Iglesia de Jesucristo I Río de agua viva

Iglesia de Jesucristo I Río de agua viva Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Juan 7:37-38

Visión | Somos una Iglesia Cristiana plantada junto a corrientes de agua pura que descienden del trono de Dios y del Cordero en dónde es cambiado nuestro lamento en gozo (Shushan purim).

29/03/2026

❤️‍🔥 | Los Dos Testigos - Parte 4
📖 | Palabra de Dios a su Iglesia
(Basado en Apocalipsis 11 1 al 14)

Queridos hermanos y amigos, hemos visto cómo al sonar las primeras cuatro, la creación misma tembló; con la quinta, el abismo se abrió; con la sexta, los ejércitos demoníacos fueron desatados.

Hoy, en esta parte 4 de nuestra serie sobre las Siete Trompetas, vamos a encontrarnos con dos testigos extraordinarios que Dios levantará en los últimos días. Son hombres con el espíritu de Elías y de Moisés. Son hombres que predicarán en medio del caos, que serán perseguidos, que morirán... y que volverán a vivir. Su historia no es solo profecía. Es un mensaje para la Iglesia hoy.

A veces pensamos que ser un testigo de Dios requiere tener superpoderes visibles desde el primer día. Es como cuando alguien intenta por primera vez ayunar: a las dos horas siente que ya tiene visiones celestiales, pero en realidad es solo el hambre recordándole que no desayunó. Sin embargo, el verdadero poder no reside en nuestro estómago vacío o en nuestras fuerzas, sino en la autoridad que Dios nos otorga para sostener la verdad frente a la mentira.

En Apocalipsis 11, quien habla es una voz que le dirige instrucciones directas a Juan el apóstol. Esta voz corresponde al Señor Jesucristo, quien es el narrador principal a lo largo del libro de Apocalipsis, según el mismo capítulo 1: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio" (Apocalipsis 1 1).
Es Cristo resucitado, glorificado, quien revela a su siervo Juan los eventos que sacudirán al mundo. Y en este pasaje, Él mismo ordena, mide, protege y vindica a sus dos testigos. Es Jesús quien tiene la última palabra sobre su Iglesia, sobre sus siervos y sobre la historia.

Punto 1: La Iglesia medida por Dios.
Apocalipsis 11 1 al 2

> Versículo 1: "Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él."

Imagina por un momento la escena. Juan está en medio de visiones cósmicas —trompetas, ángeles, plagas— y de repente le entregan... una caña para medir. ¿Una caña? Si, ese acto tiene un significado profundo. En la Biblia, medir algo es señal de que le pertenece a Dios, de que Él lo conoce y lo guarda. Como el buen pastor que cuenta sus ovejas una por una. Dios le dice a Juan: "Mide el templo, el altar y a los adoradores." No están perdidos. No son números. No son estadísticas. Dios los conoce por nombre.

Cuando el mundo parece invadir todo, Dios nos recuerda: “Ustedes son mi templo”. No estamos indefensos; hemos sido “medidos” por su gracia. El patio exterior (la cultura, los sistemas) puede ser hostil, pero el altar y los adoradores están bajo la vara de Cristo. No teman si hoy sienten que la ciudad santa—la comunidad de fe—es pisoteada; Dios sabe quiénes son los suyos.

> Versículo 2: "Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses."

El patio exterior no es medido. Es dejado a los gentiles, es decir, a las naciones del mundo por cuarenta y dos meses, que equivalen a los tres años y medio. Este número aparece repetidamente en Apocalipsis y conecta directamente con la gran tribulación descrita por Daniel y por el mismo Señor Jesús en (Daniel 9 27 y Mateo 24 21).

Hay un principio teológico aquí: no todo lo que lleva el nombre de "iglesia" pertenece a Dios. El patio exterior es lo superficial, lo religioso sin relación, lo que está alejado del altar y de la adoración verdadera que es hollado, pisoteado, dejado a merced del mundo.

Aunque el patio exterior esté en tinieblas, el Lugar Santísimo sigue siendo nuestra morada. Acercaos al altar. Sed adoradores, no solo espectadores. Que cuando Dios mida, te encuentre a ti en el lugar correcto: cerca de Su presencia.

