23/12/2022
ESCOGE BIEN, ESCOGE LO MEJOR
{de Deuteronomio a Belén 4/8}
¿Buscamos a Dios sin esperar nada, o en verdad esperamos algo que en nadie ni nada más hemos podido encontrar? ¿Seguimos a Cristo desinteresadamente o resulta que sí tenemos intereses de por medio, los cuales esperamos que sean cumplidos? ¿Al creer en el evangelio de Cristo lo hacemos por “convenencieros” o dejamos a un lado nuestros anhelos?
Podemos sincerarnos y reconocer que buscamos a Cristo por sus beneficios y motivados por nuestra conveniencia – de hecho, las ofertas de Jesús tal parece que apelan a nuestro sentido de conveniencia e interés; es Cristo quien se ofrece como “El pan de vida”, quien nos llama prometiendo que sus seguidores “hallarán descanso”, es Él quien ofrece “vida eterna” y quien anuncia “la corona de la vida” a quien persevere en seguirle hasta el fin. De modo que es legítimo que el cristiano confiese: “vine a Cristo porque eso me conviene, por lo que él me ofrece, por que nadie ha igualado sus beneficios” – Sí, el cristiano vino a Cristo interesado y buscando su conveniencia; quiere ser saciado, quiere hallar reposo, quiere entrar en la gloria, y quiere ser feliz; cosa que Cristo también prometió: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Jn.15:11).
Siempre ha sido así; Dios se ofrece como benefactor, fuente de redención, dicha y plenitud para su pueblo – por gracia y misericordia - ofreciendo vida, reposo, bienestar, provisión y eterna dicha a sus redimidos.
Y así ha sido siempre; “He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido” (Deut.11:26-28)
El Señor no acusará de interesados, oportunistas o convenencieros a quienes viendo que Dios otorga amplios beneficios y generosa redención proceden en devoción y apego a rendirle obediencia y confianza – él mismo nos anima “Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; (Deu 30:19).
Se equivoca quien piense que un cristiano se ha despojado de aspiraciones o conveniencias – es todo lo contrario; el evangelio de Cristo le ha presentado una oferta inigualable. Al mirar a Cristo, el creyente miró una oportunidad que no dejó pasar – sólo un ciego escogería la muerte pudiendo tener vida, sólo un insensato preferiría pasar hambre pudiendo ser saciado; sólo un distraído escogería una bolsa de basura en lugar de un tesoro invaluable – sólo un desquiciado prefería las brasas del in****no, pudiendo tener la dicha del paraíso.
Lo que vino Cristo a hacer es alumbrar; manifestar el verdadero valor de las cosas – denunciar lo superfluo y vano de la dicha temporal, señalar lo insuficiente e inútil del mérito personal y advertir lo peligroso del pecado y la iniquidad. La luz vino a las tinieblas – y en su luz somos libres de la mentira; sabemos por su iluminación lo que realmente vale, lo que sí importa y lo que nos conviene – nos conviene Él, nos conviene rendirnos en fe, nos irá bien si le tenemos por Señor y Salvador.
No es que los cristianos no tengamos ambiciones; sino que habiendo conocido la plenitud y el gozo en Cristo, no nos conformaremos con demasiado poco - si es temporal, vano o incompleto, no haremos de ello nuestro tesoro: Es Cristo, su gloria, su dicha, su presencia y su herencia lo que anhelamos, y eso no es ambicionar poco; es saber lo que realmente vale la pena.
Lo que todo humano necesita es que la luz de Cristo alumbre en las tinieblas, que el encanto por lo vano sea abolido, que el engaño de lo temporal sea expuesto y que el peligro del pecado sea advertido – entonces veremos al Hijo de Dios como nuestro todo en todo; pan de vida, descanso del alma, salvación eterna y dicha plena.
He ahí el anuncio del ángel “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo” (Luc.2:10) – Si alguien recibe una noticia de más grande gozo, con mejores garantías, con mayor dicha y bendición que las que trajo el Unigénito encarnado, vaya entonces tras ese ofrecimiento, siga su conveniencia – Pero nadie ha igualado la oferta del Mesías nacido en Belén: misericordia, perdón, redención, vida eterna, adopción, el paraíso y la plenitud del gozo - por eso le seguimos; porque así de grande es Su bondad.
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo. (Fil.3:7-8)
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. (Jn.3:36)