24/05/2026
"Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre. Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas" (Hch 20, 28-30)
En muchas ocasiones son los mismos sacerdotes los que piden a los coros algún canto protestante, algunos coros se ponen en un dilema y otros obedecen ciegamente sin saber las consecuencias que esto acarrea, no solo para ellos, sino para toda la asamblea.
El día de hoy, tanto la lectura como el evangelio nos dan luz sobre ello, en la lectura de los Hechos de los apóstoles, San Pablo les dice a los sacerdotes "Velen por ustedes y por todo el rebaño", velar es sinónimo de cuidar, proteger, y esto se los confirma inmediatamente al decirles "el Espíritu Santo los ha constituido guardianes", es decir, preservar con la sana doctrina al rebaño encomendado y a ellos mismos, los mandó a apacentar, no a dividir a la Iglesia de Dios. Cuando un sacerdote pide cantar algo no católico está descuidando y dejando de lado la doctrina que al ordenarse prometió obedecer, velar y compartir, con ello divide y va llevándose a su pueblo hacia el pecado del relativismo religioso, es decir, pensar que todas las religiones son lo mismo, con ello está ignorando y desperdiciando la Sangre derramada por nuestra salvación. Y esto mismo, el mismo San Pablo lo advirtió "se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas"
Y es ahí en donde muchos coros se escudan bajo la obediencia ciega al sacerdote, sin darse cuenta que están siendo arrastrados y no precisamente hacia el Reino de Dios; ahí es donde muchos se preguntan, entonces a quién debemos obedecer? Y a quien debemos obedecer es a Jesús, a su doctrina, la fe y doctrina que como católicos hemos heredado, tanto los sacerdotes como los laicos debemos obediencia a esta doctrina, pero surge la duda porque precisamente la gran mayoría desconoce esta doctrina, desconoce lo que la Iglesia nos manda en cuanto a la música litúrgica.
Si es verdad que el párroco tiene autoridad sobre el territorio de su parroquia, esa autoridad es pastoral mas no litúrgica; y esto porque ni el mismo Código de Derecho Canónico tiene prevalencia sobre la Liturgia, la cual en principio está normada por la Constitución Sacrosanctum Concilium, la cual en su numeral 22 nos dice: "Nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia" (SC. 22 §3)
Con esto no quiero decir que se entre en rebeldía, discusiones y enfrentamientos con sus párrocos o sacerdotes, sino más bien en instruirse y formarse, conocer realmente nuestra fe, y con este conocimiento dialogar respetuosamente para corregir y hacer que la música litúrgica realmente cumpla con su objetivo, y con ello tanto sacerdotes como ministros del canto y fieles seremos fieles a la doctrina, con ello cumpliremos el deseo de Jesús, la unidad, la cual el evangelio de hoy nos lo recuerda: (Jn 17, 11.17.21)
Esto no es nada fácil, pero para ello, la oración, la formación y el diálogo son claves para un buen entendimiento. Es por ello que el mismo Jesús pide al Padre por los de su rebaño, por nosotros. Así también pide que seamos "consagrados", es decir, apartados del mundo para ser solo de Dios, y pide que seamos consagrados "en la verdad" y la verdad solo la encontramos en ÉL y en su Cuerpo Místico, la Iglesia, que nos guía y orienta en la verdad y hacia la Verdad, nos lleva a la verdadera unidad, a ejemplo de la Santísima Trinidad.
Aun así, hay ocasiones que los sacerdotes están muy cerrados en sus ideas y cayendo en el clericalismo limitan a quienes les contradicen y hasta los corren de sus parroquias, ahí lo que queda es la oración por estos sacerdotes, ya Dios hará su trabajo en ellos, en la medida de lo posible, perseverar, y en un determinado caso, brindar el servicio en una parroquia cercana. No es fácil, pero Jesús cuida y pide al Padre por nosotros.