Punto 2: Testigos ungidos, no derrotados.

> Apocalipsis 11 3 al 6: “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. Estos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra. Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.”

Ahora aparece la pareja más famosa del apocalipsis. Dos testigos, vestidos de cilicio: ropa de luto, señal de que su mensaje es serio, de arrepentimiento. Pero no son dos pobres hombres solitarios; Juan los identifica como “los dos olivos y los dos candeleros”, una clara referencia a Zacarías 4, donde el profeta ve dos olivos que vierten aceite en el candelero de oro. Allí el mensaje era: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová” (Zacarías 4 6). Estos testigos representan el testimonio ungido del pueblo de Dios en toda la historia: son como Moisés (que convirtió aguas en sangre) y Elías (que cerró el cielo). Representan la Ley y los Profetas, y también la iglesia que anuncia el Evangelio en el poder del Espíritu.

¿Por qué dos? Porque en boca de dos testigos se establece toda verdad (Deuteronomio 19 15). Dios no deja su testimonio en una sola voz. Y mientras profetizan por 1260 días (los mismos 42 meses, tres años y medio), nadie puede detenerlos hasta que se cumpla su obra. Su protección es sobrenatural: fuego sale de su boca. Esto no es un poder humano; es la Palabra de Dios que como fuego consume todo argumento en contra.

A veces nosotros queremos ser testigos “sin cilicio”, ¿verdad? Queremos predicar el evangelio pero con un contrato que diga: “No incluir incomodidad, ni arrepentimiento, ni cruz”. Pero Dios dice: “Mis testigos van vestidos de cilicio, pero con fuego en la boca”. El testimonio genuino incomoda al mundo, pero incomoda con amor, y viene con poder divino.

Dios sigue levantando testigos. No son superhéroes con capa, son hermanos ungidos por el Espíritu. En un mundo que quiere silenciar la verdad, el testimonio de la iglesia—cuando es fiel—tiene una autoridad que no viene de las redes sociales ni de estrategias humanas, sino del poder de Dios. Tu y yo, en nuestro lugar, somos llamados a ser parte de estos “dos testigos”: testigos de la gracia y del juicio, testigos que no se dejan amedrentar.

Acepta que el testimonio puede traer rechazo, pero también trae poder. No busques popularidad; busca fidelidad. Vístete de cilicio (humildad, arrepentimiento), pero habla con la unción de quien ha estado delante del Dios de la tierra.

Punto 3: Muerte aparente, resurrección gloriosa.

> Apocalipsis 11 7 al 14: “Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres estarán en la plaza de la gran ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra. Pero después de tres días y medio, entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en la nube, y sus enemigos los vieron. En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y siete mil hombres perecieron en el terremoto; y los demás fueron atemorizados, y dieron gloria al Dios del cielo. El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto.”

Parece que todo termina mal. Los testigos son vencidos por la bestia que sube del abismo. Sus cadáveres quedan expuestos en la calle de la gran ciudad—esa ciudad que espiritualmente es Sodoma por su (inmoralidad), Egipto por su (opresión) y también donde el Señor fue crucificado (Jerusalén, que rechazó a su Mesías). Es una imagen de cómo el mundo celebra la muerte del testimonio de Dios. Se envían regalos, hay fiesta. Dicen: “Por fin se callaron”. Pero tres días y medio después—el mismo período simbólico de la opresión—sucede lo inesperado: Dios envía el espíritu de vida que entra en ellos. Se levantan. Una voz del cielo dice: “Subid acá”, y suben en una nube. Entonces, un terremoto derriba una décima parte de la ciudad. Y lo más impactante: los que antes se regocijaban, ahora son atemorizados y “dieron gloria al Dios del cielo”.

¿Qué significa? Que el testimonio de Dios no puede ser silenciado para siempre. Así como Cristo murió y resucitó, sus testigos—aunque parezcan vencidos—experimentan resurrección. La bestia los mata, pero Dios los levanta. Y ese levantar produce una reacción: juicio sobre la ciudad impía, pero también un arrepentimiento parcial (“dieron gloria a Dios”). No es una conversión masiva, pero es un reconocimiento de que Dios es quien es.

