Iglesia Cristiana Viviendo por fe

Iglesia Cristiana Viviendo por fe ¡Predicando la sana doctrina!

¡Bendiciones familia! 🕊️Con mucho gozo les invitamos a nuestro DOMINGO ESPECIAL🏠 DOMINGO DÍA DE RESTAURACIÓN FAMILIAR 🏠D...
30/07/2026

¡Bendiciones familia! 🕊️

Con mucho gozo les invitamos a nuestro DOMINGO ESPECIAL

🏠 DOMINGO DÍA DE RESTAURACIÓN FAMILIAR 🏠

Dios quiere sanar, unir y fortalecer tu hogar. Este domingo es una cita con toda tu casa.

❤️ "Yo y mi casa serviremos a Jehová" Josué 24:15

🗓️ DOMINGO 11 AM
📍 Iglesia Cristiana Viviendo por Fe

✨ Ven a vivir por fe, sanar y celebrar juntos la familia ✨

Tendremos:
🙌 Palabra para la familia
👧🎨 Actividades especiales para niños
🤝 Tiempo de confraternidad para todos

¡No vengas solo! Trae a tus hijos, padres, ¡Tu familia es bienvenida!

¡Los esperamos con amor! 🙏💒

💍✨  PLÁTICA DE MATRIMONIOS✨💍> _"Mejores son dos que uno solo" - Eclesiastés 4:9_¿Tu matrimonio necesita un tiempo para r...
25/07/2026

💍✨ PLÁTICA DE MATRIMONIOS✨💍

> _"Mejores son dos que uno solo" - Eclesiastés 4:9_

¿Tu matrimonio necesita un tiempo para reconectarse con Dios y entre ustedes?

Te invitamos a una Plática de Matrimonios

*Fortaleciendo nuestro amor en Cristo* ❤️

Será un tiempo para:
🤍 Fortalecer la comunicación
🤍 Renovar el pacto matrimonial
🤍 Aprender principios bíblicos para el matrimonio

Entrada Libre ¡No faltes!
¡Ven con tu esposo/a!



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JULIO 14DEVOCIONALLAS PALABRAS TAMBIÉN DEJAN HERIDAS  …"Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la len...
14/07/2026

JULIO 14
DEVOCIONAL
LAS PALABRAS TAMBIÉN DEJAN HERIDAS

"Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina." Proverbios 12:18

Durante este mes hemos aprendido que el corazón puede ser herido de muchas maneras. Algunas heridas nacen del abandono, otras del rechazo, de la traición o de la decepción. Pero también existen heridas que no fueron provocadas por una acción, sino por una simple palabra.

Una frase dicha en un momento determinado puede quedarse grabada en el corazón durante muchos años. A veces fueron palabras pronunciadas por nuestros padres, un profesor, un familiar, un amigo o alguien a quien admirábamos. Quizá nos dijeron que no valíamos, que nunca llegaríamos a ser suficientes, que no servíamos para nada o que jamás lo conseguiríamos. Aunque esas palabras fueron pronunciadas hace mucho tiempo, todavía pueden seguir resonando en nuestro interior.

La Palabra de Dios compara este tipo de palabras con golpes de espada. Una espada hiere profundamente y deja cicatrices. Así también ocurre con las palabras cuando se usan sin amor, sin sabiduría y sin pensar en el daño que pueden causar.

Lo más triste es que muchas veces terminamos creyendo esas palabras y permitimos que definan nuestra identidad. Nos ponemos etiquetas que Dios nunca nos puso y comenzamos a vivir según las heridas que dejaron las opiniones de otras personas, olvidando lo que Dios dice acerca de nosotros.

Pero la misma Escritura nos da una esperanza maravillosa: "La lengua de los sabios es medicina." Así como una palabra puede herir, una palabra también puede sanar. Dios utiliza Su Palabra para arrancar las mentiras que un día creímos y reemplazarlas por Su verdad. Él dice que somos amados, aceptados, escogidos y valiosos. Ninguna palabra de rechazo, menosprecio o desprecio tiene más autoridad que la voz de nuestro Padre celestial.

