Gutiérrez Romero
Corría el mes de marzo de 1648 y en la provincia de Yucatán ocurrieron diversos fenómenos ambientales descritos como un “aire tan espeso que parecía una niebla o humo muy condensado que obscurecía la luz de los rayos solares”; por las tardes la brisa marina que llegaba a Mérida era “con tan mal olor que apenas se podía soportar” ocasionada por una “montaña de peces mu***os, cercanos a la costa”. Igualmente, se suscitaron ataques piráticos en la villa de Bacalar, el asalto de un navío con cien mil pesos y la explosión de otro en Campeche. Por último, en junio se comenzó el “achaque de la peste” en Campeche y posteriormente ocurrió lo mismo en Mérida.
Consignada en acta capitular, se describe la situación de crisis vivida por los meridanos de aquel entonces:
[…] por causa de las muchas, continuas y aceleradas enfermedades y muertes muy precipitadas con que se ha acabado y destruido toda ésta ciudad de Mérida, quedando en ella muy pocos vecinos y moradores, y por haber dado el rigor de estas enfermedades en todo género de personas, eclesiásticos, religiosos de San Francisco, de la Compañía de Jesús, del Convento de Monjas de esta ciudad, quedando aniquilado de todo el servicio de él y muchas religiosas que han fallecido, y muchas familias de esta dicha ciudad destruidas y desamparadas las casas y viviendas […]
Ante la epidemia, el gobernador don Esteban de Azcárraga y el Cabildo Civil de Mérida, acordaron traer a la ciudad a la “Reina de los Ángeles, Virgen y Señora Nuestra [de Izamal]” para el consuelo de los vecinos, comisionando para el traslado de la imagen al teniente de gobernador Juan de Aguilera Ladrón de Guevara.
La Virgen de Izamal fue traslada a Mérida algunas semanas después. El espacio destinado para veneración pública de la sagrada imagen fue “el convento del seráfico padre y patriarca San Francisco a donde ha estado con la majestad, grandeza y devoción que se requiere a esta gran Señora y Princesa”. Transcurridos los nueve días de estancia en Mérida, Nuestra Señora de Izamal fue trasladada de nuevo a su santuario y:
[…] en acción de las debidas gracias que se deben dar a esta gran Señora por la vista, consuelo y mejora que ha tenido esta dicha ciudad con su asistencia y presencia en ella […] se eligió, nombró y votó, así de la parte de su señoría el Cabildo y Regimiento de esta dicha ciudad, como de su señoría el Cabildo de esta Santa Iglesia Catedral, por abogada Patrona y Protectora y Madre de esta dicha provincia […]
Además de este voto conjunto entre las autoridades civiles y eclesiásticas de Mérida, el Cabildo Catedral decretó:
[…] que en cada un año, se eligiese uno de los señores del cuerpo del cabildo de esta dicha Santa Iglesia Catedral para que fuese a celebrar la festividad de la Asunción de la Reina de los Ángeles al dicho pueblo de Izamal, que se celebra en quince de agosto, con la solemnidad, autoridad y grandeza que se celebra la festividad de la limpia e Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, la Reina de los Ángeles, en ocho de diciembre, equivaliendo una festividad a otra, quedando perpetuamente asentado y establecido este auto, voto y decreto […]
Con este decreto, el Cabildo Eclesiástico de Yucatán manifestó pública y solemnemente su devoción a la Virgen izamaleña, tomándola como un signo de continuidad y de tradición colegial ya que en el auto decretado por los capitulares quedó asentado a perpetuidad y comprometía a todos sus sucesores en las dignidades y canonjías a cumplir el voto.
A lo largo cuatro siglos el voto del Cabildo a Nuestra Señora de Izamal sigue cumpliéndose con especial devoción de los señores canónigos.
En la imagen de archivo los canónigos Juan Castro Lara, Francisco O’ Horán Pech, Mons. Alfonso Roca Lara, Mons. Carlos Heredia Cervera, Mons. Fernando María Ávila Alvarez y José Ignacio Kemp Lozano