El mundo celebra cuando el cristianismo parece silenciado, cuando las iglesias cierran, cuando los valores bíblicos son ridiculizados. Pero la resurrección es el patrón de Dios. No teman si hoy el testimonio parece derrotado. La bestia tiene poder solo hasta que se cumple el testimonio. Después viene el “espíritu de vida”. La iglesia resucita, y el mundo, aunque no se convierta en masa, termina reconociendo que Dios estaba en medio.

No te desesperes cuando veas que el mal parece triunfar. Dios tiene un reloj perfecto. Nuestra tarea es dar testimonio hasta que Él diga “acabaron”. Luego, aunque haya muerte aparente, Él da vida. Confía en la resurrección. Tenemos la certeza de que el último capítulo no lo escribe la bestia, sino el Cordero de Dios, y esa esperanza te sostiene en los días más difíciles.

Hemos visto tres realidades eternas:

1. Dios mide y protege a su pueblo – Somos su templo, aunque el mundo nos hostigue.
2. Dios levanta testigos ungidos – Con poder para anunciar su verdad, sin temor.
3. Dios resucita lo que parecía mu**to – El testimonio vuelve a levantarse, y el mundo se enfrenta a la gloria de Dios.

Ahora, quiero preguntarte:

· “¿Qué provecho obtiene el hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma?” (Mateo 16 26) – Cuando ves que la bestia celebra el silencio de los testigos, ¿De qué lado estás?

· “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18 8) – ¿Estás dando testimonio hoy, o te has conformado con el patio exterior?

· “¿Por qué me llamáis ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo?” (Lucas 6 46) – ¿Estás dispuesto a vestirte de cilicio y hablar con el fuego del Espíritu, o prefieres un cristianismo cómodo?

No seamos solo oidores de esta palabra. Seamos testigos fieles, sabiendo que la vara de medir nos da pertenecía, nos protege y la resurrección nos espera.

Hoy, en medio de estas profecías impresionantes, quiero detenerme y decirte algo sencillo pero eterno:

Dios te ama. No como un número, no como una estadística. Te ama a ti, por tu
nombre, como el pastor que mide y conoce a cada oveja.

Pero hay un problema: el pecado nos ha separado de Él. La Biblia dice:
> "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Romanos 3 23

Y la consecuencia del pecado es terrible:
> "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." Romanos 6 23

Pero Dios, en su amor infinito, hizo algo extraordinario:
"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." Romanos 5 8

Jesús tomó tu lugar. Murió en la cruz cargando tu pecado. Resucitó al tercer día —exactamente como los dos testigos de hoy— y hoy vive y reina. Y Él te extiende esta invitación: "Porque si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los mu**tos, serás salvo." Romanos 10 9

La salvación no se gana. Se recibe. Es un regalo de Dios. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios." Efesios 2 8

Si en este momento el Espíritu Santo está tocando tu corazón, te invito a que hagas esta oración conmigo, no como un ritual, sino como la entrega sincera de tu vida a Jesucristo:

“Señor Jesús, reconozco que he sido parte de un mundo que te ignora y que celebra tu silencio. Me arrepiento de mis pecados. Creo que moriste en la cruz por mí y que resucitaste al tercer día. Hoy te recibo como mi Señor y Salvador. Entro a formar parte de tu templo; quiero ser testigo tuyo, aunque me cueste. Lléname de tu Espíritu y dame tu poder. Gracias por darme vida eterna. Amén.”

Si has orado esto con fe, la Palabra declara: “Os digo que así hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15 10).

¡Bienvenido a la familia de Dios!

Ahora, como nuevo creyente, te animo a:
· Amar a Dios sobre todas las cosas (Deuteronomio 6 5).
· Tener comunión con Él cada día en oración y lectura de la Biblia.
· Bautizarte en agua, como testimonio público de tu fe, y pedir apoyo pastoral para este paso.
· Vivir en amor y misericordia hacia tu prójimo, porque así demostrarás que eres discípulo de Jesús.
· Perseverar fielmente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, confiando que Aquel que comenzó la buena obra en ti, la perfeccionará.

