Parroquia y Santuario de Ntra. Sra. de San Juan de los Lagos

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Buenas tardes hermanos, con la autorización de nuestro Párroco el Padre Daniel, les hacemos la invitación a nuestra *Jor...
29/05/2026

Buenas tardes hermanos, con la autorización de nuestro Párroco el Padre Daniel, les hacemos la invitación a nuestra *Jornada Parroquial para Adolescentes y Jóvenes*, el horario será de 3:30 p.m. a 9:00 p.m., esperando que puedan compartirlo en sus grupos, con sus amigos y familiares, los interesados favor de registrarse en el siguiente enlace, ¡Los esperamos! ☺️🙌🏼

Atentamente: Pastoral de Adolescentes y Jóvenes 🩵

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29/05/2026
EL SACERDOCIO DE JESUCRISTO, SIGUE SIENDO ATRACTIVO PARA JÓVENES VARONES 28 de mayo de 2026 o Fiesta de Jesucristo Sumo ...
28/05/2026

EL SACERDOCIO DE JESUCRISTO, SIGUE SIENDO ATRACTIVO PARA JÓVENES VARONES
28 de mayo de 2026 o Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote
Sacerdote: Daniel Valdez García

Este artículo va especialmente para ustedes, jóvenes. El alma no envejece; lo que cambia es cómo vivimos la fe y la vocación que Dios nos ofrece. A propósito de los dos jóvenes que fueron consagrados sacerdotes en la Santa Iglesia Catedral de Toluca.

Cuando San Pablo escribe a los Corintios, recuerda que ha perdonado los pecados “in persona Christi” (cf. 2 Cor 2,10). No se trata solo de representar a Jesús ni de actuar “en su lugar”: es que Cristo actúa con sus ministros. En el fondo, el sacerdote es un puente entre Dios y las personas: acerca a Dios a la gente y, a la vez, presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, Dios y hombre al mismo tiempo, es el sacerdote más auténtico (Heb 7,26-28). Y cuando un joven quiere ser sacerdote, lo hace para servir al estilo de Cristo: con entrega, cercanía y servicio a los demás. ¿Te imaginas ser ese puente entre Dios y la gente? (Mt 20,28; Heb 13,15-16).

Pero, si miramos la historia, el sacerdocio del Antiguo Testamento era muy distinto. Se basaba en la genealogía y en un conjunto de ceremonias en el Templo, donde se sacrificaban animales. En esa época, el sacerdocio estaba ligado a la tribu de Leví. Jesús, sin embargo, era de la tribu de Judá, y no encajaba en esa estructura (Heb 7,14).

La figura de Jesús se parece más a la de los profetas y maestros itinerantes: personas que llamaban a la fidelidad a Dios y, a veces, hacían milagros; o a los maestros que iban de ciudad en ciudad, rodeados de discípulos, enseñando y acercando a la gente. En los Evangelios, cuando la gente habla con Jesús, suelen llamarlo “Rabbí” o “Maestro”.

Claro que el sacerdote tiene la misión de acercar a Dios a la gente y, al mismo tiempo, ofrendar por ellos. Jesús se acerca a la humanidad necesitada de salvación y intercede para que podamos recibir la misericordia de Dios, que se expresa de manera plena en la Cruz (1 Ped 2,24; Gal 3,13).

La crucifixión no era, para los hombres de entonces, una ofrenda sacerdotal en el sentido tradicional. Lo esencial del sacrificio no eran el sufrimiento ni la muerte de la víctima, sino la realización de un rito conforme a las normas del Templo. La muerte de Jesús, visto por la gente, parecía más bien la ejecución de un condenado, fuera de Jerusalén, y se la interpretaba —sacando de contexto un pasaje de Deuteronomio (Dt 21,23)— como una maldición (Gal 3,13).

Después de la Resurrección y la Ascensión, y con la llegada del Espíritu en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar y, con el tiempo, fueron rodeados de colaboradores. Pero Jesús mismo no se había identificado como sacerdote, así que tampoco ellos se llamaron sacerdotes en esos primeros momentos.

Las tareas que realizaban los primeros cristianos eran muy diferentes de las de los sacerdotes del Templo. Por eso usaron otros nombres que describían mejor sus funciones: apóstoles (“enviados”), epíscopos (“vigías”), presbíteros (“ancianos”) o diákonos (“servidores”), entre otros (Efesios 4,11; 1 Tim 3,1-13; Hechos 14,23).

Sin embargo, al mirar de cerca estas funciones, se ve que tienen un carácter claramente sacerdotal, aunque con un sentido distinto al del sacerdocio de la Antigua Alianza. Ese “sentido nuevo” ya aparece cuando San Pablo describe su ministerio con un lenguaje que suena a sacerdocio, pero que no se refiere a un sacerdocio propio y autónomo. Más bien, es una participación en el Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús (Heb 4,14-16; Heb 7,26-28).