Este devocional también nos invita a mirar nuestro propio corazón. ¿Qué clase de palabras salen de nuestra boca? Sin darnos cuenta, podemos convertirnos en quienes hieren a otros con críticas, etiquetas, burlas, respuestas impulsivas o palabras dichas sin pensar. Una frase nuestra puede acompañar a una persona durante años.

Por eso necesitamos pedir al Espíritu Santo que gobierne nuestra lengua. Que nuestras palabras no sean golpes de espada, sino medicina para quienes nos rodean. Que hablen vida, ánimo, esperanza y verdad. Que edifiquen más de lo que corrigen y consuelen más de lo que señalan.

Y si hoy todavía llevas en tu corazón palabras que te marcaron, recuerda que ninguna de ellas tiene la autoridad para definir quién eres. La última palabra sobre tu vida siempre la tiene Dios. Hoy pregúntate con sinceridad: ¿Hay palabras que aún siguen hiriendo mi corazón? ¿Y hay palabras mías que han herido el corazón de alguien más?
Pidamos al Señor que sane unas y transforme las otras.

Oremos
Señor, hoy pongo delante de Ti todas las palabras que un día hirieron mi corazón. Renuncio a toda etiqueta, toda mentira y toda declaración que no provenga de Ti. Ayúdame a creer lo que Tú dices acerca de mi vida y a encontrar mi identidad en Tu amor. También guarda mi boca y llena mis labios de sabiduría. Que mis palabras nunca sean motivo de dolor para otros, sino medicina, consuelo, ánimo y esperanza. Que todo lo que diga refleje Tu amor y traiga vida a quienes me rodean. En el nombre de Jesús. Amén.

JULIO 11DEVOCIONALSANANDO LAS HERIDAS DEL RECHAZO …"Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia...
11/07/2026

JULIO 11
DEVOCIONAL
SANANDO LAS HERIDAS DEL RECHAZO

"Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia." Jeremías 31:3

Las heridas del rechazo son de las más profundas que puede experimentar el corazón. Muchas veces permanecen ocultas durante años, pero siguen influyendo en nuestra manera de pensar, de relacionarnos con los demás e incluso de vernos a nosotros mismos. El rechazo puede marcar un antes y un después en nuestra vida si no permitimos que Dios sane esa herida.

Creo que, en mayor o menor medida, todos hemos experimentado el rechazo. Quizá ocurrió en la infancia, cuando una palabra de nuestros padres, de un profesor o de una persona importante quedó grabada en nuestro interior. Tal vez fue en una amistad, en una relación, en el trabajo o en cualquier situación donde no nos sentimos aceptados, valorados o tenidos en cuenta.

A veces una sola frase puede quedarse resonando durante años en nuestro corazón. Lo que para quien la dijo pudo haber sido un comentario sin importancia, para nosotros se convirtió en una herida profunda.

Una de las estrategias más sutiles del enemigo es alimentar esa herida con mentiras. Comienza a susurrarnos que nadie nos quiere, que no somos suficientes, que no tenemos valor o que necesitamos hacer más para ganarnos el amor y la aceptación de los demás. Si no identificamos esas mentiras, terminan echando raíces en nuestro corazón y afectan nuestra identidad.

Pero Dios responde con una verdad mucho más poderosa: "Con amor eterno te he amado."
¡Qué seguridad tan maravillosa! Dios no empezó a amarnos cuando hicimos las cosas bien, ni dejará de amarnos cuando fallemos. Su amor no depende de nuestro rendimiento, de nuestros logros ni de la opinión de las personas. Él nos amó desde la eternidad y Su amor permanece para siempre.

Cuando comprendemos esta verdad, el rechazo comienza a perder fuerza. Dejamos de buscar desesperadamente la aprobación de los demás porque entendemos que nuestro verdadero valor ya fue establecido por Dios. Somos amados, aceptados y valiosos porque Él así lo decidió.