Ahora Oremos todos:
Padre Santo, te damos gracias porque en medio de un mundo convulso, tú tienes un templo medido, testigos ungidos y una resurrección asegurada. Fortalece a tu iglesia para que sea fiel en su testimonio. Y a los que hoy han entregado su vida a Cristo, recíbelos con gozo en tu familia. Guárdalos, sostenlos, hazlos testigos valientes. En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor.

Que el amor del Padre, la gracia de Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros, ahora y siempre. Amén.

Hermanos, si el Señor pone en ti el deseo de apoyar este ministerio para que continuemos llevando la Palabra de verdad a través de este medio, tu contribución voluntaria es de gran bendición.

Los datos los puedes encontrar en la descripción del vídeo. También nos ayudas al darle like al video y al suscribirte, comparte este mensaje con alguien que necesite esta esperanza, juntos seamos luz de la verdad de Cristo al mundo. Dios te bendiga.

15/03/2026

🎺 | El Último Aviso: La Sexta Trompeta
📖 | Palabra de Dios a su Iglesia. Parte 3
(Basado en Apocalipsis 9:13 -21 y cap. 10)

Amados hermanos, hoy entramos en la secuencia final de este segundo "ay", donde la justicia de Dios y Su misericordia se encuentran de una manera estremecedora.

Recordemos la historia de Noé. Durante 120 años, mientras construía aquel inmenso barco en medio de la tierra seca, cada golpe de ma****lo era un sermón. La gente se burlaba, seguían en sus fiestas, sus negocios y sus pecados. Noé no solo construía madera; advertía de un juicio que parecía imposible. Un día, el cielo se oscureció y Dios mismo cerró la puerta.

Apocalipsis 9 y 10 son ese "último martillazo" de Dios. Es el sonido de la sexta trompeta. Dios está dándole al mundo una última oportunidad de mirar hacia arriba antes de que el misterio de Su justicia se complete. La paciencia de Dios tiene un límite. Dios da advertencias antes del juicio, en Apocalipsis, las trompetas son precisamente eso: advertencias divinas. No son todavía el juicio final. Son llamados urgentes al arrepentimiento.

Hoy veremos la sexta trompeta: una escena impresionante donde Dios vuelve a advertir al mundo. Pero también veremos algo sorprendente: aun después de ver el juicio, muchos no se arrepienten.

En Apocalipsis vemos una revelación dada por Dios Padre, entregada a Jesucristo, y comunicada al apóstol Juan. En este pasaje se manifiesta la autoridad soberana de Dios, y también la voz del cielo que representa la voluntad del Padre ejecutada por el Hijo y revelada por el Espíritu Santo que guía a Juan y actúa como siempre: convenciendo de pecado, guiando al arrepentimiento, sellando a los redimidos.

• PRIMER PUNTO: El Juicio de Dios Es Real, Preciso y Sin Excusas. Apocalipsis 9 13 al 21.

> Apocalipsis 9 13: "El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios."

Imagina la escena: Juan, el apóstol amado, está en el cielo contemplando el trono de Dios. Ya han sonado cinco trompetas y el mundo ha sufrido horrores sin precedentes: langostas del abismo, oscuridad, plaga. Ahora suena la sexta trompeta. Y del lugar más sagrado del templo celestial "el altar de oro" sale una voz. No es un rumor, no es un eco lejano. Es una orden directa de Dios Padre, clara como el trueno e irresistible como el mar.

¿Por qué del altar? Porque en ese altar se elevan las oraciones de los mártires que claman: «¿Hasta cuándo, Señor?» (Apocalipsis 6 10). Dios responde a las oraciones de sus hijos. El juicio es, en parte, respuesta a la oración de su pueblo.

> Apocalipsis 9 14: "diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates."

El río Éufrates es el límite oriental del mundo bíblico, la frontera entre la civilización de Israel y los imperios del oriente: Asiria, Babilonia, Persia. Siempre representó el peligro que venía del este. Dios tiene cuatro ángeles seres espirituales de inmenso poder atados en ese lugar, esperando. Nadie actúa sin su permiso. El juicio no es caos: es soberanía.