San Pablo no quiere emular a los sacerdotes de la Antigua Alianza. Su labor no consiste en ofrecer cadáveres de animales en el altar para santificar este mundo. Su misión es santificar a personas vivas con el fuego del Espíritu Santo que arde en sus corazones mediante la predicación del Evangelio (1 Cor 4,1-2).

En la Iglesia primitiva hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter sacerdotal real: sirven a las comunidades, cumplen tareas diversas y, sin embargo, ninguno es sacerdote por sí solo ni tiene autonomía para inventar un “sacerdocio” propio. Todos participan del sacerdocio de Cristo (1 Ped 2,5,9; Heb 10,14).

En resumen: el sacerdocio de Jesucristo sigue siendo una llamada atractiva para los jóvenes que desean servir a Cristo. No es una idea antigua, sino una invitación viva para vivir como Cristo en el mundo de hoy: sirviendo, intercediendo y caminando junto a los demás en la cercanía de Dios. Si esta vocación te atrae, estás siendo invitado a descubrir cómo puedes participar del sacerdocio de Cristo en tu vida y en tu comunidad (cf. 1 Ped 2,9; Heb 4,16).

28/05/2026

El único sumo, eterno y misericordioso sacerdote es Jesucristo.

VIII Jueves  del Tiempo Ordinario o  JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTESacerdote: Daniel Valdez GarcíaHermanos y herman...
28/05/2026

VIII Jueves del Tiempo Ordinario o JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE
Sacerdote: Daniel Valdez García

Hermanos y hermanas en Jesucristo, nos acercamos a este tema central de nuestra fe: ¿quién es Jesús para nosotros en su sacerdocio? ¿Qué significa su sacerdocio para la vida de la Iglesia y para la nuestra como creyentes? Hoy quiero conducirles por un camino claro y persuasivo: Jesús es el único Sumos Sacerdote verdadero; su ministerio no se agota en el Antiguo Templo, sino que establece un nuevo pacto en el que cada creyente participa, no por mérito propio, sino por la gracia de Cristo. Y a la vez, el papel de nosotros los ministros ordenados no es ejercer un sacerdocio propio, sino custodiar y servir al Pueblo de Dios dentro del sacerdocio único de Cristo.

1) Jesús es el único Sumo Sacerdote verdadero

La Escritura nos dice con claridad que Jesús es el gran Mediador entre Dios y los hombres. No se trata de un simple personaje que realiza una función simbólica, sino de aquel que actúa con autoridad divina: “Tenemos un gran Sumo Sacerdote, que penetró en los cielos, Jesucristo, el Hijo de Dios” (Hebreos 4,14). En Él la misericordia de Dios se nos ofrece con libertad para acercarnos confiadamente al trono de la gracia (Hebreos 4,16).

Este sacerdocio de Cristo es eterno y perfecto. A diferencia de los sacerdotes del Templo, que servían bajo la antigua dispensación, Jesús no pertenece a la tribu de Leví sino a la orden de Melquisedek, inaugurando un sacerdocio superior que se funda en su persona y en su sacrificio definitivo (Hebreos 7,11-28). Por eso, cuando contemplamos a Jesús, no vemos simplemente a un hombre que actúa, sino al Dios- hombre que abre un acceso directo a la comunión con el Padre.

2) El antiguo sacerdocio y la novedad de Cristo

El sacerdocio levítico cumplía un pacto ceremonial y rito-sacrificial específico. Pero la persona de Jesús y su misión muestran que el corazón del acto de sacrificio no reside solamente en completar un rito, sino en obedecer a la voluntad de Dios y en ofrecer una entrega que transforma a los hombres (Hebreos 9,11-14; 10,1-14).

La crucifixión de Jesús, vista desde esa perspectiva, no es una ofrenda ritual del sacerdocio del Templo, sino la consumación de la misión del Mesías: un sacrificio perfecto que quita el pecado del mundo. En la cruz, Cristo no sólo muere; Él ofrece un sacrificio que redime y que abre un camino nuevo de relación con Dios. “No fue para sí mismo que murió, sino para que nosotros vivamos para Él.” Este acto es la clave de todo el ministerio sacerdotal de Cristo: la ofrenda que nos reconcilia con Dios y que nos llama a una vida nueva (Hebreos 9,26-28; 10,12-14; 1 Pedro 2,24).