Esto no significa que las palabras o las actitudes de otros no nos duelan, pero sí significa que ya no permitimos que definan nuestra identidad. Cuando nuestro corazón está revestido del amor de Cristo, las heridas encuentran un lugar donde sanar y las palabras de rechazo dejan de gobernar nuestra vida.

Quizá haya momentos en los que no nos tengan en cuenta, no nos inviten, no reconozcan nuestro esfuerzo o no recibamos el aprecio que esperábamos. Sin embargo, nuestra paz ya no depende de la aceptación de las personas, sino de la certeza de que somos profundamente amados por Dios.

Hoy preguntémonos con sinceridad: ¿Estoy buscando mi valor en la aprobación de los demás o en el amor eterno que Dios tiene por mí? Cuando vivimos desde la seguridad del amor de Cristo, somos verdaderamente libres. Libres del rechazo, libres de la comparación y libres de la necesidad constante de demostrar quiénes somos.

Padre, hoy pongo delante de Ti toda herida de rechazo que aún permanece en mi corazón. Sana las palabras que me marcaron, los momentos en los que no me sentí aceptado y las mentiras que he llegado a creer sobre mi vida. Ayúdame a verme como Tú me ves y a descansar en la verdad de que me has amado con amor eterno. Que mi identidad no dependa de la opinión de las personas, sino de Tu amor incondicional. Gracias porque en Ti soy aceptado, amado y valioso. En el nombre de Jesús. Amén.

JULIO 09DEVOCIONALSANANDO LAS HERIDAS DE ABANDONO …"¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de amar al hijo ...
09/07/2026

JULIO 09
DEVOCIONAL
SANANDO LAS HERIDAS DE ABANDONO

"¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aunque ella lo olvidara, ¡yo nunca me olvidaré de ti! Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes." Isaías 49:15-16

Para sanar el corazón, primero es necesario reconocer la herida. Algunos llevamos cicatrices de heridas que ya fueron sanadas, y hoy las contemplamos con gratitud porque una cicatriz es la evidencia de que algo dolió, pero también de que Dios restauró aquello que un día estuvo roto. Por eso es tan importante identificar las heridas que aún permanecen en nuestro interior. Una de las más profundas y dolorosas es la herida de abandono.

Las heridas de abandono a veces son las más ocultas y escondidas. Muchas veces esta herida no nace por decisiones nuestras, sino por circunstancias que estuvieron fuera de nuestro control. Puede haber comenzado en una infancia difícil, por la ausencia de un padre o una madre, por el rechazo, por la falta de afecto o incluso porque, aunque nuestros seres queridos estuvieron presentes físicamente, nunca lograron llenar el vacío que había en nuestro corazón.

Para comprender el abandono, también necesitamos entender su opuesto. Lo contrario de haber sido abandonado es haber sido acogido, amado, aceptado, acompañado, abrazado, cuidado, protegido y sostenido. Cuando estas necesidades no son cubiertas, el corazón puede sentirse olvidado, rechazado y solo.

Lo más difícil de esta herida es comprender que muchas veces no dependió de nosotros. No estaba en nuestras manos cambiar las decisiones de quienes nos abandonaron. Podemos expresar nuestro dolor, hablar con sinceridad y desear que las cosas hubieran sido diferentes, pero no podemos cambiar el pasado ni las decisiones de otras personas.

Sin embargo, tampoco estamos llamados a vivir toda la vida con esa herida clavada en el corazón. En algunos casos, la herida llega a ser tan profunda que no solo sentimos que las personas nos abandonaron, sino que también comenzamos a creer que Dios nos ha olvidado. Esa es una de las mentiras más dolorosas que el enemigo puede sembrar en nuestro corazón. Pero Dios nunca miente. Él mismo afirma en Su Palabra: "Aunque ella lo olvidara, yo nunca me olvidaré de ti." Su presencia permanece aun cuando nuestros sentimientos nos hagan pensar lo contrario. Él jamás nos olvidará. Y nos da la razón: "Grabada te llevo en las palmas de mis manos."