Hoy, en el contexto global del siglo XXI, vemos tensiones geopolíticas en el Medio Oriente, Turquía, Irán, Irak y Siria, exactamente la región del antiguo Éufrates. Las naciones que rodean Israel se arman y conspiran. El escenario profético se está configurando.

> Apocalipsis 9 15: "Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, el día, el mes y el año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres."

Hay una frase que debe sacudirnos: "Dios no improvisa". Desde antes de la fundación del mundo, Él tiene designado el momento exacto de cada juicio. No hay accidente en la historia. Cada guerra, cada pandemia, cada catástrofe tiene su tiempo en el reloj de Dios y el resultado es devastador: un tercio de la humanidad morirá. Sobre un planeta de 8,000 millones de personas, eso sería más de 2,600 millones de seres humanos. El juicio de la sexta trompeta supera en escala todo lo que la historia ha conocido.

> Apocalipsis 9 16: "Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número."

En el siglo I d.C., eso era inconcebible. Ningún ejército humano de la antigüedad llegaba ni al millón. ¿Son estos ángeles demoníacos disfrazados de jinetes? ¿Son ejércitos humanos sobrenaturalmente guiados? La historia registra que China anunció en la década de 1960 que podía movilizar un ejército de 200 millones de combatientes. Sea literal o simbólico, el mensaje es el mismo: el poder de este juicio es abrumador.

> Apocalipsis 9 17: "Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre."

Juan lucha por describir lo que ve con el vocabulario del siglo I. Muchos comentaristas ven aquí una descripción visionaria de armamento moderno: tanques, misiles, artillería pesada, armas de destrucción masiva. Sea cual sea la interpretación precisa, el cuadro es aterrador: es la guerra en su forma más devastadora.

> Apocalipsis 9 18:
"Por estas tres plagas fue mu**ta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca."

En el contexto actual, el mundo vive bajo la amenaza de armas nucleares, biológicas y químicas. La humanidad tiene hoy el poder de destruirse a sí misma varias veces. Y sin embargo, los líderes del mundo no se arrepienten como veremos enseguida.

> Apocalipsis 9 19: "Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban."

Una imagen de destrucción que viene de frente y de atrás. No hay escape. El juicio de Dios rodea completamente a quienes lo rechazan.

> Apocalipsis 9 20: "Y los otros hombres que no fueron mu**tos con estas plagas, aún no se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar."

Aquí está el versículo más trágico de todo el pasaje. Después de perder a la tercera parte de la humanidad en una guerra apocalíptica, los sobrevivientes... no se arrepintieron. ¿Cómo es posible?. La respuesta es que el corazón humano sin Cristo es terco hasta la muerte.
¿Qué adoran?. Demonios e ídolos. En el siglo XXI, los ídolos han cambiado de forma pero no de naturaleza: el dinero, el poder, la fama, la tecnología, el placer, la ideología. Pablo lo dijo claramente: «la codicia es idolatría» (Colosenses 3 5). Los hombres prefieren sus ídolos antes que arrodillarse ante el Dios vivo.

> Apocalipsis 9 21: "y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos."

El catálogo del pecado humano sin Cristo: homicidios (cultura de muerte, ab**to, guerras), hechicerías (en el griego original: pharmakeia uso de dr**as para prácticas ocultistas, el problema de las adicciones que destruye familias hoy), fornicación (la revolución sexual con todo tipo de perversiones que ha devastado a la familia y a la sociedad), hurtos (corrupción, robo sistémico). Acaso el mundo de hoy, ¿no se reconoce en esta lista?

La primera gran enseñanza es esta: EL JUICIO DE DIOS ES REAL. No es un mito, no es metáfora poética. Es la realidad que viene sobre un mundo que rechaza a su Creador.

• SEGUNDO PUNTO: El Misterio de Dios. Hay algo más grande que el juicio. Apocalipsis 10 1 al 11.

> Apocalipsis 10 1: "Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego."

El capítulo 10 del Apocalipsis marca un "paréntesis" o intermedio entre la sexta y la séptima trompeta. Es un pasaje lleno de simbolismo majestuoso y autoridad divina.