3) El ministerio de Jesús y su mediación continua

Jesús, en su vida terrena, fue Maestro y Mediador entre Dios y los hombres. No se presentaba como sacerdote del Templo, sino como Rabí, Maestro de vida eterna, cuya cercanía a la gente revela al Padre. Y después de su Resurrección y Ascensión, el Espíritu Santo abre la Iglesia a una misión compartida: los apóstoles y sus colaboradores asumen tareas de servicio que, si bien no se presentan con la etiqueta “sacerdotal” del Antiguo Testamento, llevan en su interior un sentido sacerdotal: la santificación de los creyentes y la edificación de la comunidad en la gracia de Cristo.

En la teología cristiana, vemos cómo Pablo usa un lenguaje sacerdotal para describir su ministerio y el de otros, no para afirmarse con un sacerdocio autónomo, sino para participar del Sumo Sacerdocio de Cristo. Él escribe que ha perdonado los pecados “in persona Christi” (2 Corintios 2,10): no mediante una mera representación, sino porque Cristo mismo actúa con sus ministros y “in persona Christi” obra la gracia salvadora. Así, el ministerio de los apóstoles y de quienes somos ministros de la Iglesia tiene un fundamento sacerdotal, pero siempre en la medida en que participa del sacerdocio único de Cristo.

4) Los ministros y el servicio en la Iglesia primitiva

Tras la resurrección y la venida del Espíritu, la Iglesia organizó su vida en torno a ministros que, aunque recibían cargos y tareas específicas, no eran sacerdotes “a título propio”. Se usaron otras designaciones: apóstolos (enviados), epíscopos (supervisores), presbíteros (ancianos) y diáconos (servidores). Con todo, a través de estas funciones se manifiesta un mismo sentido sacerdotal: guiar, enseñar, orar, santificar y servir, para que el pueblo de Dios crezca en madurez y en la experiencia de la gracia. San Pablo, en sus cartas, describe su ministerio con un lenguaje sacerdotal, no para erigirse autónomamente, sino para dirigir a los creyentes hacia la plenitud de Cristo (Efesios 4,11-16; 1 Corintios 12; 1 Timoteo 3 y Tito 1-2).

Este es un punto decisivo: la Iglesia no tiene un sacerdocio independiente de Cristo; nos tiene a ministros consagrados y llamados por Cristo para ayudar a la comunidad a vivir y experimentar el sacerdocio de Cristo en la historia. Los ministros consagrados para el sacerdocio somos servidores al servicio del reino de Dios y de la la Iglesia, para orientar a los santos y hacer que la gracia de Cristo fluya a todos los rincones del cuerpo de Cristo.

5) El sacerdocio de todos los creyentes

Una de las grandes aportaciones de la fe cristiana es la afirmación de que no solo algunos son sacerdotes consagrados, sino que todos los creyentes participan de un mismo sacerdocio en Cristo, se llama sacerdocio común, real o bautismal que recibimos el día de nuestro bautismo. La Escritura llama a la Iglesia a ser “un reino de sacerdotes” y a presentar sus cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12,1; 1 Pedro 2,9). Somos un pueblo llamado a ofrecer adoración, a servir, a predicar el Evangelio y a vivir de manera que otros vean la gloria de Dios en nuestras acciones diarias.

El concepto de “in persona Christi” se mantiene: Cristo actúa en su Iglesia a través de su Espíritu y de la gracia que nos sostiene. En ese sentido, cada creyente es llamado a un papel de intercesión, de testimonio, de servicio y de santificación personal y comunitaria, no por mérito propio, sino a la luz del sacerdocio único de Cristo (1 Corintios 12; 1 Pedro 2,5-10; 2 Corintios 2,10).

6) Llamado a una vida de sacerdocio activo

Qué implica, hoy, vivir esta verdad? Implica acercarnos con confianza al Padre a través de la fe en Cristo, sabiendo que no necesitamos intermediarios humanos para entrar en su presencia, sino que el camino está abierto por la sangre de Jesús (Hebreos 4,14-16). Implica presentar ante Dios nuestras vidas como sacrificio vivo, cada día, en nuestra conducta, en nuestras relaciones y en nuestra misión en el mundo (Romanos 12,1-2). Implica también servir a nuestros hermanos con amor, humildad y diligencia, reconociendo que cada don, cada palabra de gracia, cada acto de servicio es una participación en el sacerdocio de Cristo (Efesios 4,11-13; 1 Pedro 4,10-11).

Conclusión

Hermanos, Jesucristo es el Unico, Sumo Sacerdote único, perfecto, eterno y misericordioso. Su sacrificio en la cruz abre un camino nuevo entre Dios y la humanidad; y su resurrección y envío del Espíritu santifica, capacita y envía a la Iglesia a vivir un sacerdocio que ya no es meramente ceremonial, sino vital, transformador y universal. Los ministros ordenados cumplen una función de liderazgo y servicio dentro de este único sacerdocio de Cristo; nosotros, por nuestra parte, somos llamados a vivir ese sacerdocio en nuestra vida cotidiana, en nuestra oración, en nuestra solidaridad, en nuestra misión.