Qué hermosa imagen. Dios no solo nos recuerda; nos lleva grabados en Sus manos. Somos valiosos para Él. Nuestra vida está siempre delante de Sus ojos y jamás deja de pensar en nosotros. Cuando Jesús resucitó, mostró a Sus discípulos las cicatrices de Sus manos. Aquellas marcas ya no hablaban de derrota, sino de victoria, porque cada cicatriz le recordaba al mundo el sacrificio de amor que había hecho por cada uno de nosotros y el eterno e inmenso amor con el que entregó Su vida por ti y por mí. Esas manos marcadas son la mayor prueba de que nunca hemos sido abandonados por Dios.

Si queremos sanar la herida del abandono, debemos descansar en esta verdad: Dios jamás se olvidará de nosotros. Aunque las personas fallen, aunque quienes más amamos nos decepcionen o se alejen, el Señor permanece fiel. Él nos recibe, nos abraza, nos sostiene y nos llama hijos, somos aceptos, somos amados, somos escogidos y nunca olvidados.

Hoy es tiempo de dejar atrás el sentimiento de soledad, de rechazo y de abandono. Es tiempo de descansar en la seguridad de que pertenecemos al Padre. Estamos grabados en Sus manos y nada podrá borrar el amor que Él tiene por nosotros. Si hoy tu corazón se siente abandonado, recuerda esta promesa: vives esculpido en las manos de Dios, eres parte de Él y Él nunca se olvidará de ti.

Para sanar la herida del abandono, hay que abandonarse en las manos de Aquel que dio su vida por nosotros.

Padre, hoy pongo delante de Ti toda herida de abandono que aún permanezca en mi corazón. Ayúdame a creer que nunca me has dejado y que siempre has estado conmigo. Llena todo vacío con Tu amor, hazme descansar en Tus promesas y permite que viva con la seguridad de que estoy grabado en las palmas de Tus manos. En el nombre de Jesús te oramos. Amén.

JULIO 08DEVOCIONALEL PERDÓN TAMBIÉN SANA EL CORAZÓN…"Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que h...
08/07/2026

JULIO 08
DEVOCIONAL
EL PERDÓN TAMBIÉN SANA EL CORAZÓN

"Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones." 2 Corintios 2:10-11

A lo largo de estos días hemos aprendido que una herida que no sana puede dar lugar a la amargura, a la desconfianza y al endurecimiento del corazón. Pero llega un momento en el proceso de restauración en el que Dios nos invita a dar un paso más: perdonar.

Perdonar no significa justificar el daño que nos hicieron, minimizar el dolor o decir que lo ocurrido estuvo bien. Perdonar significa entregar al Señor el derecho de hacer justicia y renunciar al deseo de venganza. Es confiar en que Dios es el Juez justo y que Él obrará mejor de lo que nosotros podríamos hacerlo.

La palabra perdonar proviene del latín perdonare, que significa regalar completamente. El perdón es un regalo que no se compra ni se merece; simplemente se entrega. En el griego del Nuevo Testamento, la palabra aphiemi significa dejar ir, soltar o abandonar. Qué hermosa definición del perdón: dejar ir aquello que nos ha mantenido atados durante tanto tiempo.

Cuando no perdonamos, la herida permanece abierta. Poco a poco comienzan a aparecer el resentimiento, la ira, el deseo de venganza, el rencor y la amargura. Sin darnos cuenta, terminamos siendo prisioneros de aquello que nos hicieron. La falta de perdón no castiga a la otra persona; muchas veces es nuestro propio corazón el que continúa sufriendo.

Por eso el apóstol Pablo nos recuerda que debemos perdonar "para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros". El enemigo sabe que un corazón herido y sin perdón es un terreno donde puede sembrar división, tristeza, desconfianza y amargura. Pero cuando decidimos perdonar, rompemos esas cadenas y cerramos la puerta a sus maquinaciones.