Presenta a un ser de autoridad suprema (interpretado comúnmente como Jesús) que, aunque es llamado ángel por su función (del griego angelos, que significa "mensajero"), porta atributos exclusivos de Dios, el rostro como el sol, la nube y el arco iris. Por tanto, más que identificar su naturaleza biológica, el término describe su función específica: actuar como el heraldo definitivo que trae un mensaje directo del trono de Dios Padre para reclamar soberanía sobre la creación.

Así, la visión resalta que este "mensajero fuerte" es Cristo por su descripción y simbolismo, interviniendo en la historia humana para garantizar que, a pesar del juicio, las promesas del pacto divino permanecen firmes.

> Apocalipsis 10 2: "Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra."

Jesucristo sostiene un “librito abierto”, lo cual representa una revelación que antes estaba sellada pero que ahora ha sido abierta. Esto indica que el plan de Dios ya está listo para cumplirse.
Cuando coloca su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, está realizando un acto simbólico de autoridad y posesión sobre toda la creación. Con ese gesto declara que todo el mundo pertenece a Dios.
Su postura muestra que el mensaje que trae no está limitado a un país o imperio, sino que alcanza a toda la humanidad. Es un anuncio solemne de que el tiempo del juicio final de Dios se acerca.

> Apocalipsis 10 3: "y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces."

En la Biblia, el rugido de un león no es solo un sonido animal; simboliza la autoridad suprema y el juicio inminente. En el lenguaje bíblico, el número siete representa la perfección, la plenitud o la totalidad de Dios. Los siete truenos sugieren que el juicio o la revelación que emitieron fue total y perfecta.

> Apocalipais 10 4: "Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas."

Juan va a escribir lo que escuchó, pero Dios le dice: no. ¿Por qué? Porque hay misterios que Dios reserva para su tiempo.

> Deuteronomio 29 29: «Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.»

La fe no necesita conocerlo todo. La fe confía en Aquel que sí lo sabe todo. Esta es una lección de humildad para teólogos y creyentes de todos los tiempos: no lo sabemos todo, y eso está bien, reconocer nuestra limitación respecto a la omnisciencia de Dios.

> Apocalipsis 10 5 al 6: "Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más."

Aquí vemos a este mensajero poderoso de Dios (Prefigura de Cristo) haciendo un juramento eterno, declarando que ya no habrá más demora en el cumplimiento del plan divino. Y cuando leemos esto a la luz de las Escrituras, recordamos inmediatamente otra escena casi idéntica en:

> Daniel 12 7: Oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.

El varón vestido de lino (Prefigura de Cristo) juró por el que vive por los siglos”. Daniel contempló esta revelación y se le ordenó sellar el libro hasta el tiempo del fin; en cambio, en Apocalipsis Juan ve librito abierto, señal de que aquello que fue sellado ahora está siendo revelado y llevado a su cumplimiento. Así, la Escritura nos muestra una continuidad gloriosa: el mismo Señor que en los días de Daniel anunció el tiempo del fin y selló la profecía, ahora en Apocalipsis se presenta con autoridad sobre el mar y la tierra para declarar que el momento determinado por Dios ha llegado. De esta manera entendemos que Cristo, Señor de la historia y de la revelación, es quien guía todo el plan redentor: Él anuncia el misterio, Él lo preserva, y finalmente Él mismo lo revela cuando llega el tiempo señalado por el Padre.

> Apocalipsis 10 7: "sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas."

El «misterio de Dios» es el plan redentor completo: la salvación de su pueblo, la derrota definitiva del mal, el establecimiento del reino eterno de Cristo. Este misterio fue anunciado por todos los profetas desde Abraham hasta Malaquías y se cumplirá en el momento exacto que Dios ha determinado. La historia no es un accidente; es una sinfonía que Dios está dirigiendo hacia su clímax glorioso.

> Apocalipsis 10 8 al 9: "La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel."

Dios le ordena a Juan: toma el libro y cómelo. Esta imagen proviene del profeta Ezequiel 3 1 al 3. Comer el libro simboliza internalizar profundamente la Palabra de Dios, hacerla parte de uno mismo, no solo conocerla intelectualmente sino vivirla en las entrañas.

