03/06/2026
“ACERCAOS A DIOS, Y ÉL SE ACERCARÁ A VOSOTROS…” (Stg. 4:8)
Dios quiere que nos acerquemos a Él para oírle; esto es, para obedecerle, temerle y hacer Su voluntad, humillándonos delante de Él.
La Escritura dice: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal” (Ec. 5:1).
Cuando vamos a la casa de Dios, sucede que el ministro, quien ya ha subido al monte, ha oído la voz de Dios y la ha traído al pueblo. Él nos la hace saber, y es decisión y responsabilidad nuestra oírla y obedecerla. La congregación dijo a Moisés: “Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos” (Dt. 5:27).
Al ver nuestra obediencia a Su Palabra y conociendo el corazón de cada uno, pues Él sabe cuándo un corazón está realmente quebrantado, contrito y humillado, y no lo desprecia, también comienza a acercarse a nosotros (Sal. 34:18) para oírnos (Jn. 9:31).
El Salmo 34:15 dice: “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.”
Acerquémonos, pues, a Dios, y Él se acercará a nosotros.