Todos necesitamos perdonar y también ser perdonados. Ninguno de nosotros está exento de haber herido a alguien o de haber sido herido. Jesús mismo nos enseñó a vivir en el perdón porque sabía que solo un corazón libre puede experimentar una verdadera restauración. El perdón no siempre es un sentimiento inmediato; muchas veces es una decisión de obediencia. Es decirle al Señor: "No quiero seguir cargando este dolor. Hoy lo pongo en Tus manos y confío en que Tú harás justicia."

Cuando perdonamos, algo comienza a sanar dentro de nosotros. Recuperamos la paz, el gozo y la libertad. El perdón no cambia el pasado, pero sí transforma el corazón con el que recordamos ese pasado. Hoy preguntémonos con sinceridad: ¿Hay alguien a quien todavía necesito perdonar? ¿Hay alguna herida que sigo sosteniendo porque no he querido soltarla? Este puede ser el día en que Dios comience una profunda obra de restauración en nuestro corazón.

Oremos
Padre, hoy quiero poner delante de Ti cada herida que aún me duele. Tú conoces el daño que he recibido y sabes cuánto me ha costado seguir adelante. Hoy decido perdonar, porque quiero vivir en la libertad que Tú me das. Renuncio al resentimiento, a la venganza y a toda raíz de amargura. Sana mi corazón, restaura mi interior y ayúdame a caminar cada día con un corazón libre para amar, confiar y esperar nuevamente. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

JULIO  07DEVOCIONALVUELVE AL LUGAR DONDE NACIÓ LA HERIDA…"El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; ...
07/07/2026

JULIO 07
DEVOCIONAL
VUELVE AL LUGAR DONDE NACIÓ LA HERIDA

"El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca." Lucas 6:45

Hay momentos en la vida que marcan un antes y un después, momentos o situaciones que pueden dejar una herida que cambie silenciosamente nuestra manera de ver la vida. Dios no nos invita a regresar al pasado para quedarnos atrapados en él, sino para sanar aquello que quedó quebrantado. Solo cuando permitimos que Él restaure el origen de nuestro dolor, podemos mirar el presente y caminar hacia el futuro con libertad, con un corazón sano y sin los filtros que dejan las heridas.

Cuando nos pasa algo así ya no vemos las situaciones de la misma forma. Comenzamos a interpretar todo a través del dolor. Vemos amenazas donde quizá no las hay. Desconfiamos con facilidad. Esperamos siempre lo peor. Dudamos de las intenciones de quienes nos rodean y levantamos barreras para protegernos. No porque esa sea nuestra verdadera naturaleza, sino porque una herida cambió la forma en que miramos el mundo.

Jesús dijo que del tesoro del corazón sale todo lo que hay dentro de nosotros. Esto significa que nuestra manera de hablar, de amar, de confiar, de servir y de relacionarnos con los demás nace del estado de nuestro corazón. Si el corazón está herido… ...hablaremos desde la herida, amaremos desde la herida, confiaremos desde la herida, serviremos desde la herida y muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello.

Por eso es tan importante permitir que el Espíritu Santo nos lleve hasta el origen del dolor. No para volver a sufrir, sino para sanar. Hay heridas que no pueden ser restauradas si nunca las reconocemos. A veces pensamos que olvidar es suficiente, pero Dios no quiere que simplemente escondamos el pasado; Él quiere restaurarlo para que deje de gobernar nuestro presente.

Sanar el corazón muchas veces implica volver, con la ayuda de Dios, a ese momento en el que algo cambió dentro de nosotros. Quizá fue una palabra que nos hizo sentir sin valor, una traición que destruyó nuestra confianza, una pérdida que apagó nuestra esperanza o una experiencia que sembró temor en nuestro interior.

No regresamos allí para quedarnos atrapados en el pasado. Regresamos para invitar a Cristo a entrar en ese recuerdo y permitir que Su amor sane aquello que nunca había sido restaurado. Solo así podremos mirar hacia adelante con un corazón libre.