Y el resultado es dual: dulce en la boca, amargo en el vientre. El evangelio es la noticia más dulce que existe hay perdón, hay vida eterna, hay amor de Dios. Pero también es amargo: significa predicar juicio, significa sufrir rechazo, significa cargar la carga de la salvación del prójimo. Todo predicador fiel del evangelio conoce ambos sabores.

> Apocalipsis 10 10: "Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre."

Juan obedece. No debate, no pone condiciones. Simplemente obedece. Y experimenta exactamente lo que el Señor le dijo.

> Apocalipsis 10 11: "Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes."

El mensaje de Dios no es para un solo pueblo, una sola cultura, una sola era. Es para «muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes». Esta es la Gran Comisión de Mateo 28 19 al 20 expresada en clave profética.

• TERCER PUNTO: La Iglesia tiene una Misión urgente e impostergable.

El mensaje es urgente porque el tiempo es limitado. El mensaje es universal porque Dios ama a toda nación. El mensaje es costoso porque involucra amargura y dulzura juntas. Pero es el mensaje más necesario que el mundo jamás haya escuchado.

El mundo del siglo XXI vive exactamente el cuadro de Apocalipsis 9 20 al 21: no se arrepienten. Las estadísticas muestran que el abandono de la fe crece en Occidente, que la inmoralidad se celebra como virtud, que las adicciones devastan millones, que la corrupción es sistémica. La Iglesia no puede responder con silencio ni con acomodación. Debe responder con la Palabra de Dios proclamada con valentía y amor.

Si Dios te diera esta noche la oportunidad de escuchar el sonido de la sexta trompeta y vieras la realidad del juicio que se aproxima, ¿qué cambiarías en tu vida mañana mismo?

¿Hay alguien en tu vida, un familiar, un amigo, un compañero de trabajo que necesita escuchar este evangelio de tu boca, y tú aún no se lo has dicho?

Si hoy estás aquí sin haber entregado tu vida a Jesucristo, estas palabras son especialmente para ti. El Dios que dirige los juicios del Apocalipsis es el mismo Dios que te creó, que te ama y que envió a su Hijo a morir por ti.

Todos hemos pecado. Tú, yo, toda persona que ha vivido. El pecado nos separa de Dios y merece juicio eterno.

> Romanos 3 23 dice: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios."

Merecemos muerte, separación eterna de Dios. Pero Dios ofrece vida eterna como regalo.

> Romanos 6 23 dice: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."

> Romanos 5 8 dice: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros."

> Juan 3 16 dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

La salvación no viene por obras, ni por religión, ni por buenas intenciones. Viene por fe genuina del corazón y confesión sincera de la boca.

> Romanos 10 9 al 10 dice: "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los mu**tos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación."

Hoy, en este momento, puedes ser salvo.
Si lo deseas repite esta oración en voz alta con sinceridad:

Señor Jesucristo, Hoy vengo ante Ti tal como soy. Reconozco que soy pecador y que mis pecados me separan de Ti. Creo que moriste en la cruz por mis pecados
y que resucitaste al tercer día para darme vida eterna. Me arrepiento de corazón de todo lo que he hecho mal. Hoy te recibo como mi único y suficiente Salvador y Señor. Entra a mi vida, transfórmame, guíame. Desde hoy soy Tuyo. En el nombre de Jesús. Amén.

Si oraste esta oración con fe sincera, la Biblia declara que eres salvo y bienvenido a la familia de Dios.

Oremos todos.

Padre Celestial, Dios Soberano del universo,
Te damos gracias porque en medio de los juicios que vendrán sobre esta tierra, Tu misericordia y Tu gracia aún prevalecen. Gracias porque enviaste a Tu Hijo Jesucristo a morir por nosotros. Gracias porque aún hay tiempo, porque Tu evangelio sigue siendo poder de Dios para salvación.

Señor, que esta Palabra no regrese vacía.
Que todo aquel que hoy escuchó, crea.
Que todo el que creyó, obedezca.
Que todo el que obedeció, testifique.
En el nombre del Jesús.

Que el amor del Padre, la gracia del Señor Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros, ahora y siempre. Amén.

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