Que, con la gracia de Dios, se haga real en cada uno de nosotros la verdad de que somos “reino de sacerdotes” (1 Pedro 2,9) y que, por medio de la fe en Cristo, podamos acercarnos al Padre con confianza, ofrecer nuestras vidas como sacrificio vivo y participar de la gloria de su reino, hasta que Él vuelva.

Oración final:
Señor Jesús, Sumos Sacerdote, te damos gracias por tu sacrificio que nos reconcilia contigo y con el Padre. Ayúdanos a vivir plenamente nuestro sacerdocio en Cristo: a adorarte con sinceridad, a servir a los demás con humildad, y a proclamar tu nombre con valentía. Que tu Espíritu nos fortalezca para que cada día seamos luz y sal en medio del mundo.

Amén, Señor Jesús.

VIII Martes del Tiempo Ordinario o San Felipe Neri, presbíteroSacerdote: Daniel Valdez GarcíaHermanos y hermanas en Jesu...
26/05/2026

VIII Martes del Tiempo Ordinario o San Felipe Neri, presbítero
Sacerdote: Daniel Valdez García

Hermanos y hermanas en Jesucristo:

San Felipe Neri (1515–1595): nació en Florencia y se educó en Roma. Supo tomar con alegría la austeridad de las Bienaventuranzas. Era realmente consolador contemplar a este sacerdote extasiado ante la Eucaristía y entregado a los jóvenes, enfermos y encarcelados. Esta fue la clave del éxito del Oratorio del Amor Divino, que fundó.

Hoy, con fe y claridad, afirmamos que no hay teología auténtica sin la Biblia, la Palabra de Dios revelada. En otros tiempos se corrió el riesgo de teología desvinculada de Cristo; incluso se habló de «cristianos anónimos» cuando se menospreciaba el conocimiento vivo de Cristo. Jesús mismo ha dicho: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn 17, 3). Este conocimiento no es solo académico; es relación íntima y personal con Dios. Fuera de Jesucristo no hay salvación: como recuerda Hechos 4, 12, no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.

Hoy la lectura de la Primera Carta del apóstol San Pedro 1, 10-16 nos recuerda que el Espíritu Santo habló por los profetas; ellos profundizaron su mensaje sabiendo que no verían lo que profetizaron, y que lo revelado estaba reservado para nosotros. Por eso debemos vivir atentos y vigilantes, con la esperanza puesta en la gracia que se nos dará en la manifestación gloriosa de Jesucristo.

En el Evangelio según San Marcos 10, 28-31, Pedro pregunta qué recibirán por haber dejado todo. Jesús nos asegura que recibirán el ciento por uno, con persecuciones y, en el mundo venidero, la vida eterna. Y concluye con la verdad liberadora: «Y muchos los que ahora son los primeros serán los últimos, y los que ahora son los últimos serán los primeros».

A la pregunta de Pedro, Jesús responde con una promesa hermosa: quien le sigue con desprendimiento sincero hallará una recompensa abundante. Quien es capaz de vaciarse de todo para seguirlo recibirá, centuplicada, la riqueza del amor, de la gracia y de una vida sin fin. Este centuplicado es, en verdad, más cualitativo que cuantitativo. El inciso «con persecuciones», propio de San Marcos, añade un realismo que fortalece la fe: el camino del discípulo no es ajeno a las pruebas, pero son pruebas que purifican y fortalecen.

Que nuestra fe se haga vida, que nuestra esperanza en Cristo nos empuje a amar con libertad, a servir con alegría y a vivir con la plenitud de la verdad que nos salva.

Que el Señor nos bendiga, fortalezca nuestra fe y nos haga testigos alegres de su amor en cada día.

Amén, Señor Jesús.

PARROQUIA Y SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN DE LOS LAGOSSAN MATEO ATENCO, MEX.CENTRO DE SALUD PARROQUIAL 2026 Es...
24/05/2026

PARROQUIA Y SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN DE LOS LAGOS
SAN MATEO ATENCO, MEX.

CENTRO DE SALUD PARROQUIAL 2026


Este Centro de Salud Parroquial tiene como objetivo preservar o recuperar la salud de las personas usuarias y difundir programas de prevención sanitaria. A través de la sensibilización, la concienciación y la transformación se favorecen procesos que fomenten el compromiso y fortalezcan una comunidad sana e integral.l

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