Dios no quiere que una herida determine nuestra manera de vivir. Él quiere que sea Su amor el que transforme nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar. Cuando el Señor sana el corazón, también sana nuestra manera de ver la vida. Dejamos de vivir desde el miedo para vivir desde la fe; dejamos de reaccionar desde el dolor para responder con el amor de Cristo.

Hoy preguntémonos con sinceridad: ¿Hubo algún momento en mi vida que cambió mi forma de ver a las personas, de verme a mí mismo o incluso de ver a Dios? Si la respuesta es sí, no tengamos miedo de llevar ese recuerdo delante del Señor. Él no nos hará revivir el dolor para condenarnos, sino para restaurarnos y devolvernos la libertad. No permitamos que una herida siga escribiendo nuestra historia. Dejemos que sea Cristo quien tenga la última palabra sobre nuestro corazón.

Oremos
Padre, hoy quiero abrir completamente mi corazón delante de Ti. Si existe alguna herida que cambió mi manera de ver la vida, muéstramela con tu amor. Llévame hasta ese lugar donde comenzó el dolor, no para volver a sufrir, sino para que Tu presencia sane aquello que quedó quebrantado. No quiero seguir hablando, amando, confiando ni viviendo desde mis heridas. Quiero vivir desde un corazón restaurado por Ti. Cambia mi manera de mirar la vida, fortalece mi fe y ayúdame a caminar hacia el futuro con la libertad que solo Tú puedes dar. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén.

Cuando el Mundial Reemplaza al Culto: La Transformación del Santuario en Sala de EntretenimientoEn los últimos años se h...
05/07/2026

Cuando el Mundial Reemplaza al Culto: La Transformación del Santuario en Sala de Entretenimiento

En los últimos años se ha vuelto frecuente que algunas congregaciones adapten sus reuniones o instalaciones para proyectar partidos de fútbol durante eventos de gran alcance, como el Mundial. Aunque el deporte en sí mismo no es pecado, surge una pregunta más importante: ¿es apropiado convertir el espacio destinado a la adoración y a la enseñanza bíblica en un lugar de entretenimiento?

La Escritura define con claridad el propósito de la iglesia reunida. Los creyentes perseveraban “en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42). Además, todo en la congregación debe hacerse “decentemente y con orden” y para edificación (1 Corintios 14:26, 40). La reunión de la iglesia no existe para competir con el mundo, sino para exaltar a Cristo y fortalecer la fe del pueblo de Dios.

Jesús enseñó que el Padre busca adoradores que le adoren “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). Por eso, cuando el centro de atención se desplaza de la Palabra hacia un espectáculo deportivo, se corre el riesgo de diluir la naturaleza misma del culto. La adoración no debe subordinarse a la emoción del momento ni a la lógica del entretenimiento.

Algunos justifican estas prácticas como una forma de fomentar la unidad o atraer personas. Sin embargo, la verdadera unidad de la iglesia nace del evangelio, no de intereses compartidos temporales. Pablo exhortó a que la palabra de Cristo habite en abundancia entre los creyentes, enseñándose y exhortándose unos a otros con sabiduría (Colosenses 3:16). La edificación espiritual no se produce por sustituir la enseñanza bíblica, sino por profundizar en ella.

También es necesario considerar el testimonio que se transmite a las nuevas generaciones. Si la congregación aprende que el culto puede ser desplazado por cualquier evento popular, se debilita la comprensión de la santidad del lugar y del tiempo dedicados a Dios. La iglesia es “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15), y su misión no es ofrecer experiencias similares a las del mundo, sino proclamar fielmente la verdad del evangelio.

Esto no significa condenar el deporte ni prohibir que los creyentes disfruten de un partido en su contexto adecuado. Significa reconocer que la adoración, la enseñanza y la comunión espiritual ocupan un lugar superior. “Buscad primeramente el reino de Dios” (Mateo 6:33) sigue siendo el principio rector para toda decisión eclesial.

En conclusión, el problema no es el fútbol, sino la inversión de prioridades. Cuando el entretenimiento ocupa el espacio reservado para Cristo, la iglesia pierde claridad en su misión. La congregación debe permanecer centrada en la adoración reverente, la enseñanza fiel y la edificación mutua, porque solo así cumple el propósito para el cual fue llamada qué es presentar el evangelio de salvación y no alimentar la carne de los congregantes ya que el recinto es un lugar de adoración alabanza y exhortación para edificación del alma fortaleza del espíritu, podemos concluir con mucha claridad que los pastores que hacen estas cosas no están obedeciendo a la voluntad de Dios y los congregantes no han sido regenerados por el Espíritu Santo; ya que el Espíritu Santo es orden y no caos y el que vive bajo la guía del Espíritu Santo no realizaría estas locuras.

JULIO 02DEVOCIONALDIOS CONOCE LAS HERIDAS QUE NADIE VE…"Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi se...
02/07/2026

JULIO 02
DEVOCIONAL
DIOS CONOCE LAS HERIDAS QUE NADIE VE

"Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos." Salmo 139:1-3

Todos hemos vivido alguna vez la experiencia de romper un vaso o algún objeto de cristal. La reacción inmediata es recoger cada pedazo con mucho cuidado, porque sabemos que cualquier fragmento puede cortarnos y provocar una herida profunda.

Curiosamente, muchas veces nuestra vida funciona de la misma manera. Cuando un corazón está roto por el dolor, el rechazo, la traición o las decepciones, esas heridas terminan lastimando también a quienes nos rodean. Sin darnos cuenta, un corazón herido hiere a otros, mientras continúa cargando una herida abierta que le impide disfrutar de la vida plena que Dios desea darle.

Dios nos ha llamado a vivir en libertad, y una de las mayores expresiones de esa libertad es permitir que Él sane las heridas que nadie puede ver. El salmista declara que Dios nos ha examinado y nos conoce por completo. Él conoce nuestro sentarnos y nuestro levantarnos; entiende nuestros pensamientos antes de que los expresemos y conoce cada camino que hemos recorrido. Pero también conoce las heridas escondidas en nuestro interior, aquellas que nos han acompañado durante años y que quizá nunca hemos contado a nadie.

Muchas veces respondemos con un rápido "estoy bien" cuando alguien nos pregunta cómo estamos. Sonreímos, seguimos adelante y aprendemos a esconder el dolor detrás de una apariencia de fortaleza. Sin embargo, delante de Dios no existen las máscaras. Ante Él no podemos ocultar lo que sentimos. Él ve nuestro corazón tal como es: sin disfraces, sin excusas y sin aparentar.

Dios conoce cada paso que hemos dado, cada experiencia que hemos vivido, cada palabra que nos hirió, cada pérdida, cada rechazo y cada momento en que nuestro corazón fue quebrantado. Nada de eso le es desconocido. Precisamente por eso, solo Él puede sanar aquello que nadie más alcanza a ver.

El primer paso para la restauración es reconocer que algo dentro de nosotros necesita ser sanado. Podemos fingir delante de las personas, pero nunca delante del Señor. Él ya conoce nuestro dolor, pero espera que nos acerquemos con un corazón sincero y le entreguemos aquello que todavía pesa sobre nuestra alma.

Lo más hermoso es que Dios no se lastima al recoger nuestros pedazos rotos. Él no teme acercarse a un corazón quebrantado. Al contrario, toma cada fragmento con amor, restaura lo que parecía perdido y hace una obra nueva en nuestra vida. Él sigue siendo el perfecto Restaurador de corazones.

Hoy vale la pena detenernos y examinarnos con sinceridad. ¿Hay alguna herida que todavía duele? ¿Existe algún recuerdo que aún produce tristeza? ¿Hay algo que nunca has contado y que sigue afectando tu manera de vivir, de amar o de confiar? Este es el tiempo de volver al Señor con un corazón abierto. Él ya conoce cada herida, pero espera que, como hijos, la pongamos voluntariamente en sus manos para comenzar la obra de restauración que solo Él puede hacer.

Oremos
Padre, Tú conoces mi corazón mejor que nadie. No quiero seguir escondiendo mis heridas ni aprendiendo a vivir con ellas. Hoy pongo delante de Ti cada dolor, cada decepción y cada recuerdo que aún me lastima. Toma mis pedazos rotos y restaura mi vida con tu amor. Dame la valentía para reconocer lo que necesita ser sanado y la confianza para descansar en tus manos. Gracias porque Tú eres el Dios que venda las heridas y restaura por completo el corazón quebrantado. En el nombre de Jesús. Amén.

DEVOCIONALES - JULIO 2026En el mes de julio será un tiempo para detenernos, reflexionar y permitir que Dios restaure lo ...
01/07/2026

DEVOCIONALES - JULIO 2026

En el mes de julio será un tiempo para detenernos, reflexionar y permitir que Dios restaure lo más profundo de nuestro ser: el corazón. El tema es: SANANDO EL CORAZÓN, Restaurados para volver a amar, confiar y esperar

Durante el mes anterior meditamos en los procesos que Dios permite en nuestra vida. Comprendimos que cada proceso tiene un propósito y que el Señor obra aun cuando no entendemos el camino. Sin embargo, después de atravesar pruebas, pérdidas, decepciones o momentos difíciles, muchas veces nuestro corazón queda herido, cansado, quebrantado o incluso lleno de temor.

Pero Dios quiere a través de Su amor y la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, sanar nuestro corazón, como dice Lucas 4:18 "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón".

Durante estos 31 devocionales en este mes, estaremos aprendiendo cómo Dios sana las heridas del corazón, restaura nuestras emociones y nos capacita para volver a amar, confiar y esperar. Porque un corazón sano puede seguir caminando en fe, mientras que un corazón herido puede impedirnos disfrutar plenamente de la vida que Dios desea para nosotros.

El Señor no solo quiere sacarnos del proceso; también quiere sanar todo aquello que el proceso dejó dentro de nosotros. Reflexionemos en estas preguntas:
¿Está el Espíritu del Señor sobre nosotros? ¿Somos un instrumento de amor y consuelo para quien está triste y oprimido? ¿Hablamos palabras de libertad y esperanza a los corazones quebrantados?

Si el Espíritu de Dios está sobre mí, tengo un llamado, una misión y una palabra que debe cumplirse. Vivimos rodeados de personas oprimidas, cautivas, heridas, tristes y sin esperanza. No podemos permanecer indiferentes ni decirles: "Ve a llorar con otro". Dios nos ha llamado a reflejar su amor y su compasión.

Pero para consolar a otros, primero debemos permitir que Dios sane nuestro propio corazón. No podemos dar aquello que no hemos recibido ni acompañar verdaderamente a otros si aún vivimos atados a heridas que nunca fueron llevadas delante del Señor. Muchas veces seguimos caminando, sirviendo e incluso sonriendo por fuera, mientras por dentro cargamos con el peso del dolor, la frustración, la decepción, el rechazo o la pérdida.

Dios no quiere que simplemente aprendamos a convivir con nuestras heridas; Él desea restaurarnos por completo. Solo un corazón que ha sido sanado por el amor de Cristo puede volver a amar sin temor, confiar sin desconfianza, perdonar sin amargura y esperar con fe. Cuando permitimos que el Señor haga esa obra en nosotros, nos convertimos en instrumentos de su gracia para llevar consuelo, esperanza y restauración a quienes atraviesan sus propios procesos.

Pidámosle al Señor que restaure cada herida, que quite toda raíz de amargura, todo temor, toda desconfianza y todo dolor que aún permanezca en nosotros. Que todo aquel que se acerque a nuestra vida encuentre consuelo, paz y la esperanza que solo Cristo puede dar.

Durante todo este mes de julio en, ada día descubriremos, a la luz de la Palabra de Dios, cómo el Señor restaura nuestro corazón y nos prepara para vivir en libertad, con fe y con esperanza.

¡Comencemos juntos este hermoso camino de sanidad y restauración!

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